El drama de los parados de larga duración

Colas ante una oficina del INEM. / Philippe Desmazes (Afp)

Hablamos con cuatro personas que han vivido en primera persona la crudeza de esta crisis que se ha llevado por delante sus sueños e ilusiones al no darles la oportunidad de encontrar un trabajo. Ellos solo representan a los más de 2,1 millones que llevan más de un año en el desempleo

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOSMadrid

Por desgracia, son muchos, todavía casi 4 millones de personas, las que quieren trabajar y no pueden. Y no es fácil salir de esta situación, como se pone en evidencia en el hecho de que más de la mitad de los desempleados (concretamente 2,1 millones) se han convertido en parados de larga duración, es decir, que han intentado durante más de un año buscar un empleo sin éxito.

Y aún hay más: 1,6 millones lleva en esta difícil situación más de dos años. Éste es el talón de Aquiles del mercado laboral español, un problema que se ha enquistado con el paso del tiempo y que no tiene fácil solución a menos que se tomen nuevas medidas para ponerle freno, pues a la vista está que las actuales ayudas no han dado suficiente fruto. Algo incluso admitido por el propio Gobierno.

La dureza de quienes viven o han vivido esta situación se refleja en el testimonio de estas cuatro personas a quienes la crisis les llevó por delante su trabajo y, con él, gran parte de sus ilusiones y sus sueños. Son apenas cuatro ejemplos del verdadero drama que aún afecta a más de dos millones de españoles. Y todos ellos manifiestan que nunca han recibido ninguna llamada de una agencia pública de empleo para ofrecerles una entrevista de trabajo o un curso de formación. Lo que pone de manifiesto que hay mucho por hacer.

«Tengo 61 años y no quieren a gente tan mayor»

Comenzó a trabajar como camarero hace 34 años, cuando llegó a España desde Perú. Titulado como profesor de inglés en su país, su conocimiento del idioma le ayudó a encontrar empleo con facilidad y logró un puesto como administrativo en una empresa dedicada al transporte internacional. Allí D. M. (prefiere no dar su nombre) estuvo 15 años y en 2004 pasó a engrosar las listas del INEM. Aunque en un principio pensó que rápidamente encontraría algo, agotó los dos años de prestación y eso que asegura que envió currículum a un montón de empresas. Y si ya pensaba entonces que era complicado, más tarde se daría cuenta de que la cosa todavía podía empeorar más.

De hecho, su último trabajo fue como camarero hace dos años, exceptuando cuatro meses que ejerció de jardinero mientras hacía un curso sobre este oficio y le pagaban algo. Tras agotar la prestación por desempleo, ahora malvive con los 400 euros que le dan por ser mayor de 55 años, ayuda que puede durarle hasta que le llegue la edad de jubilación, pero con la que no le llega para cubrir sus necesidades básicas. Necesita un trabajo, se conformaría de cualquier cosa, y las perspectivas no son nada buenas. «Tengo 61 años y no quieren a gente tan mayor», se lamenta.

«Yo ya tengo claro que un trabajo no es para toda la vida»

T. J. Y. (tampoco quiere decir su nombre completo) tiene hoy muy buen día. Justo la acaban de contratar para empezar a trabajar en una empresa de cartonería gracias a la intermediación de la Fundación Adecco. Con un horario de 7 a 3, cobrará 680 euros al mes. Pero le han dicho que si hace horas extras y va los sábados puede mejorar su sueldo. A muchos les parecerá una miseria, pero ella está muy contenta porque realmente le ha visto las orejas al lobo. Tras tocar todos los palos (ha trabajado de empleada del hogar, de mediadora social, de costurera...), lleva en paro desde enero de 2016. Durante poco más de 12 meses cobró el desempleo: los primeros seis meses le ingresaban casi 800 euros, al séptimo mes se lo bajaron a 600 y terminó con 400.

Después, durante tres meses no cobró nada y fue tirando con sus ahorros, hasta que una trabajadora social le consiguió el Prepara, que, también de 400 euros, se le terminaría en noviembre si no hubiera encontrado empleo. «Yo ya tengo claro que un trabajo no es para toda la vida», dice con tristeza, pero también con la esperanza de que le alarguen los cuatro meses que tiene ahora de contrato. «Me han dicho que si lo hago bien, pueden renovarme. Y con la edad que tengo, 41 años, me gustaría quedarme ya en un sitio, pero lo veo muy difícil», concluye.

«Jamás me han llamado de una agencia de empleo»

Desde 2009, tras despedirle la empresa en la que llevaba trabajando más de 7 años, no ha tenido un empleo estable y se ha tirado más de dos años en paro. Hasta que hace poco le contrataron como electricista, aunque de momento por tres meses, un contrato más largo que otros que ha tenido, pues en muchas ocasiones apenas duraban unos días.

Miguel, que tiene 41 años, explica que se le agotó la prestación y todas las ayudas posibles y se queja de que «nunca me han llamado de una agencia de empleo para ofrecerme una entrevista de trabajo. Jamás». Y a su mujer, que también ha estado mucho tiempo en paro, le pasó igual. «Fui, me apunté al paro y ya. Nadie te dice nada, jamás me llegaron a llamar ni a ofrecer un curso», se queja Vicky, que con 36 años se ha convertido en pensionista por padecer una enfermedad después de tener que limpiar casas para sobrevivir. «Lo hemos pasado muy muy mal. Al menos ahora pagamos y comemos», se consuela.

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