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¡Hala!, ya dije otra vez lo de catedráticos y, a ver quién es el majo (o la maja) que me lo desdice. Cada localidad de la provincia, de la Comunidad Autónoma tendrá después sus derivaciones, sus divertimentos, sus caminos y, por supuesto, todos muy buenos. Pero el rescoldo, la llama de la lumbre de la libertad carnavalera los guardamos los de La Bañeza y, una vez se abrió la ventana de la permisividad, de las primeras rendijas de la libertad, allá por el año 1974, fuimos también las gentes de esta ciudad los que pusimos a pasear iniciativas imaginativas para seguir corriendo nuestro carnaval espontáneo, sin trabas oficialistas, sin premios, sin carteras, sin talonarios de cheques, con la mejor desorganización organizada, para vivir un día o dos (en aquellos años) o una semana o más (ahora), el mayor 'desmadre padre' que inventara un carnavalero de corazón, que nunca llegó a disfrazarse, como fue el desaparecido Mario Núñez Alonso.
Y dentro de esta anarquía y desgobierno que es por definición el carnaval, he sido elegido este año pregonero del Carnaval Bañezano 2008. Una responsabilidad y un desaguisado que me tiene en un sinsentido, en un sindios, hasta que lleguen las nueve de la noche del próximo sábado, día dos de febrero, cuando ya habrán pasado cosas como la subida al Olimpo del grupo Salsa la Musa del Carnaval Bañezano 2008, en la noche del jueves 31 de enero, la procesión viabirras de San + Turbadín, el Viernes Tranquilo, pasacalles, títeres, números sueltos (y atados) y otras nuevas ideas que enriquecen nuestro carnaval.
Ese carnaval que cada año aporta nuevas ilusiones en forma de iniciativas, como han sido los premios 'Hiel y Miel' (tristemente desaparecidos), la Noche Bruja del Lunes de Carnaval, la Noche de Chispas del Sábado de Carnaval, o las ya citados como son la figura de la Musa o los homenajes a viejos carnavaleros y el concurso de monólogos del grupo Los Tranquilos y sus Viernes Tranquilos de Carnaval, procesiones, carreras, entierro de la Sardina y otros espectáculos callejeros que llenan más de siete días de juerga e incontinencia de diversión de las gentes de esta tierra. Desde luego, carnaval se escribe con B de Bañeza. ¿O no?
Sin embargo y una vez muerto el inquisidor del Pardo, no ha sido todo un camino de rosas para esta celebración. Sobre todo al principio de esta nueva época de permisividad. Aquellos primeros años (1973, 74, 75, 76…) en los que en los rústicos carteles anunciadores que los bañezanos dejábamos caer por toda la provincia (sin ayuda oficial, oiga), teníamos prohibido insertar la palabra carnaval y hubimos de acuñar un sinónimo en forma de 'Fiestas de invierno' (toma libertad, ciudadano). O las prohibiciones de disfraces de uniformes militares y policiales, juntamente con los eclesiásticos. Hasta tal punto, que un año que salimos un grupito de primera comunión vestidos de marineritos, fuimos denunciados por lo militar y por lo eclesiástico. Aunque ahí me las dieron todas. Bendita prohibición, ahora tan ansiada, para seguir transgrediendo a la autoridad (militar, por supuesto), como años atrás.
Anécdotas de los años de las catacumbas y de los siguientes hay para escribir un libro (y no es tarde, si la dicha fuera buena). Pero no quiero acabar esta crónica de homenaje al Carnaval Bañezano sin contar una que, más que sonada, fue estrambótica y hasta contraproducente para los intereses espurios de sus convocantes:
Corría el año 1977, cuando la ya desaparecida agrupación agraria Unión de Campesinos de León (UCL), en un afán de mostrar su fuerza contra el sector almacenista patatero y alubiero, convocó un cierre de todas las entradas y salidas de La Bañeza, precisamente, el Martes de Carnaval. A primeras horas de la tarde, tractores de todos los pueblos de la contorna cortaron el paso de vehículos al centro de la ciudad, a pesar de que sus mentores se desgañitasen gritando que la protesta no era contra el carnaval, sino contra los almacenistas.
Lo cierto es que los bañezanos hicimos caso omiso del cerco labriego, vestimos nuestras mejores galas en máscaras y disfraces, lo mismo que muchos forasteros que tuvieron que dejar el coche en las afueras, saltándose (peatonalmente) las barreras de aquel fuerte (entonces) sindicato agrario y a correr el carnaval. Unos como participantes y otros, para ser meros espectadores de la juerga carnavalera.
Hasta tal punto, que al ver el rotundo fracaso de la protesta, a primeras horas de la noche febrerina se levantaron las barreras tractoriles y, como no podía ser de otra manera, los 'protestantes' se integraron en la diversión que lanzaba gozos de imaginación y fantasía por la Plaza Mayor y calles adyacentes.
Carnaval se escribe con B de Bañeza y así seguirá escribiéndose esta semana y la próxima en la ciudad. Máscaras y disfraces se apiñan en perchas improvisadas en todas las casas. Máscaras y disfraces que, de vez en cuando, ya se empiezan a ver por esquinas y rincones del casco urbano y que serán una constante hasta el día nueve de febrero, Sábado de Piñata o Piraña. Siempre en la calle. Haga sol, lluvia o nieve, frío o calor, viento o calma. Porque los bañezanos también sabemos ponerle máscaras a la meteorología.
Entre tanto, este que suscribe, prepara su disfraz de 'seriedad' y corbata, para pregonar el Carnaval 2008. Sin mucho convencimiento, sin tres cuartos al pregonero. Porque será un pregón que no podrá empezar como aquellos del tío Quico, hace más de medio siglo: "De orden del señor alcalde…". Porque en carnaval no puede haber orden ni dios que lo fundó. ¿De acuerdo…? Pues no. Joder, que lío.
