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Rubalcaba y Rajoy se enzarzaron en un debate donde las propuestas para salir de la crisis serían protagonistas. El candidato del Partido Socialista atacó desde el principio. Tirando del programa electoral del partido opuesto pidió explicaciones sobre las ambigüedades que existían en el mismo. El aún candidato del Partido Popular no supo más que sacar el tema del empleo, no solo en el primer bloque, sino que en el resto también lo utilizó para defender su “proyecto”.
Todos sabemos que España necesita confianza, que necesita que la gente trabaje para que así haya un mejor nivel de bienestar, sin embargo Rajoy no sale de estas explicaciones, no dice como conseguirá lo que desea, cuales son exactamente las medidas que tomará. Lo que los españoles querían oír no lo explicaba, se instalaba en el pasado, al contrario de Rubalcaba que sin duda quería saber con claridad que sería de nuestro futuro si los populares ganaban las Elecciones Generales.
Estaba claro de antemano que Rubalcaba saldría a atacar, no tenía nada que perder, debe darlo todo si de verdad quiere dar la vuelta a las encuestas. Rajoy mientras tanto está, como en las viñetas de Peridis, sentado en la nube esperando a llegar a la Moncloa. Decir algo podría estropear lo que l a crisis tan fácilmente ha conseguido, la mejor posición era la defensa.
Me me hubiera gustado ver un debate con más partidos políticos, no todos, pero al menos un porcentaje adecuado de los que entraron al Congreso de los Diputados en 2008. Deberíamos crear una Ley del Debate Electoral que asegurara que en todas las elecciones se celebraran debates con un porcentaje de partidos que los mismos hayan elegido mediante consenso.
Ahora habrá que esperar al 20N, aunque algunos ya se declaren ganadores, y ver si de verdad el debate ha cambiado los votos de los indecisos, que son más de tres millones de personas, o si las encuestas aciertan con sus resultados.
