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OPINIÓN POR POLO FUERTES
Arihuelas a montones
En este oficio de escribir nunca sabe uno cuándo va a saltar la liebre...
18/06/2009
CON VENTANAS A LA CALLE
...A lo largo de año y medio he sido un asiduo semanal de contar, de opinar, de criticar, de comadrear, de susurrar cosas de la vida de
pipas y caramelos. Sé, por correos que me mandan de casi toda España, de Argentina, de México, de Estados Unidos, de Bélgica, de Suiza, de
Alemania, que todavía hay gente que me lee, que me anima (pobre de mí, a mis años), que me exige seguir con esta columna en leonoticias.com, de la que yo eché mano por la magnanimidad de su director y amigo, Javier Calvo para  matar el gusanillo de lo que fue mi vida periodística hasta la jubilación, hace ahora año y medio.

Pero, cuando menos lo esperas salta la libre y ves que la gente, los lectores, los amigos se fijan en lo más nimio, a tenor de muchas de esas misivas que apuntaba más arriba. A mediados de marzo pasado se me ocurrió soltar una palabreja que no existe en los diccionarios convencionales ni casi en los de las viejas lenguas que ahora están saliendo de las comarcas de León. La palabra en sí es ‘arihuela’. En aquel entonces, en una columna en la que hablaba de la corrupción política, bajo el título ‘¿Será posible tanta ignominia?’, la palabra se intercalaba en esta frase que le da el sentido y el significado que yo heredé de mi abuela Anselma y de mi madre Albina: “Están sacando arihuelas de pan y circo para que nadie hable, nadie debata sobre el tema”.

No voy a dar una conferencia lingüística de leonés ni de bañezano (ciudad de la que eran nacidas y criadas mi abuela y mi madre). La palabra arihuela la usé muchas veces durante un cuarto de siglo de vida periodística activa. Al menos en columnas de opinión, más que en informaciones. Tanto yo, como muchos bañezanos sabemos el sentido y significado  de arihuelas (en singular y en plural), porque de niños la oímos muchas veces. Un sentido, un significado que pasa por el de excusas, cuentos chinos, inventos sobre la marcha para no hablar, para no tratar, para escaquearse de un tema concreto más importante en el momento.

Ese sería el significado que yo he querido dar a arihuelas. Durante estos días he buscado en diccionarios y otros léxicos leoneses de las tierras bañezanas, de La Cepeda, de La Maragatería, de La Cabrera, de La Valduerna, que he tenido que rescatar de las estanterías del recuerdo y no la he encontrado. Tampoco soy un experto en lleunés (no sé si se dice así) ni lo pretendo. Por eso voy a seguir en mis trece y proseguiré sacando a relucir arihuelas, en recuerdo de mis antepasadas, casi más por sentimentalismo que por el propio significado (que también, porque da la casualidad que esta palabra como otras que tengo en la recámara de aquel entonces, dan más empuje lingüístico, más sonoridad a la redacción que si uso una palabra del momento).

He visto que algunos buscadores confunden el palabro en cuestión con la de parihuelas (artefacto para transportar cosas por dos personas, compuesto de dos barras y una plataforma). Pues no. Arihuelas son los charcos en los que se está metiendo el Gobierno de don ZP para olvidarse de la crisis, del paro, de las corrupciones políticas (qué vergüenza). Arihuelas son ahora lo de la píldora del día después, lo del aborto de las dieciseisañeras o las pajinerías de la número tres del PSOE (entre otras).

Zapatero, Zapatero, se le está viendo el plumero como durante una docena de años se lo vimos en León. Su bandera del progresismo, del rojerío se le está desarbolando, porque José Luís Rodríguez Zapatero ha sido, es cualquier cosa menos rojo, menos progresista. Y sino que se asome a las gasolineras y a los estancos (de momento), subiendo impuestos indirectos (como buen conservador de su puesto que es). O sea, pan y circo para despistar.

Esas son Arihuelas a montones. Como decía mi madre cuando llegaba escalabrado (que era lo de menos) y los pantalones rasgados (que era lo de más) y le contaba a ella o a la abuela alguna historia para que se despistasen. Aunque después la zapatilla bailaba descalza un merengue sobre el trasero de este que firma.

Esta es mi pobre lección de lengua arcaica de las tierras bañezanas o de las tierras astorganas, que no he podido encontrar en ninguno de los léxicos que manejo (aunque no los consulte cuando escribo). Como otras muchas que, con el sentido, con el significado, tienen una mayor sonoridad que si  escribiera excusas a montones por arihuelas a montones. Una especie de escolingado del árbol del Román paladino que se hablaba y se entendía en cada casa de esta tierra, poco más de medio siglo atrás. ¿O a lo mejor no?

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