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A este solemne acto de beatificación asistirá una representación de la Diócesis de León encabezada por el obispo, Julián López, quien ha destacado que "los testimonios de estos nuevos beatos impresionan por su entereza, aceptación del martirio y capacidad de perdón que demostraron".
El prelado legionense, en la carta pastoral que ha hecho pública con motivo de esta beatificación, asegura que estos nuevos beatos de la Iglesia de León "nos estimulan con su ejemplo de amor y de fidelidad a Cristo y nos mueven a renovar nuestra vida cristiana tratando de superar, apoyados en su intercesión, las dificultades de nuestra propia existencia".
Con este acto de solemne beatificación concluye una causa iniciada por investigación diocesana en la Curia Arzobispal de Madrid el 11 de mayo de 1999 en la que han actuado como postulador y vicepostulador, respectivamente, los también misioneros oblatos leoneses Joaquín Martínez Vega y Eutimio González.
Gracias a su impulso se instituyó la investigación diocesana rogatoria ante la Curia Arzobispal de Barcelona y se abrió la fase apostólica. La Congregación vaticana para las Causas de los Santos reconoció la validez de ambas investigaciones el 16 de junio del 2000 y, una vez preparada la positio, se analizó si en el caso de los Misioneros Oblatos se había dado causa de martirio.
La Congregación de Cardenales y Obispos en sesión de 11 de enero de 2011 confirmó que la muerte de los 23 Siervos de Dios incluidos en la causa “había sido un verdadero martirio sufrido por amor a Cristo y por fidelidad a su Iglesia”. Ratificada esta conclusión, el pasado día 2 de abril el Papa Benedicto XVI proclamaba definitivamente el Decreto de Martirio.
Murieron haciendo profesión de fe
En la causa de beatificación se acredita que los 22 misioneros oblatos murieron haciendo profesión de fe y perdonando a sus verdugos "tras sufrir un cruel cautiverio en el que ninguno apostató, ni decayó en su fe, ni lamentó haber abrazado la vocación religiosa".
La muerte en Paracuellos de Jarama y en la Casa de Campo de Madrid de estos misioneros fue el punto final de un proceso que se había iniciado en medio del clima general de odio y fanatismo antirreligioso que se vivía en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón, donde se ubicaba la casa provincial de los Misioneros Oblatos.
Desde el año 1931 la comunidad había sido objeto de hostigamiento por el ambiente que había en el Barrio de la Estación, pero fue el día 22 de julio de 1936 cuando un grupo de milicianos asaltó el convento y detuvo a los 38 integrantes de la comunidad de oblatos.
Ejecuciones sin juicio
Dos días después comenzaron las primeras ejecuciones y sin acusación ni juicio fueron sentenciados siete religiosos. Desde ese día y hasta el 28 de noviembre de 1936 se fueron sucediendo los fusilamientos de los 22 misioneros oblatos que el próximo sábado, 75 años después, serán beatificados.
Los nuevos beatos de la Iglesia de la Diócesis de León son José Vega Riaño (Siero de la Reina, 1904-Paracuellos de Jarama,1936), Juan Pedro del Cotillo (Siero de la Reina, 1914-Paracuellos de Jarama, 1936), Francisco Polvorinos Gómez (Calaveras de Arriba, 1910-Paracuellos de Jarama, 1936), José Guerra Andrés (León, 1914-Paracuellos de Jarama, 1936), Justo González Lorente (Villaverde de Arcayos, 1915-Madrid, 1936), Pascual Aláez Medina (Villaverde de Arcayos, 1917-Madrid, 1936). Serviliano Riaño Herrero (Prioro, 1916-Paracuellos de Jarama, 1936), Eleuterio Prado Villarroel (Prioro, 1915-Paracuellos de Jarama, 1936), Clemente Rodríguez Tejerina (Santa Olaja de la Varga, 1918-Paracuellos de Jarama, 1936), Justo Fernández González (Huelde, 1916-Paracuellos de Jarama, 1936). A ellos se suman de la Diócesis de Astorga Juan Antonio Pérez Mayo (Santa Marina del Rey, 1907-Madrid, 1936), Marcelino Sánchez Fernández (Santa Marina del Rey, 1910-Paracuellos de Jarama, 1936), Cecilio Vega Domínguez (Villamor de Órbigo, 1913-Madrid, 1936).
