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Ángel Rufino de Haro, "El Mariquelo": "Estoy cuerdo y tengo los pies bien puestos en la tierra"
A punto de afrontar las bodas de plata como Mariquelo, el músico y folclorista Ángel Rufino mantiene intacta la valentía que cada año le lleva a lo más alto de la Catedral de Salamanca desde que reinstaurara la tradición casi por casualidad
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J. G. Trevín       30/10/2011
Aunque el tiempo, en ocasiones, no acompañe, miles de personas se dan cita cada 31 de octubre al pie de la Catedral de Salamanca para ver la puesta en escena de un acto, a mitad de camino entre lo teatral y lo sacro, que al Cabildo catedralicio le agrada cada vez menos porque pone en juego la vida de “un buen charro” sin miedo pese al evidente riesgo que supone ascender hasta la parte más alta del principal templo salmantino. Pese a que en el pasado hubo dudas, ninguna adversidad ha podido con la voluntad férrea de un hombre que, en plena búsqueda de un digno sucesor, no deja de soñar con lograr otras gestas dispares y aparentemente inalcanzables. Sin embargo, si alguien puede lograrlas ese es ‘El Mariquelo’.¿Alguna vez le han pedido que sea ésta la última ascensión?

Sí, la mayoría de veces me lo piden. Dicen que este 25 aniversario es un buen momento para dejarlo. Sin embargo, mientras tenga salud e ilusión y no me pongan mucho impedimento, seguiré haciéndolo.

Sin embargo, a medida que uno cumple años el físico se resiente, ¿no tiene en mente una fecha de caducidad para Ángel Rufino como Mariquelo?

En absoluto. Pueden ser 20 ó 25 años más o sólo dos; depende de las circunstancias pero en principio no hay fecha para dejarlo.

Muchos se preguntan si usted está loco

No, en absoluto. Aunque soy consciente de que viéndome subir más de uno lo pensará, estoy cuerdo y tengo los pies bien puestos en la tierra pese a que mi límite siempre es el cielo.

¿Cómo se prepara para el reto de cada 31 de octubre?

Antes lo hacía en un par de meses, ahora estoy todo el año preparándome física y psíquicamente porque hay que estar con los cinco sentidos puestos en lo que uno hace

¿Cómo vive los días previos?, ¿qué le preocupa?

Lo que más me inquieta es la gente. Vienen personas de fuera a verme y me gusta que estén cómodos, algo más complicado cuando hay mal tiempo. También me preocupa que mis animales sufran con las inclemencias climatológicas. En lo que a mi respecta, cumplo la tradición de cualquier forma esté como esté el día.

¿Orgulloso de volver a cumplir?

Sí, satisfecho por poder realizar la acción de gracias un año más sin olvidarme de todos los que han ayudado a que se consolide la tradición en todos estos años. Muchos han colaborado conmigo y eso es algo que me enorgullece.

¿Hay sucesor para ‘El Mariquelo’?

No. Tengo unos alumnos jovencillos a los que he intentado inculcar lo que hago pero suben hasta la última baranda de la catedral, miran para abajo y luego dicen que eso no es lo suyo. También he probado a ex paracaidistas que, al llegar a la última parte, dicen que debo estar loco por hacer lo que hago

¿Quién es ‘El Mariquelo’?

Un personaje que procede de la tradición nacida en 1755 cuando se produjo el terremoto de Lisboa. El temblor sacudió toda la Comunidad, la gente pensó que aquello era el fin del mundo y corrió a refugiarse en la Catedral. Todas las campanas sonaban sin que nadie las tocara, incluida la del reloj, que está en el cupulín del templo y que únicamente se puede hacer sonar si sales por fuera. Como no hubo víctimas del seísmo, el cabildo catedralicio promulgó un edicto en el que establecía que la víspera de Todos los Santos, una persona subiría a tocar esa campana en señal de gratitud hacia Dios y, al mismo tiempo, ascendería hasta el pináculo y comprobaría el estado de la torre, por si se producía alguna inclinación, algo que hasta hoy no ha sucedido. Esa tradición se mantuvo hasta 1976 y yo la recuperé y la acrecenté en 1987 porque subí hasta la bola que sustenta la veleta desde la que interpreté una charrada compuesta expresamente para ese momento. Además, ese instante lo aprovecho para pedir por los que más lo necesitan de manera que este año me acordaré de todas aquellas personas afectadas por la crisis y especialmente de quienes, además del trabajo, han perdido sus casas. Me gusta dar ánimos y esperanza a la gente.

Es un personaje, pero ‘El Mariquelo’ le acompaña todo el año

Sí, porque mi labor pasa por difundir la cultura tradicional y así lo hago no sólo por España sino también en otros países como embajador cultural

¿Y quién se esconde tras El Mariquelo?

Ángel Rufino de Haro, un joven que nació el 1 de septiembre de 1963 y que sigue viviendo la vida alrededor de lo tradicional en torno a lo que gira todo. Si no me dedicara a eso, seguiría en la brigada paracaidista del ejército.

¿Qué le llevó a recuperar esta tradición?

Mis padres vivían en el barrio de La Latina. Como está cerca de la Catedral, yo recordaba vagamente que alguien subía allí y que después se asaban castañas. Aquello me quedó grabado. Con el paso de los años, hablé con el cabildo para que me dejaran subir. El primer año lo hice unos días antes del 31 de octubre con un amigo y al llegar al último tramo miré hacia abajo y pensé lo mismo que piensan quienes intentan sucederme ahora, que allí no llegaba. Logré tranquilizarme, me animó mi amigo y subí hasta la bola. Después me pidió que llegara a la veleta. Lo hice, y como siempre llevo a la cintura una gaita y una porra, las dejé colgadas de la veleta en un gesto sin más pretensiones. Lo curioso es que al día siguiente me sorprendió leer en la prensa que se había reinstaurado la tradición de ‘El Mariquelo’, y así lo reinicié.

Ha vivido momentos de verdadero peligro durante la ascensión, ¿cuál recuerda especialmente?

En una ocasión, ya en el pináculo, me fie de una piedra que me jugó una mala pasada y se me escapó un pie por un exceso de confianza pero aquello fue un lapsus. Cuando subo, siempre tengo tres puntos fijos de apoyo y es el cuarto el que se mueve para ir ascendiendo. La actividad está controlada. Se basa en la concentración; en tener los cinco sentidos puestos en ello.

¿Cómo se ve la vida desde la veleta de la catedral?, ¿da tiempo a pensar en algo o alguien?

Se ve el primer balcón de la Plaza Mayor. Para ver la ciudad debes mirar a los pies. Ves el campo y en días claros hasta la Sierra de Francia. Me impresiona ver a la gente debajo observándome. Recuerdo hace años, en un día de lluvia, el colorido de todos los paraguas. Cuando los veo siento orgullo por lo que represento. Brindar esperanza aunque sea de forma efímera me llena de orgullo.

¿Es allá arriba el momento del año en el que más libre se siente?

Sí, es algo que me da una libertad total. De forma efímera estoy liberado de todo y me siento henchido de fuerza e ilusión. Es complicado explicarlo con palabras

¿Qué le parecen las medidas del cabildo catedralicio al obligarle a llevar arnés e impedirle desde hace dos años subir hasta la veleta?

No tiene sentido pero ellos me lo imponen, son los que mandan y no queda más remedio que respetar las normas.

Hace seis años, un accidente casi acaba con usted, ¿cómo recuerda aquello?

Ese día volví a nacer y lo celebro como un segundo cumpleaños. Caí de un álamo al que subía a poner una palma. Llovía y resbalé. En la caída, de aproximadamente 15 metros, me rompí nada menos que la aorta. Fue un milagro sobrevivir porque hay una posibilidad entre un millón de librarse y, sobre todo, por las circunstancias ya que estaba en un pueblo. Tuvieron que evacuarme en helicóptero y volví a nacer.

Y pese a todo, aquel año volvió a subir cuando pocos apostaban por su regreso

Así es. Por encima de todo está la tradición. El calor, el frío, el hambre, el sueño y el cansancio para un buen charro son estimulantes.

¿Lo hizo contra la voluntad de los médicos?

Sí, claro. Me dijeron que no se me ocurriera y que si lo hacía estaba loco, pero cumplí la tradición.

Desde hace unos años, su gesta se puede ver en directo por televisión, ¿cambiaron las retransmisiones televisivas la percepción que la gente tenía de ‘El Mariquelo’?

Los medios son muy fidedignos en sus retrasmisiones y gracias a ellas la gente me valora más, creo, como persona que como Mariquelo.

Más allá de ‘El Mariquelo’ ¿cómo se le explica a la gente haya personas que, como usted, puedan vivir del folklore tradicional?

En mi caso, rehusé el trabajo como profesional del ejército cuando me ofrecieron una plaza para dar clases de gaita y tamboril en la Diputación de Salamanca. Junto a eso, cada verano recorro los pueblos junto a mis caballos difundiendo la cultura mediante la interpretación de recitales, coplas de ciego y un sinfín de actividades.

¿Existe la rivalidad entre folcloristas?

Me llevo bien con todos aunque, como en todos los oficios, también hay enemistades. Tu principal rival es el de tu gremio.

A punto de presentar su octavo disco, ¿qué destaca de su faceta como músico?

Este último trabajo, titulado ‘Horizontes’, tiene tintes flamencos con algo de jazz. Es muy diferente a lo que he hecho hasta ahora pese a alguna incursión pasada en las nuevas músicas. De cara al futuro espero que se hagan realidad otros planes.

…porque nunca deja de tener metas

Es lo importante, tenerlas a corto y largo plazo. Me encantaría grabar con la Orquesta Sinfónica de Bratislava, un proyecto tras el que ando desde hace tiempo, pero que se está ralentizando a causa de la crisis. Además, otra de las cosas que quiero hacer es saltar en paracaídas sobre la Plaza Mayor.

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