Mundial | GP China

Hamilton inicia el contraataque

Lewis Hamilton charla con Sebastian Vettel, ante seguidores chinos./Afp
Lewis Hamilton charla con Sebastian Vettel, ante seguidores chinos. / Afp

Vettel busca la tercera consecutiva de esta temporada para ponerse con 50 victorias en su carrera deportiva

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMadrid

Crear una dinastía o un reinado duradero no es nada fácil. Ningún rey, emperador, káiser o regente de cualquier tipo lo ha tenido fácil, y las batallas han sido una constante. Qin Shi Huang, el primer emperador de la China unificada, tardó 38 años en unificar bajo su mando todos los dominios feudales en el siglo III de nuestra era. No tenía el ejército más fuerte, ni los conocimientos bélicos más avanzados, o sencillamente las capacidades por encima del resto. Simplemente, tuvo un poco de todo para conseguir un conjunto imparable e inscribir su nombre, como y el del Ejército de Terracota, en los libros de historia. Pero antes de eso, tuvo que dar pequeños pasos que, como el vuelo de una mariposa, parecían no tener importancia.

A Sebastian Vettel le ocurre algo similar, precisamente en su llegada a China. El alemán está llamado a ser el líder de Ferrari, el heredero del trono de Michael Schumacher que no pudo ser Fernando Alonso. Se enfrenta en este 2018 al reto que parecía imposible: batir a la Mercedes de Lewis Hamilton. Ha empezado de manera inmejorable, con dos victorias, pero en unas circunstancias que no le hacen favorito. Ni siquiera una demoledora estadística que dura más de 30 años: todos los pilotos que han ganado las dos primeras carreras se han proclamado campeones del mundo a final de año. El último en no conseguirlo fue Alain Prost en su Renault en 1982, cuando conquistó el título Keke Rosberg con sólo una victoria.

Räikkönen apunta a Ferrari por el atropello de un mecánico

Kimi Räikkönen sigue convencido de que no fue culpa suya el incidente que le hizo abandonar en el GP de Baréin y, lo que es más importante, provocó la doble rotura de tibia y peroné de uno de sus mecánicos, Francesco Cigarini.

El finlandés atropelló a uno de los encargados de ponerle un neumático durante el segundo cambio de ruedas de la cita en el trazado de Sakhir, pero según explicó fue porque el sistema que actualmente emplean no es el adecuado y se pueden dar situaciones de peligro, como ocurrió. «Muchas cosas que hacemos son cuestionables», criticó el finlandés ante los medios en el GP de China. «Siempre tratamos de ganar tiempo en todo, pero desafortunadamente estuvimos lejos de lo ideal y el resultado fue que uno de nuestros mecánicos salió herido. Mi único trabajo es seguir las luces y arrancar cuando esté verde. Incluso si se pone verde en un segundo yo arranco automáticamente, y no hay nada que pueda hacer», se justificó el campeón del mundo de 2007. «Probablemente, hay muchas cosas que podrían haberse hecho de manera diferente, pero esto es lo que sucedió y pagamos el precio», zanjó al respecto.

Dicho precio no sólo fue la eliminación de Räikkönen, sino también 50.000 euros de multa, amén del tiempo que va a pasar de baja el propio mecánico, que ya ha sido operado y viajará en breve a Italia para seguir su recuperación en casa junto a los suyos.

Sin embargo, como en Australia y Baréin, el rival a batir sigue siendo Lewis Hamilton. El vigente campeón se sabe favorito en un trazado en el que, además, todas las bondades (y tiene muchas) de su Mercedes se ven premiadas: largas rectas, especialmente la de meta, puntos de frenada muy fuertes, grandes escapatorias. El trazado de Shanghái ya ha vivido cinco victorias del británico, tres más que sus ex compañeros Nico Rosberg y Fernando Alonso que son quienes le siguen en el ránking. Además, ha logrado seis poles aquí. Que nadie dude que este es el escenario perfecto para que comience su contraataque, después del 'casi pero no' de Bahréin de hace sólo unos días.

Paz entre Hamilton y Verstappen

Que Hamilton sea el favorito no significa que Vettel no sea el más firme candidato a batirle. Aunque los Red Bull van a seguir siendo la 'mosca' detrás de la oreja, la batalla es con Ferrari. Por eso, el británico sabe bien que su pensamiento debe centrarse en el mismo frente, y no dividir fuerzas. Con Max Verstappen tuvo una agria polémica en el GP de Bahréin, cuando le llamó 'gilip...' por el toque que le dio en las primeras vueltas (y por el que abandonó el propio holandés, a la postre). Sin embargo, lejos de centrarse en polémicas con él, este jueves en el 'paddock' de Shanghái se dieron la mano ante la mirada de todos y de un enfervorecido público.

Del devenir de Red Bull dependen varios rivales. Los problemas que han tenido en el equipo de las bebidas energéticas han tenido consecuencias directas en el resultado de otros pilotos. Desde el cuarto puesto de Pierre Gasly, que ya ha suavizado su recadito hacia Alonso para evitar líos, hasta el propio corredor asturiano, que Verstappen y Ricciardo vayan bien puede ser la diferencia entre un quinto y un séptimo puesto final. O quedarse fuera de los puntos.

Alonso tiene claro que no pueden dormirse. Tras poner las pilas a su equipo para este fin de semana, el asturiano recordó que si miran de manera fría los datos, no pueden sino estar contentos. Estar terceros en el Mundial de constructores y él mismo cuarto en el de pilotos es, con mucho, una buena noticia para sus aspiraciones.

«No hemos tenido ningún fallo mecánico, ni ningún fallo operativo, creo que somos el único equipo por ahora. Con los problemas de pit-stop de Ferrari y de Haas, las retiradas de Red Bull... creo que ahora solo hay un solo equipo sin problemas en dos fines de semana y ese es McLaren porque incluso Mercedes cambió la caja de cambios», sacó pecho ante los medios.

     Y eso que, en sus propias palabras, lo mejor está por llegar. Esa lucha por el ansiado podio, o al menos por el 'top 5' de manera constante, llegará en breve. «El coche que estamos desarrollando es mucho mejor que el que tenemos aquí», dijo. Algunos le avisan de que este tipo de declaraciones puede suponer escupir contra el viento, sobre todo si no sólo no llegan al podio, sino que se alejan. Quizá Alonso deba tomar nota de un viejo proverbio chino, que dice que «hablar no cuece el arroz».

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