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Muchos no nos aclaramos ni sabemos a qué viene el recordatorio de aquella gesta carnavalera, con color verde rana, después de 28 años de la intentona. Dos televisiones (una pública y otra privada) han recreado en formato novelado aquella tarde-noche de 23 de febrero de 1981. Y he tenido que ver y recordar aquellos momentos vergonzantes y vergonzosos de un teniente coronel de la Guardia Civil secuestrando a los representantes del pueblo en el Congreso de los Diputados, hasta que el Rey pagó el peaje y el rescate, poniéndose en su sitio excepcional y mandando firmes a todos los capitanes generales de España, si tenían alguna duda hacia la Constitución.
También era lunes el 23 de febrero de aquel año. Aunque no era carnaval, por mucho que Antonio Tejero y su grupo carnavalero de verde rana quisieran adelantar el antruejo en su intentona golpista (el grupo de militares que se unió tarde, mal y nunca no fue más que un brindis al sol de un fracaso seudorevolucionario, con danza de sables, de danzantes con calzones color caqui, incluida).
Aquel año creo que fue el único que mi mujer y yo salimos dentro de un grupo organizado en los desfiles de carnaval en mi pueblo, La Bañeza. Un grupo de amigos (como todos) que habíamos escogido como modelo de exhibición la figura de la rana para desfilar (si alguna vez se hace revisión del más que centenario del escudo de La Bañeza, en el que están representados una torre, una encina, bajo la advocación de la Virgen de la Piedad o de las Angustias, sería bueno incluir también la rana, como mejor representación de la gastronomía bañezana).
Aquella tarde-noche del lunes 23 de Febrero del 81 nos devanábamos los sesos para sacar adelante los patrones de una cabeza que fuera lo más representativo del batracio. Con nuestros cartabones y cartulinas por montera, nos habíamos reunidos en casa de uno de los componentes del grupo, por ver de sacar adelante la boca, ojos y orejeras de una rana verde (casi como el verde guardia civil que cantara Federico García Lorca), cuando nos cogió de lleno la intentona tejeril en el Congreso.
La frase fue unánime: "Ya está otra vez la Guardia Civil intentando joder nuestro carnaval, para volver a correr detrás de nuestras libertades". O algo por el estilo. Que a 28 años vista, tampoco es para echar cohetes de algo que siempre he querido olvidar.
Una televisión en el salón y otra en la cocina de aquella casa grande nos fueron dando noticias, a ritmo de marcha militar, de lo poco que se sabía desde fuera del Congreso de los Diputados. Unos pinchos de fiambre, de aceitunas, de patatas fritas. Un descorche paulatino de vino y después de güisqui, para variar. Más que nada para activar los tropos del cacumen y sacar adelante el diseño de aquel modelo carnavalero verde rana.
Y llegaron las primeras imágenes del palacio de la Carrera San Jerónimo, por una cámara que los beneméritos no supieron controlar ni inutilizar. Imágenes de la vergüenza con los diputados sentados en sus escaños, vigilados atentamente por guardias civiles armados de metralletas. "Joder que espectáculo, señorita", decía uno de los reunidos. "Estos sí que han sabido cortar el patrón de su disfraz, casi del mismo color que el nuestro".
Lo que pasa es que, al final, la cosa les salió rana. Verde rana. Un carnaval que adelantaron a destiempo. Aunque algunos lo creímos, con el miedo metido en el cuerpo, a pies juntillas, hasta que el Rey puso orden y concierto por las cámaras de televisión.
Yo no sé (ni muchos como yo) a qué viene este recuerdo cansino, a 28 años vista, de aquel episodio histórico, en el que la vergüenza, ajena y propia, fue la mejor fanfarria para el desfile, militar por supuesto, que a la postre salió rana. Como nuestro disfraz.
Después, una semana más tarde, todos hicimos pedorretas del episodio, a la vez que tarareábamos con más ganas acompañando a las charangas eso de "carnaval, carnaval, te quiero". Y como llovió con salero, sacamos a relucir una vieja copla de nuestra fiesta: "Ay carnaval, / que está lloviendo. / Como me mojo por fuera / también me mojo por dentro….". Y el que quiera saber más, que estos días se llegue por La Bañeza. Oiga.
