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Y llevo días, ya lo dejé entrever algo en mi anterior cavilación, recordando mucho su amor por la definición, su contrarío por la ambigüedad. Lo hago al contemplar los avatares que sufre el Partido Popular y alguna que otra vicisitud que está atravesando el PSOE. El motivo principal de este estado compartido –que no comparable- por ambos grandes partidos me da a mí que viene porque, como en un voluntarioso e inconfesado sin querer, ambos han iniciado su viaje al centro. Dificultoso viaje.
El Partido Popular una vez ha constatado que el mantenimiento en la pasada legislatura de sus posturas rayanas en la extrema derecha y la continua movilización contra todo lo que no era acorde con su ideario e intereses -(tan sólo les faltó propugnar la modificación la ley de la gravedad a raíz de la accidental caída del helicóptero en que viajaban juntos Rajoy y Esperanza Aguirre, ¡qué tiempos aquellos!)-, si bien le ha dado votos, su techo catastrofista, no le reportó los necesarios para alcanzar el poder, y ve ahora -iniciado el viaje al centro por el único candidato, de momento, a la presidencia del partido- como crujen algunos viejos y anquilosados engranajes, y cómo lo que parecía adhesión inquebrantable tan habitual en la derecha, siempre tan firme en estos ademanes, se ha convertido en comunidades autónomas y provincias en una posición de prevengan a ver qué pasa, no sea cosa que su proclamado “estamos contigo Mariano” se torne en un quedarse al descubierto que les deje con los futuros al aire (si pongo “bragas” podría entenderse mal, referido a alguna princesa en particular, y algún que otro abanderado pensar erróneamente que pasa desapercibido su sí, pero no, bueno, ya veremos).
No lo tiene fácil Rajoy, y no lo tiene fácil el Partido Popular. Quizás debiera pensar el Partido Popular sinceramente en una nueva refundación congresual, sobre todo si se admite que entre el famoso IX Congreso Nacional (enero de 1989), llamado de la Refundación, y el presente hubo otra encubierta, la que supuso el cambio de actitud y deriva ideológica general del PP capitaneada por el sin par Aznar a raíz de su mayoría absoluta de 2000. No obstante, ellos sabrán.
Ya ven cómo si bien dice la canción que no se puede comprender / como se pueden querer / dos mujeres a la vez / y no estar loco, servidor que sí entiende a los corazones locos de cualquier género, no comprende cómo se puede ocupar políticamente, y a la vez, la derecha, o la izquierda, y el centro y no estar loco, a no ser, claro, que se utilice centro como sinónimo de moderación, pero eso es otra cosa. Ocupar el centro geométricamente es posible, pero en política, en políticas, al centro sólo se acude a recoger la indefinición, la indecisión y eso, se quiera o no, sólo va en detrimento de las políticas e intereses que representan los partidos, sean de izquierdas o de derechas. Se dice que las ideologías, las teorías, han muerto; yo no me lo creo. Los muertos, muertos están y bien quietos, y las prácticas –la praxis, con perdón- las consecuencias de sus acciones están a la vista de todos y en nuestros gozos y en nuestros sufrires.
El PSOE está como en un sin vivir, como en un poder pero no querer, ¿o será al contrario? Entre que la innombrable –la que llamo avatares cuando hablo del PP, por no exagerar y así seguir a Solbes- está ya no por acelerarse sino alocada del todo y el poco decoroso salto de Taguas desde la Oficina Económica de La Moncloa a la benemérita y desinteresada asociación de constructores SEOPAN –con amigos así casi sobran los adversarios, en fino- y el incomprensible y cacareado inicio del viaje a la laicidad del Estado, viaje que tal parece que se quiere hacer contando con todas las bendiciones de las principales religiones monoteístas vía equiparación de éstas con la iglesia católica, por cierto confesión no inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia. Vamos, que, como en un café para todos, se quiere reformar la Ley de libertad religiosa, pero sin tocar, sin revisar, los acuerdos con la Santa Sede de 1979. El PSOE está, en fin, o así yo lo veo, intentando también ocupar el centro. No de otra cosa parecen venir en realidad los pisotones que se propina con el PP.
Aunque en realidad, casi seguro que todo es que yo estoy, como diría Woody Allen, desenfocado, vamos que disiento hasta de mi mismo. Y por lo tanto, ceso en mis cavilaciones, prefiero esclavizarme a mis golpes de corazón y detectar antes los sapos intragables.
Juan García Campal
http://juancampal.blogspot.com
