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A unas horas comenzó a oír el runrún del helicóptero. Lo rescató pronto la Patrulla Verde. Vivió una temporada holgadamente en la prisión del estado.
Lanzar una botella a la mar. ¡Hay que ser desaprensivo!
Era tarde y había llegado cansado. Pero la razón lo merecía. Comprobó con gozo que la Constitución, ¡su Constitución!, se ocupa antes "de los deberes y derechos de los ciudadanos", las personas, que "de las Comunidades Autónomas", los territorios. Antes, aunque a inferior nivel, un Capítulo, una Sección. Pero de importante Capitulo, "de los derechos y libertades".
Con gran fe en la Patria, se elevó dos propuestas de Ley Orgánica que, por trámite de urgencia, aprobó, con voto masivo, entre la ducha y la cena.
Por una, quedaba exonerado del pago de los impuestos impuestos, por la otra, quedaba a buen retiro, con pensión de ministro, por haber dejado sitio. Se acostó casi feliz.
Hoy pordiosea por la ciudad -no tiene ni para salir de ella-. La gente de orden quedó dividida. Una, lo llamó recalcitrante comunista; otra, anarquista de mierda. En los más puros sanedrines, los de la esencias e identidades patrias, se ejemplarizó con lo que pasa por salirse del rebaño.
Él apenas si habla, aún no domina la lengua vernácula. Si lo hace, ¡blasfema!
*Hoy no hay imagenes. No querrán que contamine este bonito cuaderno.
