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OPINIÓN POR BOUZA POL
Conocer y perdonar
En el año 1974 (Franco murió el 20-11-1975), la editorial Martínez Roca publicó el libro. «Los años rojos»...
31/01/2009
BURBIALIDADES
... en el cual, su autor, el comunista republicano Mariano Constante, dice: «Fuimos conducidos a Arguis, pueblo en poder de los republicanos, al pie de la sierra, en donde se encontraba el Estado Mayor. Mi primera sorpresa fue ver allí un gran número de milicianos tomando el sol. ¿Era aquello el ejército republicano? La idea que yo me había hecho de él era completamente distinta. Lo imaginaba disciplinado, vestido con uniforme militar, y en vez de ello me encontraba ante gente mal vestida, barbudos, con pantalones replegados hasta la rodilla. Parecían salidos de una película de corsarios. No les faltaban ni las patillas largas, ni la camisa desabotonada, ni el pañuelo atado a la cabeza. Me chocó tanto aquella visión, comparada con la disciplina estricta de los nacionalistas, que inmediatamente pregunté: ¿Pero qué hacen aquí estos hombres, a tantos kilómetros de la línea de fuego? —Estamos descansando— contestó alguien. Pregunté que unidad era y un amigo me dijo: esta es la columna Roja Negra de la CNT-FAI, o columna Ascaso. Nosotros no tenemos oficiales, solamente responsables. Aquí no hay galones, somos todos iguales. Por algo nos llamamos comunistas libertarios».

«Cuando  expliqué quién era mi padre, varios milicianos se echaron a reír y uno de ellos me dijo: Tu padre es un granuja, estuvo una temporada de ayudante con “El Negus”, y un buen día se largó a juntarse con esos puercos socialistas».

Que Franco y sus fuerzas represoras persiguieran y maltrataran a los vencidos rojos que resistían e incordiaban con el Maquis o con las guerrillas, puede ser considerado, hasta cierto punto, como normal, sin que ello suponga aceptar las barbaridades cometidas. Así era el clima de violencia y odio, en la posguerra, aunque fue rebajándose la presión con el tiempo. Pero, lo realmente increíble, lo que me entristece de manera muy especial es el sufrimiento de estos pobres españoles vencidos, que pasan a Francia entre enero y marzo de 1939, y son tratados allí sin ningún miramiento, ni respeto, ni consideración. Fueron totalmente abandonados por sus dirigentes políticos, por sus jefes, verdaderos culpables de la guerra, que se prepararon bien la huida y vivieron un “exilio dorado” en Méjico, en Argentina, o en Rusia, con el tesoro español.

Estos “ilustres” mal perdedores de la Guerra Civil del 36, además se permitieron la insensatez y la tropelía de seguir echando leña y avivando el fuego del enfrentamiento entre los pobres españoles, sin asumir su cuota de culpa. Mantuvieron un Gobierno Republicano en el exilio  (el colmo de la cobardía), que trajinó e influyó para que se invadiera España, en primera instancia y, luego, no logrado el objetivo sangriento, pidieron que se impusiera un bloqueo general, que tuvimos que sufrir todos los españoles (los niños y los ancianos, los heridos y los mutilados también). Se autojustificaron diciendo que pretendían derribar a los fascistas y a Franco, el dictador. Pero lo cierto es que gran parte del hambre del año 41 y de toda la postguerra se la debemos a ellos. ¿Con qué autoridad moral pueden ahora arremeter contra el embargo comercial (no bloqueo) a Cuba? ¿Cuba no es una dictadura desde hace cincuenta años? Pues claro que sí, es una dictadura miserable de la peor calaña.

No seré yo quien se lamente por el advenimiento de la II República y el abandono de España del rey Alfonso XIII. Mi padre, Antonio Bouza González, fue enviado a Cuba en 1921, donde estaba gran parte de la familia. Sus padres, José Bouza Potes e Isabel González González, que habían estado muchos años en el Brasil, prefirieron sufrir con su ausencia antes que permitir que le reclutaran para Marruecos, que tanta sangre y dolor nos costaba. Volvió mi padre a España, provisionalmente, por haber fallecido su madre en 1928, y ya no pudo regresar.

No es que me entusiasmen mucho los reyes en general, pero Don Juan Carlos I de España y la Institución  actual, garantizan el equilibrio, la unidad y el orden de esta España Constitucional de 1978 que, entre todos, nos hemos dado como fruto del acuerdo, y no de la imposición. ¿Por qué cambiar? La Monarquía nos sale más barata, es más práctica, y da mejores resultados. ¿Tiene privilegios? Pues que se reduzcan. También tienen enormes y costosos privilegios los políticos y los sindicalistas, y los de la Sociedad General de Autores, por ejemplo. ¿Cuánto ganan los líderes de UGT y de CC.OO?

En fin, queridos lectores: Me apasionan los dieciocho reyes del Reino de León, tan de derechas, tan conservadores, tan católicos, tan duros, tan perros, tan bestias y crueles, tan normales para aquel tiempo; guerreros incansables contra el moro, defensores de la raza, artífices de España y de nuestra cultura europea, y luego atlántica, y mundial. Por cierto, los comunistas jamás quisieron un Estatuto de Autonomía para  León. Que se sepa bien. No lo quisieron en el periodo republicano, ni con la restauración monárquica del 78, ni ahora. La derecha y los del PP sí, sí lo quisieron, pero los dejaron solos.

Los hechos históricos son como agua pasada que no debería moler molino, pero que hay que conocer y perdonar. Por desgracia, esta funesta Ley de Memoria Histórica se empeña en lo contrario y se atreve con todo, incluso pretende hacer “Honorable” a aquel impresentable Lluis Companys, de tan funesto recuerdo para la Historia de verdad.

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