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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Del pulpo Paul a la embrocación 'Hércules'
La chorrada por antonomasia del verano...
30/07/2010
CON VENTANAS A LA CALLE
... han sido las pretendidas predicciones del pulpo alemán Paul, que el Campeonato Mundial de Fútbol puso de moda. A estas alturas de la temporada, el cefalópodo moribundo se habrá ido de vacaciones a su tierra natal,  a pescar a caña o a roer madera. Aunque ya se sabe, pescador de caña, pescador de nada.

Pero para pulpo, para cefalópodo como Dios manda, tan famoso o más que alemán de marras, me tengo que referir al que ilustraba los frascos de la embrocación ‘Hércules’, de Don Gonzalo Fernández de Mata". Un bañezano eminente que hace casi un siglo revolucionó la farmacopea española con sus inventos medicinales, entre los que hay que destacar este linimento, de característico olor y de milagrosos resultados.

Aquel prodigioso lenitivo de dolores y contusiones fue también compañero de maleta en mis años jóvenes y del que echaba mano a poco que el poco o mucho deporte que practicaba me pusiera las agujetas en los palos del sombrajo o refregaba mis sinsabores en musculaturas y tendones dañados por los encontronazos de mala leche o las caídas tontas de cualquier deportista.

Allí estaba la potente figura de un Hércules, machacando con un enorme mazo, en forma del frasco de la embrocación, la cabeza del cefalópodo. El enorme pulpo, cuyos brazos recordaban las dolencias que éste producto bañezano curaba. Tales como distensiones, reuma, dolores, contusiones, lumbago..., sobre un cartel, en la parte superior, que puntualizaba: “`Agítese antes de usarlo”.

Aquella figura del Hércules de la embrocación que yo siempre asocié a la figura estilizada de Don Gonzalo, su creador, sentado junto a su esposa a la puerta de la farmacia, en sendos sillones de mimbre, cuando pasábamos  a jugar en el ‘baldosao’ de la  Plaza Mayor de La Bañeza; y al olor característico de sus empleados al salir del laboratorio. Una emulsión que contenía esencias de espliego, romero, tomillo, clavo, mentol, alcanfor, aguarrás, huevos, agua de cal y no se cuantas cosas más, relatadas en su prospecto.

Hoy traigo esta añoranza que el pulpo Paul me hizo recordar a la figura de Don Gonzalo Fernández de Mata, como homenaje a un gran hombre que ha quedado prendido entre las rendijas del olvido en La Bañeza, como otros muchos. Que precisamente, por no querer sacar de su pueblo aquellos numerosos inventos farmacéuticos, de gran renombre en tiempos pasados, hoy descansan en las estanterías de la desaparición.

Al él se deben, a parte de la embrocación ‘Hércules’, productos como el ‘Revulsivo Rojo’, la única panacea entonces para las heridas y torceduras de los caballos, que presidía las competiciones hípicas de España y del extranjero; el ‘Veloz’, un curalotodo como cicatrizante veterinario insustituible en la primera mitad del pasado siglo; El ‘Digestrol’, para las digestiones de las buenas/malas comidas, éste ya de consumo humano; o la loción para las eccemas de la barbería, entre otros muchos preparados.

Bueno, pues después de 50 años de su muerte, a nadie en La Bañeza se le ha ocurrido preparar un homenaje como Dios manda, para honrar su pequeña  figura física, pero grande en inteligencia y profesionalidad, que además dio a conocer con sus preparados el nombre de La Bañeza por todo el mundo: España, Cuba, Suiza, Uruguay, Tánger o Marruecos; y hasta aquellos rusos de entonces (comunistas por los cuatro costados), se acopiaban de la famosa embrocación y su pulpo, cada vez que recalaban en las Canarias con su potente flota, cargando los barcos de enormes ‘damajuanas’, llenas del potente lenitivo antidolores en contraposición a las especias opiáceas que traían de China o de Ceilán.

Hace una decena de años, con la colaboración de sus nietos, que se encargan ahora de regentar dos farmacias en La Bañeza, escribí un reportaje de la embrocación ‘Hércules’ y su enorme pulpo machacado. También aquella vez pedí un recuerdo y homenaje para su creador, Don Gonzalo Fernández de Mata. Sin embargo, nadie respondió a la iniciativa, ninguna institución ni política ni profesional. Y es que las viejas estancias de aquel laboratorio bañezano ya no huelen a embrocación y los mayores de mi pueblo tenemos tantos achaques que, a lo peor, ni el potente lenitivo nos iba a poner de nuevo en circulación.

Eso sí, las chorradas del pulpo Paul alemán siguen teniendo vigencia, a pesar de que hace ya un mes concluyó el mundial de fútbol. Y su corta vida se apaga entre las ondas de su acuario. Porque estos cefalópodos como mejor mueren es en una cacerola con agua hirviendo, tras los tres ‘sustos’ de rigor, y arreglados después con aceite de oliva, sal gorda y pimentón espolvoreado. O simplemente de un sartenazo de ‘Hércules’, anunciado la desaparecida embrocación bañezana de Don Gonzalo. Que se sepa, oiga.

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