Jueves 09 de febrero de 2012 | Actualizado a las 17:18 h.
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de la Moncloa (¡Joder, con el flete!). Tiempo habrá, si las cosas no cambian el camino cuesta abajo que han emprendido. No. Hoy mi columna va dirigida a un buen amigo, astorgano por los cuatro costados, cineasta y director de Certamen d Cortometrajes de Astorga, Luís Miguel Alonso Guadalupe.
“Mañana, y hoy, y mañana, / sobre Castrillo y Nistal, / descansa el peso del mundo / en la alada suavidad / del paisaje, y corre el tiempo / desde el viejo manantial. / Los años del mundo tienen / pesadumbre de encinar”. Y es que esta edición del certamen de cortos astorgano homenajeará al poeta Leopoldo Panero. Por eso he iniciado este párrafo con la descripción, que el propio Panero hizo en ocho versos del romance ‘El peso del mundo’, de su lugar de nacimiento, Castrillo de las Piedras, hace ahora cien años.
Luismi, como le llamamos los amigos a Alonso Guadalupe, ha vuelto a sentarse en la silla de director (es un decir), para dar su cuarto de vuelta de manivela a otro corto sobre Leopoldo, como hace más de 20 años lo hiciera (siendo casi un adolescente), con el éxito que le cambió la vida para siempre. El nuevo corto, de algo más de hora y media, se titula ‘Los abanicos de la muerte. La generación del Desencanto’.
Luismi pretende reivindicar la figura de Panero, denostada por su propia familia en aquella película. A lo largo de esta semana, Alonso Guadalupe ha estado rodando exteriores por el Palacio de Gaudí, en el jardín de la Sinagoga, en la casa de los Panero, en la Catedral. Y seguirá en la Maragatería y en Castrillo de las Piedras. A la vez que incluirá entrevistas con personas que conocieron al poeta, con el alcalde Juanjo Perandones, con el cronista oficial Martín Martínez y otros.
Una película que será estrenada cuando llegue septiembre, en el entorno de la celebración del certamen. El poeta astorgano por excelencia, incomprendido por su gente y maltratado por quienes no han leído versos de alguien que, como decía Valentín García Yebra “Leopoldo era una persona que parecía sobria y alargada como un pintura del Greco, pero que llenaba la noche bebiendo, charlando y fumando en torno a su voz”. “Camino del Guadarrama, / nieve fina de febrero, / y a la orilla de la tarde / el pino verde en el viento”.
Conocí a Luismi una mañana fría de mediados de octubre de 1988, en el atrio de la Catedral de Astorga, mientras rodaba un cortometraje sobre el poeta Leopoldo Panero: ‘La memoria sola’. Un grupo de amigos hacían de actores y con ropajes de mediados de aquel siglo, a las órdenes de
Alonso Guadalupe, desgranaban el guión; mientras que la fotografía corría a cargo de otro profesional astorgano, Tomás Valle. Colegiales de una guardería cercana, algún turista perdido o la pretendida exclusiva de un reportero recién llegado a la ciudad bimilenaria hacían repetir las escenas que hablaban de poemas del Teleno, de gentes que entraban al templo, portando misales anteriores al Vaticano II. Entre tanto, en el Consistorio, se adobaba ya la moción de censura socialista con la que Juan José Alonso Perandones desbancaría al cuatripartido AP, PDP, CDS y UL.
Después, la amistad se fue consolidando, recreando, discutiendo mil y una iniciativas que hablaban de periodismos (fue director de la emisora de Onda Cero Astorga), gastronomía (impulsor principal de la asociación El Borrallo), de pintura (cuánto luchó conmigo para hacerme entender sus cuadros), de poesía (no tengo a mano ninguno de sus versos) o de cine. Por eso, cuando me anunció que el Ayuntamiento había acogido el patrocinio del Certamen de Cortometrajes ‘Ciudad de Astorga’ vaticiné que, una vez más, el alcalde Perandones había acertado de plano.
Solo puse una pega (Luismi decía que yo parecía el hombre de las pegas, aunque presumo de ser uno de sus consultores principales): Las fechas de la celebración coincidían con el Festival Internacional de Cine de Venecia. Yo no voy a ser tan pretencioso de apuntar que los dos certámenes se complementan. Sin embargo, el ‘Ciudad de Astorga’ se ha ido consolidando año tras año de la mano de Luismi Alonso. Y en esta edición, mi buen amigo se vuelve a superar hasta arrancar el motor del “silencio, se muestra” con un cuarto de vuelta de manivela.
Esa manivela de Luís Miguel Alonso Guadalupe que, una mañana de octubre del 88, plasmó en uno de sus cortos la poesía de Leopoldo Panero, a las puertas de la Catedral de Astorga y que este año, cuando llegue septiembre, estrenará otro de sus cortos (éste va a ser algo más largos) con la misma temática, la de su poeta (y mío) preferido, mi tocayo Leopoldo Panero, para celebrar que haría cien años si viviera.
Ánimo y enhorabuena, amigo.
