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¿Pero a mí quien me devuelve la fruta, los pimientos, los tomates, las patatas, las habas frejoleras, las cebolletas, las berzas que me arrasó en el huerto la granizada del pasado once de mayo?
Entramos en la recta final de la estupidez hablada, publicada y representada sin que nadie hable de las gentes de la ‘cojonada’, a la que pertenezco desde que, hace cuatro años, colgué los trastos del periodismo activo en la percha de la jubilación. Sí señor, somos ese colectivo que casi nunca coge nada porque nunca llueve a nuestro gusto, el padre sol es un cabrón que calienta cuando no debe, la luna manda heladas a destiempo y el granizo…, ¡ay el granizo!, la perdición total a poco que se junten varias tormentas y pongan patasarriba lo que habías hecho en las últimas semanas. Sin embargo del granizo nadie promete nada. Cagüenlaaaa.
Pero ya veis, mis queridos y sufridos lectores. Nadie dice nada de las gentes de la ‘cojonada’. Con el agravante de que el refranero recalca aquello de “granizada miercolina, una semana y un día”, para más joder los divinos.
Así que a los que nos ha tocado el desastre estamos como para escuchar chorradas políticas. Porque ¿a mí quien me devuelve la fruta, los pimientos, los tomates, las patatas, las habas frejoleras, las cebolletas, las berzas que me arrasó en el huerto la granizada del pasado once de mayo?
Hace ahora cuatro años, con la campaña electoral local y regional concluida y elegidos ya alcaldes, diputados y demás cargos, terminó también mi vida laboral de periodismo activo. Fueron dos meses intensos de toma aquí y tente tieso, de carreras de pueblo en pueblo para llegar de noche a enfrentarte con el ordenador, confeccionar las crónicas correspondientes, mandar las fotos y organizar la cosa para el día siguiente. Vamos, una especie de la jodimos, con ventanas a la calle.
Aquel baile suelto con todas y cada una de las candidaturas en Astorga y La Bañeza, así como en los 58 ayuntamientos restantes de sus comarcas, me daban una panorámica más que buena, cada cuatro años, para tener una idea precisa de por dónde iban a salir los resultados. O casi. Porque al contacto con los candidatos se unía también el de las gentes de los pueblos. Y eso me daba una panorámica y perspectiva de futuro, que algunos aprovecharon para utilizarme de médium, de brujo de vía estrecha, en el que confiaban casi todas sus esperanzas.
Pobre de mí. Y casi siempre acerté, Y si no que lo digan los interfectos (Juanjos, Palazuelos, Miches. Abeles, Aurelianos, Joaquines, Avelinos, Migueles…, y demás alcaldes que ahora cumplen mandatos). Era fácil mi encuesta. Y si fallaba …, ¿qué iba a pasar? ¿No se confunden las grandes empresas encuestadoras y no les pasa nada? Además, tenía la delicadeza de meter mi pronóstico en un sobre que quedaba al cuidado del interfecto que había usado de mis servicios (¿que lo abría?, allá él, y sé positivamente que casi todos abrían el desdichado sobre, sólo por curiosidad, oiga).
Lo cierto es que, con un más-menos uno de error, casi siempre acertaba lo pronosticado. Y eso hace bandera. Como si fuera una especie de aprendiz de brujo electoral, con todas las asignaturas aprobadas. Sin embargo…, ¿a mí quien me devuelve la fruta, los pimientos, los tomates, las patatas, las habas frejoleras, las cebolletas, las berzas que me arrasó en el huerto la granizada del pasado once de mayo?
Sin embargo, este año, algunos de estos futuros alguaciles han intentado ver su futuro en mis experiencias. Pero no he querido opinar, no he querido palpar la suerte en las estrellas. Porque este año no estoy yo preparado para la vida de pipas y caramelos. Solamente en La Bañeza, donde resido y aguanto la cartelería sobre sus paredes me he permito hacer ese pronóstico. Quien me lo pidió ya tiene el sobre de marras. Si lo mira allá él. Pero este año no respondo muy bien de mis adivinanzas, porque… ¿qué puede saber un pobre jubilado que, además, le han congelado (como el carámbano) su pensión, de cosas de campañas, votaciones, recuentos y demás aparatos de eso que dan en llamar urnas para la democracia? Y en Astorga menos, oiga, que lo de Juanjo Perandones sigue pesando lo suyo en la varita mágica de cualquier aprendiz de brujo electoral.
Y para colmo, ¿a mí quien me devuelve la fruta, los pimientos, los tomates, las patatas, las habas frejoleras, las cebolletas, las berzas que me arrasó en el huerto la granizada del pasado once de mayo? Pobre asociación de los de la ‘cojonada’, que ni las bendiciones de San Isidro dan abasto. No te joplera los andóbales.
