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OPINIÓN POR BOUZA POL
Burbialidades
Los tiempos se deshumanizan y las relaciones vecinales y familiares se hacen...
30/04/2009
BURBIALIDADES
... más difíciles: sobra ambición y egoísmo. Antes, tal vez, fuimos “mala gente” por necesidad, ahora lo somos por gusto o por vicio, ¿verdad señores ediles de pueblo…?

¿Qué está pasando…? Cuando éramos pobres nos soportábamos mejor. La nueva tecnología, el Internet, el anonimato en los foros de opinión no hace a nadie más valiente sino más cobarde…

Siempre tengo presente a mi querido padre Antonio Bouza González (Sapita), fallecido en el funesto Hospital de El Bierzo a las 18.45h del lunes 16 de Agosto de 1999. Con él, con su pasión por Villafranca (a la que yo quisiera seguir siendo fiel), tengo en la memoria a sus amigos que ya descansan también en la paz de Dios, en el cementerio más bonito y descuidado: Francisco Rico (Pancho); Alfredo Cela (Totó); Enrique Mauriz (Rapa); José Figueroa (Pastela); Francisco Méndez (El Guardia); Alfonso Torres (Chinita); Manuel Lago (Lelo de Valtuille); Manuel Fernández (Manolo Sira, de Paradaseca); Miguel Ovalle…

Nuestros padres se llevaban entre ellos mucho mejor que nos llevamos ahora nosotros, sus hijos. ¿Por qué? La “causa tradicional” para la discordia fue siempre la “envidia” (pueblo pequeño infierno grande), manifestada en cotilleos y chismes, pero dentro de un orden, suavizada por el respeto y la necesidad de convivir en paz. La “causa nueva” de enemistad es la “política”, con sus “forofillos aprovechados e incompetentes”, malas personas que, como tienen mando, abusan y persiguen a quien no les baila el agua.

Comprobando como está “el patio”, y la “mierda” que las “autoridades” le tiran: a la buena persona que hay en mí se le revuelven las entrañas, y piensa: ¡Ahí os quedáis…! ¡Cruzaré la frontera amarga de la diáspora al exilio y, sólo los recuerdos me llamarán al triste canto de la nostalgia y la melancolía…!

Una calurosa tarde de mayo buscó Totó a sus amigos Rapacuartos y Sapita, y les dijo: «Venid conmigo que necesito dos buenos ayudantes, vamos cerca de Vilela, que ahora se dan de miedo las truchas a mosquito, y con un poco de suerte esta noche la cena corre por mi cuenta». Se repartieron los muchos aparejos que el “Maestro Alfredo” solía utilizar, y se fueron contentos y felices a la faena.

Yo me los imagino y, a pesar de todo, no puedo evitar la risa. La pena es que, en aquel entonces, no existían los “paparachis”, porque, una foto bien hecha hubiera sido un gran documento histórico de primera magnitud, segura envidia de los grandes artistas Robés, Gaztelu, Cela… Verán. A las primeras lanzadas Totó pisó mal y resbaló, hundiéndose en una tranquila “vada” algo profunda. Como no salía muy desahogadamente que digamos, a por él se lanzaron Sapita y Rapacuartos sin mayores miramientos. Los tres “lavancos”, digo “moiseses”, que andaban ya más cerca de los ochenta que de los setenta años, dieron gracias a Dios y empezaron rápidamente a desnudarse, a retorcer la ropa y ponerla a secar tendida en el pedregal… Y cada vez que alguien de enfrente, en los huertos de San Fiz (llamárase Basís, Miguel Rey, o Mixín), se acercaba al río a llenar la regadera con agua para regar los semilleros, los “Nudistas del Burbia” corrían en “pelotas vivas” a esconderse entre los matorrales. Así estuvieron horas, saliendo al sol como los caracoles. Pero se iba el astro rey por detrás de la casa de Roberto y Azucena, y la ropa ropita no acababa de secar… Como eran hombres de recursos, pusiéronse a recoger leña seca, hicieron una buena fogata (menos mal que las cerillas iban en la cesta), y terminaron  divinamente la faena.

¡Vistiéronse, por fin!, y, amparándose en la oscuridad de la noche para evitar indiscretas miradas, preguntas necias y comentarios jocosos: regresaron a Villafranca siguiendo la ribera del río.

¡Qué espectáculo cuando los vimos entrar por la puerta de atrás de mi casa, que es la que está más cerca del Burbia…, “cheirabam a “humo de pravia” que atufaban, tiznados como pinches de Pedro Botero obligados a atizar a destajo…, y las ropas muy sequitas, sí, pero todas quemadas, chamuscadas y hechas jirones…¡ (continuará)

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