Viernes 10 de febrero de 2012 | Actualizado a las 22:16 h.
Enamorados
«Galletas de San Valentín, un dulce perfecto para el 14 de febrero»
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![]() Una joven herida mira a la cámara de Andrés Martínez. (Foto: Andrés Martínez / http://photoamc.blogspot.com/) |
-“Andrés, ¿estás dormido verdad?”
No hizo falta apenas respuesta. La llamada se repitió cuando en España ya oscurecía. El fotógrafo leonés coge el teléfono esta vez en la calle.
-“Me pillas en Nueva York, haciendo fotografías”, respondió.
Seguramente una misma cámara, un mismo objetivo. Pero dos imágenes totalmente distintas. Quien dedica cuerpo y alma y, casi siempre, más dinero del debido en retratar el mundo en el que vivimos y que parece, en ocasiones, tan lejano, ve una imagen digna de ser mostrada tanto en una tragedia sin precedentes como la que dejó el terremoto que asoló Haití e impactó al mundo, como en el paisaje urbano y calmado de una gran ciudad. Un cuerpo y un alma que no se puede alejar de una cámara de fotos, como tantos otros profesionales que esta tierra leonesa ha dado, no importa ni cómo ni cuándo.
La magnitud de la tragedia tras el seísmo de Puerto Príncipe ha llegado a la retina del resto del mundo por las imágenes que nos han ofrecido fotografías y vídeos. Cientos de muertos por las calles, llantos, haitianos desesperados, la solidaridad… Desde el día 13 de enero, los ojos del mundo giraron hacia un lugar casi desatendido. Siete grados en la escala Richter… la destrucción… Demasiado importante como para dejarlo de lado.
Con lo puesto
-¿Llevas el grip de la cámara?
-¿Qué?
-¿Que si llevas el grip de la cámara?
-Ah, no. De hecho, llevo los dos cuerpos sin grip para ahorrar peso, viajo con lo puesto, tio.
-¿Y los calzones, wey?
-Los tuyos, porque acabo de recordar que sólo metí unos de repuesto y se me olvidó buscar los demás...
Parto a Haití, con un acelerón tremendo, después de haber hecho en un cuarto de hora el equipaje y haber salido de casa sin ni siquiera un billete. Dando plantón a los planes más cercanos. Como de costumbre lo único que uno prevee que va a encontrarse es lo que comentan los compañeros. -¿Cuales son tus planes?- preguntaba José Manuel Rodríguez, el primero llegar allí, el segundo hacerme una composición del lugar y encontrar la forma de poder transmitir información y fotos.
Y ahora, sale el "Peli" con que si llevo pastillas potabilizadoras... -ese precario- contesta.
Esto fue lo que escribió Andrés Martínez Casares, fotoperiodista leonés, de 27 años, en su blog, http://photoamc.blogspot.com, durante su estancia en Puerto Príncipe. Él ha sido noticia en ocasiones por ser los ojos leoneses de esas noticias que nos llegan, en ocasiones a cuentagotas. Él pone la imagen, y la pericia de un profesional le ha llevado a estar presente en los acontecimientos más trascendentes de varios puntos de este planeta, esencialmente en Sudamérica, donde reside ahora. La misma vocación y sentido de la profesión que le llevó a viajar a Haití a las pocas horas del seísmo “con lo puesto”. El destino de su trabajo, la Agencia EFE, y los diarios Público y El Mundo y “a quien se presta”.
“Ya sabes cómo son esos temas. Realmente no sabes lo que vas a encontrar. Cometí el error de ir con lo puesto. No había tiempo, no dio tiempo a comprarlo”, relata. Esas primeras horas fueron tensas. Dónde dormir, qué comer, cómo enviar las fotografías… Pero, sobre todo, prepararse para la tragedia. “Sí te lo esperas, pero no sabes la reacción que vas a tener. Sabes que hay gente muerta, que huele mal, que hay niños perdidos buscando a sus padres… Pero no sabes cómo van a ser tus emociones en todo momento. Aunque hayas visto más muertos, llegas allí a ver la gente trabajando, como en un colegio con siete aulas de 40 niños, todos muertos. Te llegan las lágrimas a los ojos. No lo puedes controlar”.
Un buen día en Haití
Sobre un mostrador del aeropuerto, aguantando durante todo el día los hedores de la muerte, y la tristeza de lo que se ve y se vive, no hay foto que exprese como uno tiene que aguantar sus lágrimas en ocasiones...
Andrés Martínez valoraba así la situación en su blog, dos días después del terremoto y con los pies sobre una tierra que aún rezumaba réplicas del horror. Era el día 15 y el trabajo comenzaba y las necesidades aparecían.
Llevo tres días con la misma ropa, sólo me he cambiado los calcetines para evitar que me saliesen más ampollas. Ayer comi dos barritas de cereales y unas galletitas saladas. Hoy robé una lata de cooperación española para desayunar, ¡Garbanzos!. Un bombero de la Comunidad de Madrid nos invitó a melocotones en almíbar, y un militar de la UME se tiró el rollo invitandome a una ración de la que compartí con un compañero un par de latas. Además unos compañeros de Telemadrid me han dejado dormir en su tienda de campaña porque a ellos se le había quedado pequeña. Es un buen día. Sólo falta que me pueda duchar!
En Haití, un buen día es aquel en que desayunas garbanzos en lata recogidos de una caja de cooperación abandonada y el segundo plato es un melocotón en almíbar. Un buen día es aquel en el que puedes compartir alimento con otros compañeros y duermes en una tienda de campaña. Una situación nada cómoda pero más agraciada que las personas que padecen la tragedia del terremoto.
“Hasta ahora sí, es lo más duro que he visto. Es gente que no se lo ha buscando, no se ha metido en medio de un tiroteo o algo así. Estaban tranquilamente en sus casas y, de buenas a primearas, una ciudad se viene abajo. Muchos de ellos se han quedado sin sus posesiones y se tienen que buscar la vida en un país así”, lamenta.
Además, en situaciones así, es duro separar la profesionalidad de los sentimientos. La desesperación de quien lo ha perdido todo y de quien ahora lo que marca su vida es el miedo, el hambre o la sed hace mella en los ojos de quien lo ve como ajeno.

Desesperados, en busca de agua. (Andrés Martínez / http://photoamc.blogspot.com/)
“Se señalaban a la tripa: ¡dame algo que tengo hambre!”
“En general, hacia nosotros el comportamiento de los haitianos era bueno. Algunos querían sacar tajada obviamente. Pero todos pedían lo mismo, comida y agua. Estaban sin nada. No había agua corriente ya en algunos sitios. Conseguir agua costaba un dinero que muchos no tenían y es complicado. Hablan en un idioma que no lo entiendes, aunque nos comunicábamos con alguna palabra en francés. No te entendían y se señalaban a la tripa diciendo: ¡dame algo que tengo hambre! Yo pensaba que no estoy en la misma situación, pero no tengo nada para darle… Y sabes que vas a estar unos días, y te vas a ir y vas a poder recuperarte. Pero a esa gente la dejas allí, en improvisados campos que montan en lo parques”.
Un panorama duro. Sin embargo, Andrés Martínez recuerda otras situaciones cargadas de sensaciones. “Vi un rescate que realizaban españoles y colombianos. Llevaban muchas horas rescatando a una mujer. La metieron en la camilla, pero la gente en vez de descansar siguió buscando porque había indicios de que otra persona estaba allí. Los Bomberos tuvieron un comportamiento ejemplar. Es apasionante ver gente con auténtica vocación dispuestos a verse metidos en agujeros a punto de derrumbarse. A ese trabajo habían ido, y no podían irse de allí”.
Precisamente, una de las cosas más duras que Andrés confiesa haber visto en Puerto Príncipe fue ver a Paco, el jefe de expedición de los bomberos de Castilla y León, después de un rescate que no pudieron terminar. Hubo disparos en las cercanías por los pillajes y las revueltas ante la situación desesperada de los hatianos. Los cascos azules de la ONU les dijeron que era o su vida o la de la persona que iban a rescatar. “Ver a esos hombretones con la cara descompuesta por no poder rescatar a una niña de 14 años de los escombros… Son inevitables las lágrimas”.
“Es duro mirar a los ojos a esa gente”
El fotógrafo leonés captó con su cámara imágenes de todo tipo. Muchas de ellas de esas miradas perdidas de las personas que lo han perdido todo en un mundo en el que prácticamente nada tenían ya. “Para mirarle a los ojos a la gente, hay que tener mucho valor. Mirar a los ojos de por sí, es de gente valiente, pero mirar a los ojos a esa gente teniendo más de lo que les queda a ellos, es muy duro”.
Pero de todas las fotografías, él no se queda con ninguna. Seguramente la mejor instantánea, la que está más llena de significado es la que le ha quedado en su propia retina. La verdadera imagen del horror, probablemente, no sea sólo cuestión de imagen.
“Al principio, lo que más te impacta es ver a los muertos y la gente pasando al lado. Es duro cómo la gente se tiene que acostumbrar a ver muertos tirados en la calle. Es rizar el rizo”.
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