Jueves 09 de febrero de 2012 | Actualizado a las 19:18 h.
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Patricia salió el pasado 17 de abril de Perpiñán, una ciudad francesa situada muy cerca de los Pirineos catalanes, con el objetivo de llegar hasta Santiago de Compostela, dirigirse luego “al mar” y regresar a su casa en Baho, una pequeña localidad junto a Perpiñán, probablemente por el Camino del Norte, todo acompañada por sus fieles animales. “Son mi familia”, afirma.
“No sé por qué lo hago, fue una inspiración, quizás divina”, apunta la peregrina, quien explica que trabajaba de delineante en un estudio de arquitectura y hace poco se jubiló. “En febrero pensé que podía hacer el Camino a caballo porque ahora estoy bien físicamente pero ya tengo 60 años y quizás el próximo año no pueda recorrerlo”, indica, añadiendo que dos meses después ya tenía todo dispuesto para su largo trayecto, en el que ha tenido que afrontar todo tipo de dificultades por la compañía elegida.
“Es muy difícil hacer el Camino de Santiago con dos caballos porque no suele haber sitio para ellos”, asegura Patricia, quien indica que se apaña como puede para darles de comer y para descansar los tres, muchas veces fuera de poblaciones. “Si no tienes experiencia de estar sola con ellos en el campo sería casi imposible”, apostilla.

Patricia Nomico, de Perpiñán (Francia), en el Camino de Santiago a caballo. (Foto: Leticia Pérez)
Uno de los problemas a los que debe enfrentarse es que con los caballos no puede atravesar ciudades como Burgos y León, así que tiene que salirse de la ruta jacobea y buscar vías alternativas. Además, ‘Magie’ va cargada con un voluminoso equipaje, que incluye comida para los animales por si no encuentra hierba para alimentarlos.
Por otra parte, realizan “muy pocos kilómetros al día, unos 25”, ya que los caballos son mayores. “‘Flamenco’ tiene 17 años y ‘Magie’, 16. Vamos tranquilos porque quiero que vuelvan a casa con buena salud”, señala Patricia, quien explica que hace diez años que los tres viajan juntos. “Todos los años hacíamos alguna ruta y también montaba los fines de semana; los conozco muy bien, sé cuándo les pasa algo, tienen hambre o sed”, apostilla.
Pese a todas las dificultades, se muestra encantada con su aventura. “Me lo estoy pasando muy bien”, asegura, convencida de que recorrer el Camino de Santiago es “mejor que estar metida en casa enfrente de la televisión viendo lo que pasa en el mundo”, una vida que considera “muy triste”. “Aquí no sé lo que pasa en el mundo y me da igual”, resalta la peregrina, quien no quiere fijar una fecha de regreso a su vida de jubilada. “Tengo permiso de mi pareja para irme todo el tiempo que quiera”, bromea al respecto.
También bromea con que el Camino la está haciendo famosa. “A los demás peregrinos les llama mucho la atención y todo el mundo me hace fotos, estaré en casas de toda Europa, de América del Sur y de Corea”, señala Patricia, quien asegura que “lo único” que quiere es que le deseen “Buen Camino”. “Es lo mínimo porque yo no soy un animal, si me dicen buen día me pueden hacer las fotos que quieran”, concluye.
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Patricia Nomico, de Perpiñán (Francia), en el Camino de Santiago a caballo. (Foto: Leticia Pérez)
