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OPINIÓN POR POLO FUERTES
De la TDT a la ATC en 67 años
La llegada repentina de la TDT me ha cogido con el pie cambiado...,
31/01/2010
CON VENTANAS A LA CALLE
...mientras que la ATC me ha dejado escolingado del trapecio y de la jubilación a los 67 años yo soy el menos indicado para hablar, porque he sido un pionero de esa medida. O sea, he cumplido con antelación todo lo mandado, habido y por haber.

Ha sido un poco a traición el apagón analógico de la televisión, el pasado 29 de enero, cuando estaba anunciada la entrada de la Televisión Digital Terrestre (TDT) para el mes de abril. Por ello digo que me ha cogido con el culo al aire. Bueno no. Casi. Tengo un descodificador para el aparato del salón, pero no para el de la cocina, que es donde yo veo la tele sin interferencias familiares.

¿Qué ha pasado con esta entrada en tromba del las televisiones nacionales hacia lo digital? Pues que, de momento, la Uno, la Dos, la Tres, la Cuatro, la Cinco, la Sexta, etc., tengo que verlas repanchingado en el sofá del salón, mientras que la 7 y la 8 de Castilla y León (las de Campillo) siguen en la ventana mágica de la cocina, porque aún no las tenía ‘cuadradas’ en la TDT. Vamos, como si ambos aparatos se complementen para sacar algo en limpio.

En cuando a lo del Almacén Temporal Centralizado (ATC), o sea al cementerio de residuos nucleares, he tenido que echar mano de mi hemeroteca particular para saber qué pasó hace cuatro años en el pueblo zamorano de Peque, a cuyo alcalde se le ocurrió sacar a relucir la posibilidad de que se instalara un telar de estos en su predio y casi lo crucifican, lo corren a gorrazos los habitantes de cien kilómetros a la redonda.

O sea, que volvemos a aquello que citaba Karl Marx, en 1844 “Die Religion ... Sie ist das Opium des Volkes” (la religión es el opio del pueblo). Bueno, en este caso, el opio del pueblo (un tanto agnóstico y laico) es la televisión, con el añadido puntual de otras arhuelas, como es ahora el tema de la elección de municipio para enterrar la mierda residual de las centrales nucleares. Con ello, se tiene entretenido al personal y se olvida (es un decir) que tenemos en nuestro país casi cuatro millones y medio de `parados (si no son más, una vez que se despejasen las  rampas que hace el Gobierno). Una bagatela de nada.

Cuando el tío Karl soltó la frasecita, aún no se había inventado la televisión. Las gentes sencillas estaban más embebidas con las cosas de la clerecía, el más allá, los rezos, las misas y los oficios con turiferario popular por medio. Sí, podía ser que tuviera razón y el opio del pueblo fuera la religión.

Pero ahora esa droga es la televisión en la que se han encuadrado una serie de personajillos que discuten las veces que se han tirado (o han sido tirados/as) por menganita y fulanito. Así como cosas por el estilo. Una vez certificada la dependencia, el Gobierno saca de la manga la martingala de la TDT obligatoria aceite para todo el mundo y a barrer de las tiendas todos los descodificadores con los que las viejas televisiones analógicas pueden transmitir.

Alguien o algunos se están forrando. Lo presiento, lo afirmo, no hay vuelta de hoja. El juez Garzón de turno tendrá que ponerse a investigar, porque el pelotazo económico es de órdago a la grande. En las tiendas de electrodomésticos se agotan cada hora las existencias, a pesar de las ingentes cantidades pedidas de estos aparatejos, una vez que las televisiones nacionales decidieron, por unanimidad, cargarse la analogía para pasar a la digitalización de sus  imágenes.  Alguien tiene que estarse forrando. Y sino, el tiempo dará o quitará razones.

A ello se une la carambola de que una docena de municipios pequeños, míseros, entresacados y mermados de habitantes de toda España hayan presentado su solicitud a la ATC, para que las bandas de la sensatez insensata, de la ecología, de la demagogia, de la ignorancia técnica,
de la estupidez rural comiencen un debate que el Gobierno ha suscitado, aprobando dicha instalación (con todos los estatutos para su solicitud) y que luego, el firmante de aquel decreto (el tío Montilla) niegue ahora su instalación en la comunidad regional que preside. Sobre todo, por la zancadilla millonaria que acompaña la elección, para rehabilitar las tierras donde caiga el camposanto radioactivo.

Lo mismo que lo de la jubilación empiece a contar a partir de los 67 años. Habrá oficios que lo aguanten, que podrán optar libremente a seguir en el tajo porque el esfuerzo físico y mental lo permiten. O simplemente el trabajador en cuestión se vea con fuerzas para desarrollarlo. Pero en otros (albañiles, taxistas, profesores, ejecutivos, camioneros, picapedreros y demás familia…), el deterioro es casi irreversible. ¿Cómo le vas a pedir que sigan cumpliendo el oficio y pagando la Seguridad Social?

Pero ya digo, de esto último, yo soy el menos indicado para opinar porque, a pesar de haber cotizado ya  40 años, seguí currelando hasta los 67, por mi propia voluntad. Hombre, no creo que el tío Zapatero se haya fijado en mí para sacarse de la manga la iniciativa.

Vamos, sería la leche.

 

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