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La presión de querer ser bicampeón

El piloto francés Johann Zarco, en acción.
El piloto francés Johann Zarco, en acción. / REUTERS
  • Zarco, ganador en Malasia de su segundo título en la cilindrada media, se convierte en el piloto más laureado de Francia

El jueves del Gran Premio de Aragón, Johann Zarco se pasaba por el box del Yamaha Tech3 para probar, en parado, la que va a ser su moto del año que viene, el del salto a MotoGP. Con la vestimenta de calle de la escudería Ajo Motorsport, se subía a la M1 para tomarle las medidas. Poco después, regresaba al box francés con su mono de competición, para hacer la prueba real de cómo iban a tener que prepararle la moto para el test de Valencia, dos días después de que termine un Mundial del que ya es campeón.

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Siempre serio, siempre acompañado de su inseparable Laurent Fellon, Zarco se tomaba muy en serio este trabajo, sin cambiar su gesto. El mismo rictus que suele mantener cuando trabaja en su box, con las pantallas apagadas para no obsesionarse con las referencias de tiempos y centrarse sólo en sus sensaciones sobre la moto. La misma calma que mostró al narrar el camino hasta su segundo título de Moto2, ese que le ha convertido en el piloto francés con más mundiales de la historia. Un camino más duro que el que su rostro podría desvelar.

«He sentido mucha presión durante toda la temporada», explicó el domingo en Malasia después de imponerse magistralmente en una carrera en agua en la que Thomas Luthi tuvo un gris papel y en la que Alex Rins naufragó. Sus dos rivales por el título. «No ha sido nada fácil. En la segunda mitad de la temporada, después de sumar mis primeras victorias, perdí muchos puntos y toda mi ventaja. Pero supe cambiar la dinámica».

Precisamente a Aragón llegó Zarco acosado por Rins, que se plantó en casa a sólo tres puntos del liderato, cuando cuatro carreras antes, en Austria, esa distancia era de 34 puntos. En Brno, Zarco firmaba un pobre undécimo puesto en mojado después de salir desde la pole, mientras que su rival finalizaba segundo desde el séptimo puesto. Dos semanas después, en Silverstone, Rins, recién operado de una clavícula, firmaba un séptimo después de haber salido decimonoveno, mientras que Zarco ni siquiera puntuaba tras ser sancionado por un adelantamiento fuera del límite que llevó por los suelos a Sam Lowes. Aunque sin esa sanción, el francés sólo habría sido undécimo, después de haber sido segundo en el entrenamiento oficial.

En la siguiente prueba, en Misano, Rins terminó segundo, con Zarco cuarto. Una sangría de puntos que le hicieron temer lo peor. «No imaginaba poder soportar una presión así en Valencia si el Mundial hubiese llegado abierto hasta esa carrera», reconoció, satisfecho por culminar su apuesta de permanecer un año más en Moto2 en lugar de forzar el salto a la clase reina. «Ha sido una gran decisión hacer un segundo año y acumular toda esta experiencia. He entendido más cosas que si hubiera subido siendo campeón sólo una vez».

Nacido en Cannes hace 26 años, Zarco había sellado de manera agridulce su primer título. Su rival entonces, Tito Rabat, se fracturaba el radio del brazo izquierdo entrenando en el circuito de Almería, pocos días antes de viajar a Japón. El español, que defendía corona, decidió el mismo viernes de aquel Gran Premio que no tenía sentido salir a pista, lo que automáticamente le dio a Zarco el título, sin ponerse el mono. «He intentado no llorar demasiado, pero esta vez he llorado de verdad», confesó después de romperse al son de La Marsellesa en el podio de Sepang bajo un monumental chaparrón. «El año pasado fui campeón un viernes, en un momento y un lugar que no imaginaba. Esta era una situación más normal y más difícil, porque para ganar el título tenía que atravesar la línea de meta».

Romper a llorar

Curiosamente, Zarco nunca ha mantenido una gran relación con la colonia francesa del Mundial. Desde muy pequeño tuvo que competir en Italia e irse a vivir con Fellon, aceptando el método de trabajo de este. Después de ganar la Rookies Cup renunció a la plaza que esta victoria le daba en el Campeonato de España, al entender que no iba a poder contar con una moto competitiva. Gracias a una prueba organizada en Hungría por el campeón del mundo de 125 Gabor Talmacsi, encontró un hueco en el Mundial. Ahora, junto a Fellon, lleva una escuela de pilotaje, sin grandes pretensiones, pero que le permite mantener los pies en el suelo.

«La escuela me ayuda a recordar cómo empecé y lo difícil que es llegar a lo más alto. Porque ahora estoy aquí, pero hay que luchar por mantenerse, porque es fácil caer». En 2017, al amparo de la única escudería francesa de MotoGP, tratará de seguir inscribiendo su nombre en las páginas de la mejor parte de la historia de Francia en este deporte. «Los niños necesitan un icono en Francia para engancharse a MotoGP. Si puedo ser yo, perfecto».