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La recompensa de Franco Morbidelli

Franco Morbidelli, campeón del mundo de Moto2./Afp
Franco Morbidelli, campeón del mundo de Moto2. / Afp

El italiano se convierte en Malasia en el octavo campeón de la historia de Moto2

BORJA GONZÁLEZCircuito de Sepang (Malasia)

La baja de Thomas Luthi para la carrera de Malasia por la lesión de tobillo que se produjo durante el entrenamiento oficial del sábado ha convertido a Franco Morbidelli (Roma, 4 de diciembre de 1994) en el octavo campeón de la historia de Moto2, el primero italiano –el primero tras el título de MotoGP de Valentino Rossi en 2009-. La carrera deportiva y la vida de Morbidelli tienen suficientes detalles ‘especiales’ como para no considerarle un campeón al uso. Nació en Italia, en Roma, en el barrio de San Giovanni, de padre italiano, Livio, y de madre brasileña, Cristina. Sí, compite bajo los colores del país trasalpino, aunque mantiene con orgullo su parte pernambucana. Dos ‘sangres’ que han forjado su carácter, con el traumático golpe del suicidio de su padre en 2013, quizás el año clave en su carrera deportiva. “Ni siquiera sé cómo, pero encontré la manera de reaccionar”.

A los dos años, cuando apenas sabía caminar, ya se había subido a su primera moto. A los diez Livio, que había sido campeón de su país de 80cc y 125cc, cerró su negocio romano para trasladar a la familia a Pesaro, localidad cercana a la Tavullia de Valentino Rossi. Amigo de Graziano, padre del nueve veces campeón del mundo, apostó todo para llevar a Franco al sitio donde creía que le podrían ayudar mejor a forjar una carrera como piloto de motociclismo, a ser campeón del mundo. Cuando aún estaba en el colegio, el campeón del mundo de Moto2 2017 ya se había subido a una 125cc, para iniciar una carrera que se frenó en seco a los 15 años. Tenía que tomar parte en el campeonato de España, siempre considerado el último escalón antes de subir al Mundial, pero se quedaron sin dinero, y Franco tuvo que parar durante diez meses. Así que optaron por elegir una categoría más económica, Stock 600, un camino más complicado para llegar a lo alto, menos habitual. Así que retoma su carrera en las dos ruedas.

El golpe llega en ese 2013, en enero. Encuentran a Livio, que por entonces contaba con 52 años, ahorcado, y lejos de encoger esto al joven Franco toma impulso deportivo. “En situaciones como estas debes elegir: colapsar o reaccionar y seguir hacia adelante. Y yo escogí la segunda vía. Que me ayudó a crecer”. Ese año fue crucial. Ganó el campeonato europeo de Stock 600 –en el que llevaba compitiendo desde 2011-, con una Kawasaki del Team Italia y pudo disputar tres carreras de Moto2 al final del año, con una Suter del equipo de Fausto Gresini: en Misano como piloto invitado y en las dos últimas carreras de la temporada, en Japón y en Valencia, como sustituto del tailandés Warokorn. Después de esa última prueba le contactan de la escudería Italtrans, que había perdido al japonés Takaaki Nakagami, fichado por Honda para su equipo de Moto2, y consigue su hueco en el campeonato del mundo de la clase intermedia. Todo mientras sigue su aprendizaje entrenando junto a Rossi, y formando parte del proyecto de formación de talentos italianos que terminó bautizándose como la VR46 Academy. “Entrenar con Valentino es un poco como si a un futbolista joven le dicen que puede jugar todos los días con Messi”, explica ‘Morbido’, que curiosamente cuenta con ciertas habilidades con el balón, quién sabe si en parte por esa sangre brasileña. Morbidelli, que habla además de italiano y portugués, inglés y español, recuerda cómo vivía de pequeño las fiestas brasileñas en Roma, con su música, y los meses pasados en Recife con la familia de su madre, jornadas de playa de jugar con la pelota, en un ambiente de total libertad.

“Creo que de mi madre he heredado el carácter brasileño. De risas a veces la digo que he cogido todo lo malo de ella, porque soy un chico muy tranquilo, que me gusta divertirme en todo lo que hago, estar relajado incluso en el fin de semana del Gran Premio. Me gusta alejarme de la presión y a veces me olvido de muchas cosas”, explica sobre Cristina, a la que define como generosa, expansiva y despistada. “Cuando nos entrenamos juntos siempre me pone en problemas”, comenta sobre él Rossi, que aprovecha la savia nueva de sus pupilos –Morbidelli y otros como Baldassarri, Bagnaia, Bulega, Migno o su hermanastro, Luca Marini- para mantenerse en plena forma. “Le conocí hace tiempo. Graziano me dijo que hace mucho tiempo si se le podía ayudar, y se comenzó a entrenar conmigo y con Marco Simoncelli. Desde entonces somos amigos”, explica el italiano que se encontrará con Franco el año que viene en MotoGP, categoría a la que va a subir con una Honda de la misma escudería con la que se ha proclamado campeón del mundo de Moto2, el Marc VDS belga. A la clase reina va a llegar con el cartel que le da el título de la clase intermedia, el primero de Moto2 para Italia, en un año en el que ha demostrado ser el hombre fuerte pese a un par de malos domingos, sobre todo las caídas en Jerez y Misano cuando lideraba ambas carreras. Morbidelli ha sumado ocho victorias en diecisiete grandes premios, con otro par de podios, lo que le ha permitido lograr el objetivo que se había marcado Livio cuando decidió apostarlo todo por la carrera del pequeño Franco. Lo que nunca sabremos es hasta dónde imaginó que podría llegar. Esto lo empezaremos a descubrir a partir de 2018, cuando pelee en la cima del motociclismo mundial.

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