Opinión
OPINIÓN POR BEATRIZ SAN MILLÁN PÉREZ
Aborto, mujeres, tren de la libertad y derecho a decidir
El pasado sábado llegó a Madrid el “Tren de la Libertad” para mostrar el rechazo a lo que pretende ser la nueva ley del Aborto en España. El acto surgió de un grupo de mujeres pertenecientes a asociaciones que luchan por los derechos, la igualdad y el respeto hacia la mujer. Como no podía ser menos, también se manifestaron esta vez para preservar el derecho a decidir ante un aborto.
06/02/2014
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LA NARANJA MECÁNICA

Lo que sorprende es que la idea partió de mujeres con una media de edad que dista mucho de la edad de procrear. Son mujeres que ya no tendrían ninguna preocupación por este tema porque saben que ya no van a padecer en primera persona los efectos de esta ley. Sin embargo, estas mujeres ya lucharon una vez por conseguir que el aborto no fuera delito cuando sí estaban en edad fértil. Son mujeres que vivieron una época de represión en la que no podían criticar ni oponerse a nada pero que, en cuanto vieron la oportunidad, salieron a la calle a reivindicar sus derechos. 

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¿Qué les pasa a los jóvenes? Parece que no se respira entre la juventud ese aire reivindicativo ni entre hombres ni entre mujeres. En la manifestación, por supuesto, hubo presencia de los dos géneros y de todas las edades. Pero no deja de ser curioso que quienes llevaron la iniciativa fueran aquellas que ya lucharon una vez por este mismo tema, el aborto, y que consiguieron avanzar en sus derechos.

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La experiencia les dice que hay que luchar para conseguir lo que se quiere. En cambio, los jóvenes no tienen esa experiencia. Seguramente ese día algunas mujeres estaban intentando sobrevivir a sus malas condiciones de trabajo o buscando un empleo o, bien, estaban demasiado ocupadas con sus móviles de última generación o con el programa de cotilleos de la televisión. Otras sí que se lanzaron a la calle.

El motivo de la pasividad es que la vida para ellas (y ellos) no ha sido una continua lucha y están acostumbrados a que las manifestaciones se hacen a posteriori, cuando ya ha pasado algo, como los atentados de eta. Y si se manifiestan por un objetivo se topan con la ignorancia y la indiferencia más absoluta como fue el caso de la guerra de Irak. Con lo cual la experiencia no es muy fructífera para los jóvenes.

No obstante, el tema del aborto no se puede tomar a la ligera porque trata de reducir a la minoría de edad o a la incapacidad a las mujeres. Si dejan de manifestarse por considerar que no es efectivo callarán y callando no les quedará más remedio que aceptar lo que les imponen. Las madres y las abuelas no van a estar siempre para defenderlas y, antes o después, tendrán que tomar las riendas de la lucha por su independencia.

El estado de indefensión en el que se encuentran les lleva a creer que no pueden hacer nada por cambiar la situación. De esta forma, se colocan desde el primer momento en una posición de sumisión de la que es muy difícil salir. Así, sumisas y sin facilidades para conciliar su vida laboral con la familiar se verán en la encrucijada de elegir y renunciar a una parte de su vida. Si esta elección entre ser madre y trabajar ya es algo excluyente en multitud de ocasiones ahora, con la ley del aborto, puede convertirse en una auténtica condena. Tener hijos en las condiciones que sean es contraproducente porque puede incrementar el maltrato hacia los hijos por la frustración que se puede acumular en las madres (e, incluso, en los padres).

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La ley del aborto no es más que una idea religiosa convertida en tabú por creer que la eugenesia es algo malo. Existe una diferencia importante entre tener hijos a la carta, posible en las clínicas privadas para quienes se pueden permitir pagar altos precios por sus servicios; y la eugenesia que trata de evitar el sufrimiento a las propias personas y a quienes se encargarán de cuidarlas el resto de sus vidas.

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Cuando hablamos de aborto hablamos de los hijos no deseados que pueden acabar abandonados, de los hijos con deficiencias leves que pueden llegar a tener una vida normal o no y de hijos con deficiencias muy graves que podrían estar prácticamente toda su vida en estado vegetativo. Muchas personas que entran en este estado por causa de un accidente o de una enfermedad preferirían la eutanasia ante esta situación, cosa que la religión cristiana tampoco permite.

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Así pues, tanto con el aborto como con la eutanasia, nos encontraremos en una situación de gran sufrimiento que no podremos remediar ni antes ni después pero que mantendrá ocupada a buena parte de la población sin protestar.

Beatriz San Millán Pérez

@PsicoBSM 

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