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Por eso, yo creo que este año, los Procuradores de la Tierra de la Maragatería, de la Cepeda, de la Vega y de la Sequeda se durmieron en los laureles. Había sido un invierno de aguas y nieves (al menos, en alguna parte de la provincia). Pero al año de nieves hay que ayudarlo con rogativas para que sea año de bienes, si al final de ese invierno y principio de primavera no llueve.
Así y todo, adelante con los faroles. La Virgen del Castro, la Virgen de la Lluvia ya está en Astorga apañando rogativas en un novenario multitudinario. El día de San Isidro, patrono de los labradores, salió de su sede en el monte de Castrotierra, camino de la capital de la Diócesis, acompañada de pendones y pendoneros, de cruces y cruceros, de rezos y cánticos, como mandan los cánones desde hace más de 15 siglos. A tenor de lo que dice la tradición, cuando en un año de sequía intensa los agricultores de estas tierras pidieron a Santo Toribio, obispo de Astorga, un milagro para salvar un mínimo las cosechas de pan y pasto: “Sacad la Virgen del Castro en procesión hasta Astorga, rezarle una novena y volvedla después a su santuario”, dijo el santo prelado, tras volver de su autoexilio por divergencias con el Cabildo catedralicio. Y se obró el milagro.
Yo he sido muchas veces testigo de ese milagro, desde que a primeros de los años 80 del pasado siglo me hice cargo de la corresponsalía de La Crónica de León en Astorga y La Bañeza. Soy poco dado a las parafernalias procesionales y, como ya he dicho alguna vez, un poco iconoclasta. Pero las procesiones (de ida y vuelta a Astorga) de la Virgen de la Lluvia son otra cosa.
De momento, es un largo cortejo de 17 kilómetros, siguiendo la ruta de viejas calzadas romanas (de Asturica a Bracara o de Asturica a Emerita) que, en esta ocasión toman el nombre de Camino de la Virgen, entre Castrotierra de la Valduerna y la ciudad bimilenaria. Un cortejo cuajado de cromatismo y religiosidad que abren cerca de medio centenar de pendones de los pueblos de estas comarcas diocesanas. La tradición se funde con la historia, la leyenda y alguna que otra blasfemia a poco que portadores y venteros no se pongan de acuerdo para mantener la verticalidad de estas banderolas que, en muchos casos sobrepasan los quince metros de altura. Otras tantas cruces procesionales son portadas por hombres y mujeres de rostros marcados de surcos del quehacer diario, arropando a la imagen de la Virgen del Castro, con cánticos, rezos y letanías durante todo el trayecto.
Miles y miles de romeros toman los encinares de los pueblos de Castrotierra, Toral de Fondo, Riego de la Vega, y todos los la comarca de la Sequeda, hasta salir a la vieja carretera Nacional VI, por la que tienen que discurrir aún otra media docena de kilómetros, hasta llegar a las puertas de Astorga, en la barriada de San Andrés. Subir por Puerta Sol, hasta llegar por el camino de los peregrinos hasta la Santa Catedral, a la que hay que entrar al ponerse el sol.
Y vuelta a los nueve días desandando lo andado. Y el milagro surge siempre. A veces el mismo día de la salida. Otras, durante la novena. Casi siempre a la vuelta. O todas a la vez para llover sobre mojado. Más de un año ha pasado que desde el mismo día de la votación por los Procuradores de la Tierra (una decena de hombres buenos de cada uno de los pueblos elegidos para este fin que, a la postre se ha hecho hereditario su cargo), la lluvia ha sido la mejor cortina para agradecer a la Virgen de la Lluvia el haber salvado in extremis las cosechas.
Muchas de estas gentes que conforman el cortejo, la larga procesión son rudos agnósticos. Algún que otro ateo ilustrado. O simplemente, no practicante. Pero en llegando estas fechas en las que la Virgen del Castro sale a buscar el agua de la lluvia, la fe se hace presente en rezos y contestación a las letanías (lo mismo en latín que en castellano), hasta conseguir el milagro.
Así y todo, para los labrantines de las vegas, el agua del cielo seguirá sin quitar riego, y habrá que dar cuerda a los aspersores, o apresar surcos para regar a manta. Porque ellos son los hidalgos (casi siempre pobres) de la tierra de labranza, los que saben de otros cultivos que no sea pan, cebada, avena o centeno. Que necesitan mucha más agua (o más a menudo). Pero se unen al clamor de sus compañeros de oteros y lomas para rezar a la Virgen de la Lluvia, que este domingo, vuelve a su santuario de Castrotierra. Ora pro nobis.
