Ramón Gutiérrez: «El lado psicológico es más importante que el físico»

El aventurero leonés relata en leonoticias cómo fue la travesía a remo por el Atlántico: «creo que no haré algo tan bestia en toda mi vida»

DANI GONZÁLEZ

Su espíritu aventurero y la «ignorancia» de lo que se iba a encontrar, unido al querer saber «qué había más allá de la línea de horizonte del océano» hizo que Ramón Gutiérrez volviera al 'ruedo' de las aventuras. En esta ocasión, el reto era cruzar el Océano Atlántico a remo.

Desde el 10 de diciembre hasta el 29 de enero, estuvo en alta mar. Tardó en recorrer la distancia entre Dakar, capital de Senegal, y la Guyana Francesa 49 días, 23 horas y 12 metros en una embarcación preparada para esta aventura.

Todo comenzó en 2012. «Tuve un accidente en el Rally de los Faraones muy grave, estuve cerca de quedar en silla de uredas. Me fisuré varias vértebras y mi objetivo era reforzar la espalda. Tras hablar con el médico, que me dijo que hiciera poco deporte, busque algo que se adaptara a mi y encontré esto. Hablé con un aventurero que lo hizo en 2014 y desde julio de 2016 comencé», afirma.

Reconoce que no contó nada hasta tenerlo bien atado, ya que «muchos te llaman loco, te lo meten en la cabeza y acabas echándote atrás». Con «nulos» conocimientos de navegación, salvo una clase de una hora que dio en el embalse de Riaño. «Cuando terminé la aventura, quedó sorprendido de lo que era capaz de hacer. Pero todo es actitud y creer en ti mismo».

Acompañado de la bandera que 'presidió' su embarcación, Ramón Gutiérrez asegura que refleja lo que pasó en este mes y medio. «Está destrozada, con cada tormenta se iba desarmando. Me la regalaron unos militares españoles en una base francesa de Dakar, me hizo mucha ilusión», señala.

Reconoce que haber ido «sin información» le ayudó en los malos momentos. «El lado psicológico es más importante que el físico. Había que engañar a la cabeza día sí y día también. Había tres momentos al día en los que fallaba, algo que solucionaba echándome un caldero de agua por encima o haciendo una llamada», asegura.

Gutiérrez recalca que la cabeza te puede pasar malas jugadas y, en alta mar, costarte la vida. «Tuve un problema con el timón, me lancé al agua con la cuerda de seguridad, pero no cogí el cuchillo. Lo arreglé, pero el vaivén del mar enredó la cuerda en la embarcación y no era capaz de moverme. Ahí eché de menos el cuchillo», relata.

El aventurero recuerda que dormía unas tres horas al día y que las horas de luz se le pasaban «rápido», pero las noches eran lo peor.

Por último, asegura que todavía no tiene ningún reto planeado para el futuro aunque «siempre hay cosas en mi cabeza».

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