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OPINIÓN POR JESÚS MARÍA LÓPEZ DE URIBE
Cuando asesinaron (en León) 'La Democracia'
Los que me conocen saben que me encanta la Historia, pero detesto profundamente...
04/04/2012
Historia(s) de León
... la Guerra Civil del siglo pasado, porque sufrieron las personas normales por culpa de los violento

Vamos, que aquello fue una situación en que radicales con distintas ideas pero con el mismo collar, luchando por el poder se llevaron por delante a todas las personas de bien para conseguir sus fines. Para no extendernos más de la cuenta en este artículo les recomiendo que lean en mi blog “Política para Torpes” mi 'Teoría de la misma moneda', que resumiré así: fíjense en que las banderas de la Falange y la CNT son iguales pero con los colores cambiados, lo cual indica que son violentos que pretenden luchar entre sí por el poder absoluto, porque no hay para todos, con la excusa de ideas supuestamente distintas en la forma pero no en el fondo (mejor pásense por ese blog que lo explico más a fondo).

El caso es que no hace mucho uno de mis grandes compañeros de trabajo, compañero de prácticas y de situaciones de “adjunto al redactor” (para los que crean que el periodismo es una profesión interesante, que sepan que muchos profesionales trabajan sin contrato o con sueldos basura), Carlos J. Domínguez publicó un libro llamado 'Asesinaron La Democracia'. Éste se centra en el fusilamiento injusto del alcalde socialista Miguel Castaño y editor del diario 'La Democracia' (que se editaba en lo que hoy es la pizzería 'Rigoletto' de la plaza de Don Gutierre), pero es una excusa perfecta para conocer el momento en que España se volvió loca y dejó su futuro en manos de los radicales violentísimos de los años 30 y explicar lo que ocurrió con los políticos de la época.

Decir que el libro es estremecedor. Carlos J. Domínguez muestra la situación con un lenguaje propio de los años treinta. En un principio, en la primera parte del libro (que muestra la situación de los prisioneros en San Marcos) me pareció muy de izquierdas, pero tras un comentario al autor (lo pueden encontrar en Twitter como @Junta_Letras), éste me indicó que era un libro de Historia, no de ideologías. Cuando llegué a la parte del jefe del pelotón de Fusilamiento, Tristán Falcó (conde de Barajas y de la nobilísima familia de los Fernán-Núñez; el Falcó de los periódicos rosa de hoy en día es de esa familia), me dí cuenta de que yo estaba equivocado. Una descripción perfecta del sentimiento de una familia monárquica, de un hombre radical de derechas pero comprometido con sus ideas de corazón (vamos, lo que yo he mamado en la parte adinerada de mi familia logroñesa; aunque gracias a las cosas de la vida contrapuesta con la más humilde que vendía ajos en el mercado de Abastos), que hace de este libro lo que dice Carlos J. Domínguez, un libro con un presente histórico de los años treinta que me ha encandilado.

Decirles que no hubo muertos en mi familia en la Guerra Civil. Ni mi abuelo Pascual, comunista y detenido en el norte de África en los primeros días del golpe de Estado (dice mi madre que “alguien” le cuidaba desde Logroño) ni mi abuelo Feliciano, médico y de familia “bien”, ni nadie que yo sepa fue arrastrado a una cuneta o puesto delante de un paredón. Lo pasaron mal, sin duda alguna, supongo que mi abuelo prisionero mucho peor, pero esta circunstancia me impide comprender de primera mano lo que fue el desmán de radicales de izquierdas y derechas en aquellos tiempos. Así que he observado aquel momento histórico siempre con cierta perspectiva.

Sin embargo, el libro del que hablo me ha abierto una ventana sorprendente. He quedado desolado al leer lo que ocurrió. Pónganse en el lugar: se produce un alzamiento de parte del Ejército y los Falangistas, a León llegan miles de mineros que acampan en La Condesa pidiendo armas y hay gente pegándose tiros en las calles de nuestra ciudad. Los mineros consiguen unas pocas armas y se dirigen a Madrid. Y cuando se van... los militares descabezan a todos los políticos actuales. Imagínense que destituyen al alcalde, obligan a la presidenta de la Diputación a ceder el cargo a otra persona (chistes fáciles aquí no, por favor, que no vienen a cuento), relevan al delegado de Gobierno, los mandan a casa y en unos meses... a la cárcel. Y luego les hacen un paripé de juicio y una noche les pasean. No tendríamos palabras. Pues eso mismo pasó en el 36 en León.
Pero de todo el libro, centrada en la figura de Miguel Castaño, un alcalde recto y eficiente, que nunca usó sus ideas de izquierdas para perjudicar a nadie por lo que pensara (sino que elegía a los más eficientes, como suele ocurrir con ese tipo de personas, tuvieran las ideas que tuvieran) lo que más me ha impactado es la historia de Ramiro Armesto, el presidente de treinta años de la Diputación Provincial.

Sí, con 30 años fue presidente de la Diputación Provincial. Lo que hoy se consideraría un jovencito, y en aquellos tiempos políticos posiblemente más, este hombre de reconocida valía se encontró en una situación extrañísima, porque además fue el único que estuvo presente en la cesión de su cargo al siguiente presidente de la Diputación (se lo dio en mano, como quien dice). Pero ni sus allegados, incluso su primo carnal que era obispo de Oviedo, pudieron hacer nada para que se le condenara en un juicio en el que no había cargo alguno ni fundado ni infundado.

Lo mismo con Miguel Castaño. Cargos inventados y al paredón. Al contrario de lo que dice la sabiduría popular, no se encuentra documento alguno de que el obispo de Léon intercediera por él. Nunca se sabrá si lo hizo de palabra, pero sin documentos no hay verdades absolutas. Y así tantos otros, hasta 15 en esa cuerda.

De los16 encausados entre los que se encontraba también el Gobernador Civil, Emilio Francés Ortiz de Helguea (riojano, de Haro, y que fue alcalde de Logroño, de donde es mi familia), sólo libró uno para obtener la “salvación” de una cadena perpetua: Salvador Ferrer. Este hombre es excarcelado en 1939 y repuesto en su puesto de inspector de Educación en 1957, convirtiéndose después en uno de los grandes teóricos del Magisterio español con reconocimiento internacional y en un excelente autor de obras de teatro ('El Condestable' recibió en 1965 el premio Lope de Vega del Ayuntamiento de Madrid). Los demás paseados eran personas de este palo, gente que quería trabajar por el bien de los demás.

Por supuesto eran personas y tenían fallos. No dudo que algunos de la cuerda de Miguel Castaño fueran más o menos izquierdistas y beneficiaran a los suyos. Pero somos humanos. Tampoco se les puede acusar de más que intentar mantener el 'statu quo' republicano. Aunque su actuación defendiendo a los mineros de la Revolución del 34 en Asturias y León pueda ser la mayor crítica que se les pueda hacer (y no pequeña, precisamente) con la perspectiva de los años no parece motivo suficiente para fusilarles. Aquí no valen las inquinas, debería ser el sentido común quien los juzgara históricamente.

En resumen, que este libro es “de cabecera” para todo aquel que quiera conocer esos momentos tan amargos, injustos, extraños, horribles del comienzo de la Guerra Civil. No sólo para cualquier leonés que quiera conocer un poco más de su historia (está perfectamente documentado en un trabajo de investigación impresionante durante más de tres años de uno de los mejores periodistas que he conocido en mi vida), sino para cualquier español que quiera conocer el “sindiós” que supuso aquello en una ciudad de provincias en la que no hubo combate (pero estaba “Sitiada en Armonía” según las palabras grandilocuentes de los militarones de entonces). Me falta por leer justo lo contrario, una historia similar sobre la gente paseada por los violentos que enarbolaban banderas de izquierda en la zona republicana para hacerme una idea completa para poder ser ecuánime con estas cosas. Pero es que me da mucha pereza, la verdad.

Vamos, que si no se lo han leído, vayan a comprarlo inmediatamente. Estremece más que una novela de terror (es que es un libro que cuenta una historia de horror, más bien). Es divertido de leer, tiene muchísima información y está escrito de una forma magistral, con un lenguaje de los años treinta que me ha enganchado muchísimo. Es “Asesinaron La Democracia” de Carlos J. Domínguez. (Por cierto, que en el Palacio de Don Gutierre hay una exposición sobre Miguel Castaño hasta el 4 de mayo). Yo, que intento evitar las cosas de la Guerra Civil porque me producen mucha angustia, se lo recomiendo. Es vital conocer nuestra Historia para no repetirla.

Jesús María López de Uribe

En Twitter: @UribeX

Y en Internet: www.uribex.com

 
 

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