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Por aquello de la buena costumbre de beber de las fuentes, he estado parte de la tarde de este lunes leyendo otras versiones de la noticia en manantiales más presuntamente fiables. Y así, para ello he dejado a un lado los periódicos que suelo leer, incluso el audio recogido en la página web de la cadena SER, y fui a buscar la verdad revelada en medios poco o nada sospechosos de poder manipular las palabras de Ratzinger. Salté incluso el ABC y La Razón, y me sometí temerario –sin poder encomendarme a nadie– a La Gaceta –¡qué valor!–.
Allí encontré la que dice ser respuesta literal que los periodistas –yo hubiese puesto “algunos”, ¿porque, entonces, qué son ellos?, ¿simples agitadores?– sacaron de contexto.
Obviamente, no entra el jefe de la iglesia católica directamente al caso del laicismo español, pero también es verdad que dice lo que dice sobre el anticlericalismo y el secularismo que al parecer reina, perdón, ha nacido en España tal que en los años treinta. Después de leer dicha respuesta literal y ver que sí se corresponde con lo leído y oído en mis medios habituales, he de concluir que: o ha sido mal informado el pastor alemán con mando en toda plaza por sus voceros de la curia española, o lo adorna cierta mala fe, o lo de ¡no al desencuentro! Sino al encuentro entre fe y laicidad se torna en el esconder la mano después de dar una parabólica bofetada a la creencia de cada cual, católicos incluidos.
No sufro escándalo, tampoco esperaba otras peras de semejante olmo.
Y lo de agitadores a los señores de La Gaceta, no lo digo por nada, sino sencillamente por como esa cacareada literalidad que, al parecer, no tenía intención polémica alguna es convertida por la beatífica mano y letra, casi milagro, de Paloma Gómez Borrero en El Papa alerta del “secularismo” de Zapatero.
Vivir para ver. Para ver como a pesar de los pesares el Estado español seguirá pagando fielmente –y en medio de su laicismo radical– 1.572 millones de euros a la sufrida Iglesia católica, manteniendo el concordato preconstitucional y el PSOE, partido en el gobierno, no solo evita la confrontación con Ratzinger sino que, en un alarde de izquierdismo y en la cresta de la ola de laicismo que nos invade, admite que no está en todo de acuerdo con él. Amén. Qué osadía, la que se han buscado.
Menos mal que el Rey, en sus naturales optimismo y esperanza, vio las palabras del Jefe del Estado Vaticano más alineadas con IU por estar llenas de esperanza en que es posible un mundo mejor.
Y les dejo, que ante tales sapos intragables, me vuelvo a la ficción.
