|
|

Y es que Chencho abría las horas de su Balcón del pueblo para ver pasar la procesión. Una procesión en la que se podían ver los zampahostias de toda la vida y los que apostaron por pujar el palio alrededor del poder, la mayor parte de las veces. Unos balcones que, algunas veces, estaban cubiertos por alguna colcha de colorines o la bandera de España. Más que nada, para que los mirones de la calle no puedan ver más arriba de las rodillas, que de todo hay en la viña del Señor.
Tuve conocimiento del libro por Eduardo Aguirre que una tarde me llamó y me expuso el proyecto. Me alegré, me entusiasmé. Charlamos un buen rato de las concomitancias que tanto Eduardo, como Ángel Santiago Ramos y yo pudiéramos tener con respecto a Chencho. Yo soy de La Bañeza y, junto a mi paisanía estaba también mi amistad. Una amistad muy sui generis, que muchas veces pasaban más de un año sin compartir palabra, aunque sí leyendo yo a diario sus balcones y él, mis colaboraciones.
Otras veces, aprovechábamos nuestros respectivos trabajos, para documentarnos un poco más (si alguna vez la hacía falta a Chencho más documento) alguna columna, algún trabajo en forma de pregón o de conferencia. Como sucediera unos días antes de hacer de juglar de la Musa del Carnaval Bañezano, “porque tú, no solo has hecho ya este número, sino que también eres carnavalero de los de toda la vida”.
Unos días antes de la presentación del proyecto, me volvió a llamar Aguirre para pedir mi dirección postal y mandarme la invitación. Pero desistí, como ya apunto más arriba. Mis achaques visuales no daban para desplazarme a León y quedé a la espera de que me mandara el libro.
No tengo aún el libro pero, tras leer las mil y una referencia sobre el mismo y de quien viene el trabajo sé positivamente que será una especie de “golpe a golpe, verso a verso” que diría el poeta, para condensar los balcones de más de treinta años de noches ‘en blanco satén’. Esos golpes que cada tarde-noche, Chencho daba en el yunque de su buen hacer, templando con yintonig los encendidos de la fragua periodística.
He tenido dos referencias periodísticas en mi faceta de ajuntaletras. Los dos bañezanos. Uno fue José Luís Baeza, que escribía sus artículos con rabos de lapiceros rotos en cualquier papel que podía arramplar en una vieja tasca bañezana, mientras estornudaba su enésimo chato de vino; y Chencho. Con los trabajos del primero me hice, hace una veintena de años, tras haber publicado el Ayuntamiento de La Bañeza una antología. Y ahora espero los de Chencho.
Dentro de esas llamadas esporádicas que cada año (o más) nos hacíamos, recuerdo la que mantuvimos unos días antes de su muerte, con respecto a un Balcón del pueblo, uno de los últimos en publicar. Lo titulaba ‘El Día Mundial del Agua’. Cuando a las diez de la noche me sonó el teléfono la voz de Chencho fue inconfundible: “Sé que lo vas a leer seguro, pero mañana, cuando veas mi columna, que sepas que me acordé de ti y de unas ideas que tu me diste sobre la autovía León-Bragança y que yo no compartía entonces”.
Había pasado apenas una semana. Después de la asamblea en la que se creo la Asociación Pro la Autovía León-Bragança me pidió apoyo para ver la forma de sacarla adelante. “Tenemos que echar el resto, Polo, estamos en el mejor momento para hacer realidad la iniciativa”. Aunque yo seguía muy escéptico, porque los políticos que tenían algo que ver con la mencionada autovía, tanto de la Junta como del Gobierno, no había asistido a dicha asamblea. Pero le prometí mi apoyo, si es que valía para algo.
Eran de esas iniciativas por las que Chencho se desvivía en la utopía, aunque después se estrellara contra el muro de la realidad. Tras dar una serie de mandobles a la Junta de Castilla y León, en general y de Antonio Silván en particular, concluía aquel Balcón del pueblo con esta frase, todo un aviso a navegantes que su muerte desbarató in extremis. “Porque aquí ya tenemos muy claros los intereses estratégicos y no vamos a permitir más timos de la estampita”.
Lo dicho, “golpe a golpe, verso a verso”. Los balcones… para ver pasar la procesión. A lo mejor, no.
