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OPINIÓN POR JUAN GARCÍA CAMPAL
Del impúdico Aznar
Me encanta la controversia, se sabe. Unas veces, procuro provocarla, otras, respondo con suma facilidad a las que considero provocadoras sinrazones...
13/03/2008
DEL CUADERNO CASI DIARIO
...Hoy no, hoy no escribo con tal ánimo. Hoy ni tan siquiera quisiera que ningún conciudadano, de izquierdas, de derechas, militante, simpatizante o apartidista, de los llamados apolíticos incluso, se sintiera atañido por mis palabras ni para bien, ni para mal; ni como crítica, ni como apoyo a sus posiciones. Hoy sólo quiero dejar constancia de mi personal condena de las últimas declaraciones de José María Aznar, nunca mejor apelado de el empecinado.

Como simple lector, causa sonrojo ver la capacidad de abstracción que mantiene este personaje, la incapacidad de comparar realidades –la realidad para él no existe, como no existió la verdad, la confunde con su voluntad, con su deseo-. Ni tan siquiera cree insultar nuestra inteligencia, no nos la supone, tal es su soberbia. Se olvida este endiosado varón que sólo es un hombrecito, un pobre hombrecito. Que errar es humano, lo sabe hasta el más burro, aunque sólo sea por experiencia. Pero para que un hombre de su hipotética talla siga manteniendo esas opiniones –incluso después de haber confesado que no sabía lo que decía saber y requería patética y cínicamente nuestra confianza para creerle (la existencia de armas de destrucción masiva)- hace falta algo más, hace falta renovada voluntad de continuar negando la realidad, la verdad; es preciso tener una firme voluntad de seguir mintiendo. No es un problema de interpretaciones ideológicas de la realidad, no, es un problema de obstinación en la mentira, en la negación de lo que todos vemos y oímos, y muchos huelen, tocan y hasta saborean, y otros muchos ya no harán porque se han dejado la vida en ella o, lo que es peor, se la han quitado (dos enlaces de interés: Irak Body Count y Mundo árabe).

Como españolito que vienes al mundo te guarde dios, siento vergüenza. E insisto, no es un problema de desacuerdos políticos, ideológicos, nada más lejos de mi intención. Si así fuera estaría pidiendo una condena por parte del Partido Popular, de sus seguidores, de aquellos que tanto le vitorearon bien poco hace en esta ciudad, y a los que supongo, porque así quiero, porque así lo necesito creer, tan sonrojados y avergonzados como yo. Es una cuestión de razón (ver Diccionario de la RAE), sólo eso.

Me deja tan abatido este cínico empecinamiento del Aznar que sólo me cabe, negándome el justo lujo de la ira, decir: ¡callese ya, Aznar! Si usted no tiene capacidad de sonrojo ni vergüenza, sepa que a este compatriota, y a muchos más sin duda alguna, nos sonroja y avergüenza usted con sus empecinados cinismo y desvergüenza. ¡Cállese por su dios! Tenga al menos un mínimo de recato.

Juan García Campal
http://juancampal.blogspot.com

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