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OPINIÓN POR JUAN GARCÍA CAMPAL
Carnaval... y escritura
Éste es el segundo año que no participo en el carnaval...
18/02/2010
DEL CUADERNO CASI DIARIO
...Y como cada año, alrededor de estas fechas carnavalescas, y éste con más tiempo, me pregunto, si, en realidad, nos ocultamos bajo los disfraces, o si bien no será lo contrario y es tras o bajo ellos donde damos libre suelta a nuestro yo más oculto.

No me refiero obviamente al disfraz acordado previamente con la peña o la compaña. Me refiero al escogido con premeditación, al de lenta y sensual consideración y determinación, ese que nos ponemos, o pondríamos, para salir en búsqueda del, y entrega al, verdadero carnaval, a su contenido voluptuoso, lúdico y permisivo, sino carente de ejercicio alguno de autocontrol.

Y pienso que, bien se acepte el origen cristiano -carne, carne, y levare, quitar, abandonar la carne- o los paganos relacionados con la diosa celta Carna, con el dios romano Baco, o simplemente se considere la antigua costumbre de los pueblos agrícolas de, ante la proximidad de la primavera y el aumento de las temperaturas, comer todos los alimentos restantes de los guardados para el invierno y que corriesen riesgo de putrefacción y posteriormente ayunar, o casi, pues aún la primavera no ha, habría, comenzado a dar sus frutos, no cabe duda que el excesivo y preventivo resarcimiento del futuro perjuicio -el ayuno- alimentaría o fomentaría las virtudes, vicios, pasiones, sentimientos y afectos del espíritu y su contenedor, el cuerpo. Que humanos somos y bien sabemos de la vida, sus días, sus penas y placeres.

 

Y así estaba yo, en estas cavilaciones, cuando reparé que viene a ser el acto de la escritura algo similar, sólo que de puertas -al menos hasta que se da la creación por terminada y dada a la lectura- adentro, en la más solitaria de las intimidades, a un carnaval. Pues no dejamos -mejor continúo en singular, que, hablando tanto de carnaval, como de la misma vida, bastante tengo con representarme a mí mismo; hasta el hartazgo a veces-, pues no dejo, digo, de, a través de ella, la escritura, y entendida ésta como proceso y no como producto, de disfrazarme y/o autobiografiarme, de sacar a relucir los diferentes yoes que conforman este poliedro que vengo a ser.

Y digo autobiografiarme, no porque limite mi escritura a versar sobre mi vida y sus experiencias, sino porque, aún cuando los personajes sean mero producto de la imaginación, que duda cabe que, antes de representarlos en la escritura, yo he tenido que ser, sentirme, ellos, prestarles, o hacer de ellos, un otro yo, porque como dijo José Luis Sampedro en Escribir es vivir, hay que creer y vivir lo que se escribe. Y si lo doy por cierto, por vivido, escribirlo, contarlo es escribirme, contarme, autobiografiarme.

Pero en fin, quizá sea todo esto fruto de una cavilación ocurrida o de una ocurrencia cavilada en una tarde ceniza.

http://cuadernocasidiario.blogspot.com/

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    Bocas
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