Opinión
OPINIÓN POR BEATRIZ SAN MILLÁN PÉREZ
Amor romántico, adolescentes y control
Los adolescentes aún creen en el amor romántico. Los adolescentes… y, también, muchos adultos. Tenemos la idea de que el amor romántico es el príncipe azul, perfecto, que se ocupa de la mujer para que nada le falte, que es romántico y que acompaña siempre, siempre a su mujer. Por supuesto, la mujer debe esperar a que llegue este príncipe azul y que la corteje.
28/11/2013
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LA NARANJA MECÁNICA

Los tradicionales roles de género siguen muy instalados en nuestra sociedad y aún creemos en los cuentos idílicos de príncipes que rescatan a princesas porque ellas no saben defenderse por sí mismas. 

El hecho de que los dos miembros de la pareja estén siempre juntos a pesar de todo y de todos a veces se confunde con el control y con una creencia bastante irracional: “si nos queremos tenemos que estar siempre juntos” que lleva a pensar que “si no está conmigo es que no me quiere” y de ahí pasamos al “si no me quiere seguro que está buscando a otros (u otras)”. Con lo que ante estas ideas no nos queda más remedio que sentirnos inseguros y dejar que afloren los celos. Y, una vez que afloran, aparece el control, las exigencias y los castigos por la “desobediencia”.

Debido a que las mujeres han sido a lo largo de la historia el objeto pasivo de la relación también están más acostumbradas a quedarse en su jaula de cristal mientras que el príncipe azul va a buscarse la vida. Por lo tanto, el problema fundamental viene cuando ellas salen de su pecera y se incorporan a la vida real, donde ya no son un objeto pasivo sino que tienen iniciativa, deseos, ilusiones, metas, etc. En consecuencia, el príncipe tiene que duplicar o triplicar sus esfuerzos para tener controlada a su, hasta entonces, Bella Durmiente.

Puede que esto nos suene anacrónico y fuera de lugar, algo pueril y simple. Pero la realidad es que este cuento que parecía ya superado parece reflotar en los adolescentes de hoy en día. El último informe que ha realizado el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad al respecto, indica que vuelven a aflorar las ideas machistas y que los y las adolescentes comparten muchas de estas ideas que se engloban bajo el “mito del amor romántico”. 

Sigue habiendo acoso, control de la otra persona, aislamiento social e, incluso, violencia física, sexual y emocional. Existe un elemento poderoso que constituye un arma fundamental en este proceso de malos tratos hacia la pareja, internet. 

Aprendimos lo que era el bullying y luego lo que era el ciberbullying o acoso cibernético. Simultáneamente, esto se ejerce también sobre las parejas adolescentes de forma que tienen que rendir cuentas de lo que hacen constantemente vía chat o demostrándolo con fotos o videollamadas. Por increíble que parezca, existen aplicaciones donde podemos comprobar dónde está un determinado dispositivo a través de la geolocalización. 

Y cuando se produce un instante de incomunicación aparece el acoso como tal, en la que el miembro controlador de la pareja insulta, desprecia en privado y en público (a través de redes sociales) o amenaza al otro convencido de que le está siendo infiel y riéndose en su propia cara. 

Seguramente nos preguntemos cómo es posible que esto ocurra a distancia. Cuando constantemente alguien está obligado a dar explicaciones y las da sin problemas porque “los celos son una muestra de amor” se queda sin tiempo para otras cosas con lo que se va apartando de sus amistades. Si progresivamente va perdiendo su red social y sólo sale cuando queda con su pareja ese control se convierte en un alivio porque aún tiene a alguien con quien contar y ese alguien, además, es su príncipe azul. 

Las amenazas y los ataques de celos sólo le dan que pensar que no lo está haciendo bien y se esfuerza por darle más y más pruebas de amor que son más derechos sobre su intimidad.

Por otro lado, las amenazas son cada vez más fuertes y en cualquier momento la pareja puede presentarse en casa y hacerle algo. Y cuando están juntos le revisa el teléfono, el correo, los mensajes, las fotos, etc. de arriba abajo para comprobar que se ha portado bien en su “ausencia”. Por supuesto, quien lo decide es quien controla así que si algo no le parece correcto todo esto se incrementará pudiendo llegar a los golpes. 

Este proceso comienza siendo normal por aquello de los celos y el amor verdadero y, cuando deja de serlo, se encuentra en un agujero sin fondo con la sensación de que es imposible salir de él.

Beatriz San Millán Pérez

@PsicoBSM 

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