Lunes 21 de mayo de 2012 | Actualizado a las 13:22 h.
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Cincuenta mil son muchas visitas; son más de 150 veces 300, que era el número de los espartanos que cerraron el paso a los persas en las Termópilas. Algún día hablaré de Leónidas y sus esforzados lacedemonios. Cincuenta mil son cinco veces más que la expedición de los diez mil de la Anábasis de Jenofonte, que yo leía a los 12 o 13 años y que me impresionó tanto. Algún día hablaré de Jenofonte. Cincuenta mil son 1250 veces más que los ladrones de Alí Babá, aunque, muy probablemente, no tantos como los ladrones que hay entre los políticos y los banqueros de nuestro país. Algún día hablaré de Alí Babá y sus ladrones y del libro de las Mil noches y una noche y de Galland y de Richard Burton (el auténtico, no el actor impostor). Pero antes de hablar de tantas y tantas cosas tengo muchas otras cosas pendientes. En la próxima entrada pensaba contar una historia relacionada con los asesinos y el Viejo de la Montaña, pero la voy a posponer para disertar acerca del giro de Benedicto XVI sobre el Purgatorio (que ya no es donde van los que contraían purgaciones, sino otra cosa, como veremos). En fin, que nadie crea que he vuelto a las andadas con mi anticlericalismo. No va por ahí. En unos días espero tener lista la nueva entrada. Un poco de paciencia, porque tengo muchos frentes abiertos.
Así que, por el momento, cincuenta mil abrazos a cada uno de vosotros y cincuenta mil gracias a todos (o sea como las tres gracias de Rubens o de Boticcelli pero a lo bestia. Por cierto, algún día también os contaré cosas de Boticcelli).
