Martes 22 de mayo de 2012 | Actualizado a las 19:16 h.
|
|
Es indudable que todas y todos estamos obligados a evitar la discriminación de las mujeres hasta la consecución de valiosas metas como el acceso a la educación, la cultura y el mismo salario por el mismo trabajo. Ante una situación de desigualdad la mujer de hoy siente la necesidad de unirse a otras mujeres para defender sus intereses. Es aquí donde sus voces se ven sofocadas por el feminismo radical que defiende una guerra en contra de la propia naturaleza.
El mensaje del yo primero y que las mujeres sólo pueden sentirse felices y realizadas fuera del hogar se olvida de algo que nadie puede obviar y es que las diferencias entre hombres y mujeres responden a condiciones biológicas. Las feministas radicales no pueden inventarse diferencias entre ambos sexos fuera de su origen natural, ni plantear su lucha como un enfrentamiento entre hombres y mujeres. Se trata de conseguir entendimiento y colaboración para que ambos mejoren.
No creo en el ideal de la igualdad absoluta porque hombre y mujer son distintos, aunque sí deben gozar de la misma dignidad como personas. Por mucho que se esfuercen las feministas radicales no podrán vencer lo que para ellas constituye el principal obstáculo para que la mujer triunfe: la maternidad, porque la capacidad de ser madre es lo que más distingue a la mujer del hombre.
Debemos apostar por un feminismo de equidad, que crea en la igualdad de sexos, en la igualdad para todo el género humano, frente al feminismo sectario que busca la supremacía de uno sobre el otro.
Con voz de mujer trabajemos por conseguir objetivos nobles e incluso desinteresados para intentar construir una sociedad más justa.
Ana María Guada Sanz. Portavoz del grupo del Partido Popular en el Ayuntamiento de León
