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No había que negociar nada. Simplemente ingresar el dinero que, hace una, dos, tres, cuatro semanas decía disponer, en una cuenta corriente que ya tenía establecida. Ese era el paso necesario que hay que repetir con la Agencia Tributaria.
¿Por qué ha estado dilatando durante semanas la resolución pidiendo a los políticos un documento firmado donde se recogía el día y hora del pago de las subvenciones?
¿Por qué hubo de esperarse a la celebración de un juicio con la 'espada de Damocles' de la liquidación? ¿Por qué se ha tenido que resolver apenas una semana antes de la decisión judicial? Son preguntas que, por ahora, no tienen respuesta.
Javier Baena ha ganado, con este acto, credibilidad como gestor de la Cultural y Deportiva Leonesa. Ha sido su primer gran acto de coherencia como presidente del club, eso sí dentro del ámbito institucional.
No ha despejado, sin embargo, todas las sobras de duda sobre su labor. No ha dejado claro el origen de los 200.000 euros abonados a la Seguridad Social y en ello parece recoger el testigo de los dirigentes de las últimas temporadas que se han caracterizado por una gestión opaca.
¿No recordamos las dudas sobre el destino de los cuantiosos ingresos de la visita del Fútbol Club Barcelona o la recaudación del último año en Segunda B contra el Oviedo?
Como sociedad anónima deportiva, la Cultural Leonesa sólo tiene que responder ante sus accionistas. Como club de fútbol, que recibe ayudas públicas y que está 'en deuda' con las administraciones, tiene que ejercer la transparencia. Sería un buen ejercicio para Javier Baena, para apuntalar su credibilidad como presidente de la Cultural Leonesa.