Lunes 21 de mayo de 2012 | Actualizado a las 13:22 h.
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Fue una tarde memorable en la antigua plaza del ganado, la Plaza de San Roque, en la que por aquel entonces tenía mejores concomitancias romanas, como era la subida del Postigo o la escalerota de cantos rodados. A la llamada del Ayuntamiento que, en aquel entonces presidía aquel falangista, camionero y ‘Canalla’, llamado Recaredo Bautista Suárez, apoyado por los socialistas de Juanjo Alonso Perandones.
La ocasión la pintaban de colores, porque durante todo aquel año se estaba celebrando en Astorga el Bimilenario de Asturica Augusta y había que meter en la programación de las fiestas de Santa Marta una referencia de juerga a la seriedad histórica, patrimonial y cultural, según los parámetros del teniente alcalde, Juanjo Perandones y la imaginación del concejal de Fiestas Juan Pablo Álvarez Villalibre.
Fui testigo de cargo y de carga, notario y escribiente de aquel primer Circo Romano de los Juegos de Asturica Augusta de una Plaza de San Roque completamente abarrotada de romanos, esclavos, gladiadores, matronas, patricios, en las personas de casi todos los astorganos (siempre hay alguno que pasa de juergas históricas). Y por paradójico que parezca se podía ver a patricios con cámaras y relojes japoneses, plebeyos con enormes habanos humeantes, vestales y matronas fumando
rubio americano o negros que desteñían.
Un circo romano con fieras, gladiadores y cuadrigas. Hermosas mujeres artúricas ricamente ataviadas y bien provistas de joyas. Fuertes y aguerridos soldados y gladiadores. Tiernos y planchados patricios, senadores, algunas egipcias rompiendo corazones o representantes de otras ciudades augustas que ese mismo año se habían hermanado con Asturica.
Sin embargo lo que no hubo aquella primera edición de los juegos de Asturica Augusta fueron astures. Y tardaron varios años en llegar. Y es que, según cuentan las crónicas, los romanos habían colonizado esta comarca a base de absorber de alguna forma las culturas de los pueblos que conquistaban y los pocos astures que podían asistir a la fiesta ya habían asimilado la cultura, las bondades y los vicios de Roma.
Aunque, ahora se zurren la badana cada año por el mes de julio, fuera ya de la programación agosteña de Santa Marta. Juerga que después se ha diversificado con el paso de los años, pero que tuvo como primer ensayo aquellos primeros carnavaleros que, cada año, en el mes de febrero (o marzo) se acercaban hasta la vecina ciudad de La Bañeza (después lo perpetuaron en los desfiles y programaciones de La Piñata, cuando ya la cuaresma ha iniciado su libro de ruta) y que fueron los que pusieron el broche de oro, para desarrollar, de alguna forma, las ideas calenturientas de Álvarez Villalibre.
Precisamente, el primer Caesar Augusto de la fiesta romana fue un conocido carnavalero astorgano, Emilio Santos, el Pertiguero de la Catedral Asturicense. Fue este buen amigo, desaparecido pocos años después, el que me dijo “¿qué nombre podría escoger con tintes latinos?”. A lo que yo, dentro de mis conocimientos de la lengua del imperio le espeté: “Has de hacerte llamar Caesar Augustus Emilius
Primus, Pertiguerus” (“no me llames primo que ya tengo bastantes sobrinos”). Nombre con el que se le conoció hasta su desaparición, siendo sustituido por el actual, José el Relojero, con el nombre ‘Caesar Josefus Orologius Primus’.
La suerte está echada. Astures y romanos de Astorga ya son Bien de Interés Turístico Regional. Una fiesta que nació hace 25 años, de la mente calenturienta de un concejal de Fiestas y que enseñó a los astorganos a disfrutar de sus fiestas de Santa Marta, a participar activamente en el espectáculo histórico, patrimonial y cultural.
Aunque algunos siguen pensando que no deja de ser un carnaval estival. Porque siempre tiene que haber gente para todo en esto de la opinión.
Vamos, digo yo.
