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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Arlequín de Colores para un teatro
Hoy no voy a hablar del Teatro Municipal de mi pueblo, La Bañeza. Esa sala que...
17/03/2011
CON VENTANAS A LA CALLE
... está a punto de ser reinaugurada por el presidente del Gobierno y su corte de honores y aplaudidores, después de más de una docena años en obras. Todos los periódicos provinciales, emisoras de radio y de televisión dan buena cuenta del evento.

Porque no deja de ser una pasada el resultado esperado con tanta ansiedad, después de ver pasar el tiempo, mientras nuestro teatro seguía en las listas del paro forzado. Pero no, hoy no voy a escribir sobre ese esplendor que será una de las mejores bazas electorales del partido que puso los últimos euros, los muchos últimos euros para abrir sus puertas con todos los pronunciamientos.

Hoy mi relato va en homenaje a un grupo de chicos y chicas, apenas adolescentes bañezanos que escogieron las artes de las musas Talía (de la comedia), Melpómene (de la tragedia), Terpsícore (de la danza), Erato (de la poesía amorosa) y Polimnia (de la poesía lírica) por el chateo de bares, las discotecas y el choteo de los pocos años. Eran
estudiantes de bachiller en su mayoría que pusieron los pies en el escenario para sólo dejar esas tablas cuando, en el correr de los tiempos, la carrera o el trabajo desbarató aquella ilusión cultural. El nombre de aquel grupo fue durante casi una década Arlequín de Colores.

Todo empezó en 1980, con motivo de la fiesta de Santo Tomás de Aquino en el instituto de Enseñanza Media bañezano, que aún no había sido bautizado con el nombre actual de Ornia. Aquel gusano artístico no quiso quedarse quieto en aquella función de chavales, porque querían llegar a más gente y se plantearon la posibilidad de independizarse y completar un extenso repertorio.

No voy a decir nombres porque me olvidaría de alguien en los recovecos del baúl de mis olvidos. Solo el nombre de mi hija Clara, una de las protagonistas fijas en aquella loca década de teatro y estudios. Mi hija Clara que era y casi sigue siendo puro teatro, en la actualidad representará a todos sus compañeros. Porque, también es verdad que esa pasión de padre, muchas veces eclipsó al resto de artistas.

Al principio, las obras fueron de Carlos Arniches, Casona o Ana Diosdado. Montando sus escenarios y decorados como buenamente podían con cuatro tablas y algunos trozos de tela. Mientras que el vestuario se conformaba del fondo de armario de las madres y los padres respectivos. Con esos primeros autores recorrieron los teatros de La
Bañeza, Segovia, León o Villablino y obras tan diferentes como ‘Juegos de sociedad’, ‘La señora que no dijo sí’, ‘Miles de payasos’ y ‘Retrato en tiempo pasado’, esta última de Martínez Ballesteros.

Quizá esta última les dio el pistoletazo para presentar la obra a distintos certámenes de León y Segovia, que si bien no llegaron a ganar, les dio muchas más tablas y poder empezar a pedir alguna subvención al Ayuntamiento bañezano, al que sacaron el pago del alquiler del ahora Teatro Municipal. Con ello pudieron salir del ahogo de las deudas y comprar más atrezzos, decorados, luces…

Pero aquellas ganas enormes de hacer teatro, llevando su fantasía juvenil allí donde un escenario y unas cortinas abrían la fantasía de su imaginación, seleccionando obras, repartiendo papeles, discutiendo posturas, colocando focos, mientras se apagaban las luces del patio de butacas y se abría lentamente el telón, para dejar que comience la
farándula. “Con ustedes, Arlequín de Colores”.

Pero la mejor/peor medicina de la juventud es el paso del tiempo. Los estudios superiores y los primeros trabajos dejan el grupo en cuadros la mayor parte del año y solo en las vacaciones del verano, o en las de Navidad intentan preparar algo, como la última que, al menos yo me acuerde, puso fin a aquella ilusión con una recreación de la poesía de Federico García Lorca, centrándose principalmente en el Romancero Gitano. Arlequín de Colores estaba herido de muerte. “Pero yo ya no soy yo / ni mi casa ya es mi casa. / Compadre, quiero morir / decentemente en mi cama”, que decía Lorca en el Sonámbulo.

Después, los que quedaron en La Bañeza reinventaron el grupo con otro nombre, La Currupia. Y creo, sin estar muy informado, que al desaparecer se integraron en el actual El Templete.

Por eso, hoy no quería escribir sobre el teatro. Otros compañeros lo harán. Hoy sólo quería tener un recuerdo para aquellos chavales (hoy cuarentones) que un día tomaron gusto a las tablas del escenario. Con un beso muy grande para mi chica mayor Clara, entonces y ahora, casi puro teatro.

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