Semifinales

Muguruza aplasta a Rybarikova y peleará por su primer Wimbledon

Garbiñe Muguruza celebra el pase a la final.
Garbiñe Muguruza celebra el pase a la final. / Afp

La hispano venezolana cede dos juegos en semifinales y se mete en su segunda final del Grand Slam londinense

MANUEL SÁNCHEZMADRID

Quiere más. Mucho más. Garbiñe Muguruza quiere ser lo que Serena Williams le arrebató en 2015. La bandeja de plata más deseada de todo el circuito y por la que las pistas de Londres se desgastan cada año. La hispano venezolana, como una auténtico huracán, despedazó a Magdalena Rybarikova por 6-1 y 6-1 para optar a ser la segunda española en triunfar en Wimbledon.

Conchita Martínez la mira orgullosa desde la grada, con la bendición ya dada, porque si alguien merece en el circuito recoger su testigo es ella. Sin la presencia de su entrenador habitual, Sam Sumyk -que no está en Wimbledon por problemas físicos-, Muguruza está más liberada y tranquila y no necesita ayuda en el banquillo, porque todo está ordenado en su cabeza.

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Tras la paliza a Kuznetsova -donde cedió siete juegos-, el recital ante la cenicienta del torneo -no por nivel de juego, sino por ranking- fue aún mayor. El doble 6-1 es su victoria más contundente desde que en agosto de 2016 venció por el mismo resultado a Nao Hibino en los Juegos Olímpicos. Además, es su triunfo más abultado en un grande, junto al que consiguió en Roland Garros 2016 cuando inclinó a Georges por 6-2 y 6-0.

La terrible paliza no fue casualidad, ni tampoco demérito de Rybarikova, que jugó su partido. Pero Muguruza estuvo espectacular en todos los sentidos. Conectó 22 golpes ganadores, cometió solo 11 errores, colocó tres saques directos y ganó 19 de 25 puntos en la red. Un cóctel explosivo que se acentúa sobre la hierba de Wimbledon.

Hambre

Su nivel desde el principio ya denotaba el hambre de la española. Saltó a la pista central del torneo verde y se apuntó los cinco primeros juegos del partido en prácticamente veinte minutos. Los focos de una central abarrotada, no cegaron a una Muguruza, que para ser la primera vez este año que pisaba el escenario principal, parecía estar como en casa.

Solo en el sexto juego paró la sangría Rybarikova, que veía como su sueño se apagaba poco a poco a medida que crecía el de Muguruza. No tuvo problemas para cerrar el primer parcial la nacida en Caracas, que se aprovechó de tres errores seguidos de la eslovaca para levantar un 0-30 y poner el 6-1 en el marcador. Su leyenda está ahí. Si gana el primer set en “Grand Slam”, casi siempre se apunta el partido (43 de 45 ocasiones).

El encuentro se jugó donde ella quería y de ahí no se movió. En el primer juego del segundo parcial Muguruza consiguió el 'break' y de ahí ya no la bajó nadie. No concedió ningún punto de rotura en todo el segundo set y rompió el de la número 87 del mundo en tres ocasiones. Se quedó a las puertas de aplicar un 'rosco' (6-0), aunque sí pudo castigar a su rival con un 6-1, ya que Rybarikova, tras un juego de nueve minutos pudo conseguir su juego de honor.

Con la victoria, Muguruza iguala las dos finales que Arantxa Sánchez-Vicario sumó en 1995 y 1996, y se queda a solo un partido de ser la segunda española en triunfar en Wimbledon. La sonrisa de complicidad entre Conchita y Muguruza al término del encuentro, muestra que el testigo está listo para pasarse.

En la final se medirá a Venus Williams, que se deshizo en dos sets de la británica Johanna Konta (6-4 y 6-2), por lo que Wimbledon seguirá sin una campeona propia un año más. Muguruza tiene con Venus un balance negativo de tres derrotas y una victoria, aunque su último enfrentamiento (Masters de Roma 2017) cayó del lado de Muguruza. Nunca se han enfrentado sobre hierba, ya que las tres victorias de la mayor de las Williams fueron sobre pista dura (Florianópolis 2013, Auckland 2014 y Wuhan 2015). Para Venus, esta es su segunda final de 'Grand Slam' del curso, tras la que cedió en Melbourne ante su hermana Serena. Además, si a sus 37 años derrotase a Muguruza, conseguiría su sexto Wimbledon y octavo 'Grand Slam' en total, en el que sería su título número 50 en la WTA.

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