Anderson le gana a Isner el cuento de nunca acabar

Kevin Anderson celebra el triunfo. /AFP
Kevin Anderson celebra el triunfo. / AFP

El sudafricano se mete en la final de Wimbledon al llevarse en seis horas y 36 minutos el segundo partido más largo de la historia de los Grand Slam

MANUEL SÁNCHEZLondres

Cuando John Isner venció a Nicolas Mahut en Wimbledon 2010, tras más de once horas de pelea y con un histórico marcador de 70-68 en el tercer set, pocos podrían pensar que la medicina del estadounidense se la replicaría el sudafricano Kevin Anderson ocho años después.

A escasos metros de la placa colocada en la pista 18 del All England Club, que aún recuerda la titánica batalla entre el de Carolina del Norte y Mahut, Anderson prevaleció por encima de Isner en una batalla de seis horas y 36 minutos de duración que acabó con el sudafricano en la final (7-6 [6], 6-7 [5], 6-7 [9], 6-4 y 26-24). Será la segunda final en un Grand Slam para Anderson, tras la que perdió en 2017 en el Abierto de los Estados Unidos ante Rafael Nadal.

Un partido para la historia que acabó con Isner prácticamente inmóvil al fondo de la pista y con la inexpresiva mirada de Anderson al cerrar, tras un último set de 175 minutos, un encuentro que rompió con récords y con la paciencia de un público que llegó a 'La Catedral' para ver a Rafael Nadal y Novak Djokovic y se encontró con un festival de saques directos que pareció no tener.

Récord de 'aces'

Isner, que ya es el tenista con más saque directos (214) en un solo Wimbledon, por encima del croata Goran Ivanisevic, junto a Anderson, protagonizó el segundo partido de individuales más largo de siempre Grand Slam, el tercero más largo de la historia y la semifinal de un 'major' de mayor duración, por encima de la que enfrentó al sueco Stefan Edberg y al estadounidense Michael Chang en Australia 1992.

En el camino, dejaron unas estadísticas demoledoras. 53 servicios directos para Isner, 49 para Anderson. 129 golpes ganadores del americano por 118 del estadounidense. Lo dejaron todo sobre la casi inexistente ya hierba de la pista central y fue tal el esfuerzo, que las dudas de su estado físico para la final del domingo son galopantes. Después de la paliza de 2010, Isner apenas pudo competir al siguiente encuentro. El maratón aún no ha acabado para Anderson.

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