Amistoso

El año mágico de Kepa Arrizabalaga

Kepa posa con el resto de titulares de 'La Roja' antes del inicio del choque frente a Costa Rica. /Jorge Guerrero (Afp)
Kepa posa con el resto de titulares de 'La Roja' antes del inicio del choque frente a Costa Rica. / Jorge Guerrero (Afp)

En apenas 14 meses, el portero ha debutado en la élite y en La Rosaleda lo hizo con la selección absoluta. Los focos le alumbran por su cada vez más difícil renovación con el Athletic y el interés del Madrid

ROBERT BASIC / GABRIEL CUESTA

La vida le va muy de prisa a Kepa Arrizabalaga. En un abrir y cerrar de ojos, el chaval ha dejado de ser una promesa y se ha convertido en un portero con mayúsculas. Se ha hecho mayor con solo 23 años, más de la mitad de ellos cumplidos en Lezama. Es allí, en el corazón del Athletic, donde lo ha aprendido todo al compás de sus latidos, un guardameta de presente y futuro que en La Rosalesa se presentó al mundo y en traje de titular. En apenas 14 meses, el guardameta del Athletic ha debutado en la Primera División y acaba de hacerlo con la selección absoluta. Le ha bastado con 33 partidos en la élite para ponerse bajo los palos de ‘La Roja’ y estrenarse como internacional contra Costa Rica. Todos los focos apuntan hacia el joven de Ondarroa, un talento con botas y guantes cuya renovación con el club de su vida se ha enquistado y el Real Madrid emerge en el horizonte, deseoso de incorporarle a su constelación de estrellas y convertirle en una de ellas.

Kepa ya es uno de los fijos en los planes de Julen Lopetegui y salvo sorpresa –o lesión, o pérdida de protagonismo– estará en el Mundial. En La Rosaleda disfrutó de sus primeros 93 minutos como internacional absoluto y, sin casi nada de trabajo, no dejó que los nervios le paralizaran ni le impidieran disfrutar de su segunda puesta de largo en poco más de un año. El 11 de septiembre de 2016 debutó con el Athletic en Riazor –aquella tarde asombró por su madurez– y el sábado, exactamente 14 meses más tarde, defendía la portería de España con una estrella en el pecho y veía por delante a gente como Ramos y Piqué. Él ya es uno más de uno de los mejores combinados del planeta, que volverá a pelear por la gloria en Rusia. Estará allí, solo queda por saber si como guardameta del Athletic o del Real Madrid, que observa sin perder detalle el desarrollo de una operación que no acaba de cerrarse y se frota las manos con cada día que pasa.

Porque la renovación de Kepa es una historia de más de diez meses de vida que aún no ha alumbrado nada. Ni sí, ni no, pero el acuerdo está cada vez más complicado y alejado del protocolario apretón de manos y la foto de familia. El gran y el único problema es la cláusula que el club quiere fijarle y que el portero rechaza por su elevada cuantía. Todo lo demás no importa, simplemente el blindaje de uno de los hombres clave en este y los siguientes proyectos del Athletic. El presidente Josu Urrutia avanzó en su última comparecencia que el asunto se resolverá en breve, en uno u otro sentido, y avisó: «Todo tiene un final y habrá que abordarlo». De no conseguir la firma del joven meta, la gestión del deustoarra sufriría un durísimo golpe y haría temblar los cimientos de Lezama: si un chico vizcaíno, rojiblanco hasta la médula, él y su familia, criado y puesto en pie en la casa donde le salieron los dientes y aprendió todo lo que sabe decide abandonar el hogar enviaría un mensaje demoledor a las generaciones venideras que darían un brazo por jugar en el Athletic. Les vendría a decir algo así como que el sentimiento está bien, muy romántico y bello, pero que hay realidades más atractivas fuera de los muros de San Mamés y también de Lezama. Mientras tanto, el Madrid aguarda expectante y ayer ya pudo verle en el once inicial de España.

Buena parada a Celso Borges

El seleccionador le dio la titularidad a Kepa, quien formó en un equipo repleto de indiscutibles. Ramos, Piqué, Alba, Busquets, Iniesta, Silva, Isco, Morata... Nada de meritorios, salvo él mismo y el realista Odriozola, sino gente que será importante e indiscutible en Rusia. No tuvo trabajo el portero del Athletic en la primera parte. Tocó apenas cinco balones –contados– para distribuirlos entre la defensa y solo tuvo un susto en el minuto 28, cuando Gamboa se plantó en el área, un poco escorado a la derecha, y desde cerca soltó un zapatazo que salió desviado. Respiró el rojiblanco, el séptimo debutante de la ‘era Lopetegui’. Al descanso se llegó con un 2-0 en el marcador y el de Ondarroa había vivido los tres cuartos de hora más tranquilos de su carrera.

Tampoco tuvo mucho trabajo en la reanudación. Controló mal una cesión cerca de la línea de gol, pero domó la pelota a la segunda sin problemas y con mucha sangre fría. Uno juraría hasta haberle visto esbozar un amago de sonrisa. Poco después marcaba su doblete Silva y se unía a la fiesta Iniesta. Kepa aplaudía, un espectador más, hasta que apareció en el descuento para hacer un paradón al deportivista Celso Borges. Aun así fue el partido más tranquilo de su vida, tan tranquilo como él.

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