LAS PAREDES HABLAN
OPINIÓN POR JUAN GARCÍA CAMPAL
Del braguetazo al divorcio nacional 
Hace hoy veinticinco meses y un día, el denostado Presidente Zapatero anunciaba la convocatoria de elecciones para el 20 de noviembre. La nación, la patria, quedaba hecha unos zorros. Se abría el tiempo de cortejo al cuerpo electoral, y éste, ya cansado de aquella de realidades, se mostraba dispuesto a dejarse seducir por las promesas: ¡Basta ya de realidades, queremos promesas!..
30/08/2013
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DEL CUADERNO CASI DIARIO
... Qué crédulos nos han hecho tanto catolicismo y salvadores por la gracia de dios.

El mal estado patrio a tal día -no lo digo por contaminación- puede recordarse, friamente: 4.121.801 parados según los servicios públicos de empleo (4.833.700 según la EPA del segundo trimestre de 2011); la prima de riesgo en 354 puntos y una deuda pública -la que pagamos entre todos- que representaba el 78% del Producto Interior Bruto. ¡Qué herencia!

Los electores de varia clase, los sin conciencia de tal y también los desclasados, durante la dilatada y mesiánica campaña electoral, sintieron cómo las dulces y lisonjeras promesas de aquí y allá serenaban, a futuro, sus inquietudes y volvieron a alimentar, amnésicos, la esperanza, depositaron su fe en aquello que mejor acariciaba sus oidos y entregaron su voto a quien les petó en cada caso. Amor no había, pero el roce ya se sabe... crea callos.

El PP ganó las elecciones con una abrumadora mayoría absoluta. Para muchos debió de ser una noche hermosa, por fin en España comenzaba a amanecer, ¡aleluya, aleluya! Pero era otoño y faltaba por venir un largo invierno. Pronto se vio que, contra tanta promesa, el día a día, poco a poco, desvelaba el braguetazo y que, por no haber hecho separación de bienes, cada semana se sufría y crecía otra separación, la de los viernes. Nada menos erótico y cordial que el temor al temblor previo que cada Consejo de ministros representa-ba, que el oscurecido tiempo posterior. Una vez más devino la realidad en cruz de aquella cara seductora y sus promesas. Pero era, es, por nuestro bien. La mayoría elegida gobernando para la minoría dominante. Si no fuera trágico, parecería tragicómico: legislo para ella, pero amar... amar te amo a ti y, nunca lo olvides, si te maltrato, tú sabrás por qué, habrás vivido por encima de tus posibilidades.

Así están muchos hoy, constitucionalmente incofesos -salvo los públicos cargos y militantes aún no conozco un solo votante del PP- pero íntima y profundamente arrepentidos, como azorrados, como en un sufrido y callado "quién me mandaría a mí", tamborileando los dedos sobre la fría sombra de su desesperación, en la soledad de la casi helada realidad afincada en el presente (4.698.814 parados en julio según los servicios públicos de empleo (5.977.500 según la EPA del segundo trimeste); la prima de riesgo en 268,80 puntos a 29 de agosto y una deuda pública -la que pagamos entre todos- en el 90,1% del PIB. ¡Qué presente! Qué perverso fue el engaño, qué malo el paso dado, qué grave el desliz. ¡Que dure el abuelo, por dios!

Dice la leyenda urbana que hay más matrimonios unidos por la ruina que por dios, que ya no hay confianza y a este matrimonio político es lo que le pasa, que aún lo une el miedo, el temor.

Concluye Metroscopia, en su Barómetro de Confianza del 15 de junio al 12 de julio (El País), que la confianza en el gobierno es del 21%, en los partidos del 12%, en los políticos del 6% -qué pena de desencanto, ¡cuánto nos han hecho!-, y que tal parece que seguimos confiando, no ya en la herencia, sino en nuestro patrimonio común, ese que los varios gobiernos territoriales parecen empeñados en dilapidar, pues aún confiamos, entre otros, en los investigadores científicos un 92%, tanto como en los médicos de la sanidad pública; un 85% en los profesores de la enseñanza pública y un 75% en las universidades; un 70% en la Administración pública en su conjunto.

Tal parece que el divorcio está servido. ¿Pero bastará con confiar en nuestro común y acosado patrimonio común? ¿No será llegada la hora de arreciar en su defensa? A lo peor, para cuando queramos preparar los papeles del divorcio nos lo han birlado todo. Como en otras tantas cosas, en esto también hay mucho experto trilero.

Mas, como dice el principio liberal: allá cada cual con su conciencia.

Juanmaría García Campal

Cuaderno casi diario

juancampal@gmail.com

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