Mundial 2018

Rusia 2018

La seguridad, obsesión de Putin

Las autoridades rusas deberán enfrentarse a dos retos: la amenaza del terrorismo islámico y la violencia de los hinchas radicales

Antidisturbios rusos realizan un ejercicio preventivo en los alrededores del estadio de San Petersburgo. / Afp
RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal. Moscú

El Mundial de Fútbol 2018 supone para Rusia una ocasión única de mostrarse al mundo en un momento complicado para su credibilidad. Por eso, al presidente Vladímir Putin, que es el que más partido espera sacar del evento en términos políticos, le preocupa y de forma obsesiva no sólo la organización en general del campeonato, sino sobre todo que se celebre en condiciones de máxima seguridad. Las autoridades rusas no quieren incidentes, altercados y mucho menos atentados terroristas durante el torneo más importante del deporte.

Para ello habrá que hacer frente a dos retos fundamentales: el terrorismo y los hooligans. El autoproclamado Estado Islámico ha amenazado con llevar a cabo ataques durante el campeonato que arranca el jueves en represalia por la intervención militar de Rusia en Siria. Pero el país eslavo estaba, ya de antes, en el punto de mira de los extremistas tras las dos guerras habidas en Chechenia.

Ha sufrido varios atentados terroristas en los últimos años y, pese a los esfuerzos desplegados desde hace décadas en el Cáucaso Norte, en el entorno de Chechenia, siguen existiendo células del Daesh. El último gran ataque se produjo en el metro de San Petersburgo, una de las ciudades sedes del Mundial, en abril de 2017.

La dura afición del Spartak

La otra gran preocupación es la violencia que puedan generar los aficionados más fanatizados y entre ellos hay rusos. Los del Spartak, cuyo estadio acoge cinco partidos durante el Mundial, lo demostraron por última vez en Bilbao, en febrero, en el partido de vuelta de los dieciseisavos de final de la Europa League que jugaron contra el Athletic. El ertzaina Inocencio Alonso falleció entonces de un infarto durante los graves altercados que se produjeron fuera de SanMamés.

La hinchada del Spartak jugó un papel estelar en las gravísimas trifulcas que ensombrecieron la Eurocopa 2016 celebrada en Francia. Hubo un muerto, decenas de heridos y cuantiosos daños materiales en Marsella y Lille. Fue entonces cuando la UEFA alertó de que los forofos de los equipos rusos van por la senda de los hooligans británicos.

Los ingleses también estarán en Rusia durante la competición y otros 'aficionados' problemáticos como los argentinos y los polacos. Muchos de ellos han ido a parar a la lista negra de hooligans, con lo que tendrán vedado el acceso a los partidos de esta Copa del Mundo. De hecho, los ultras extranjeros ni siquiera podrán entrar en Rusia, ya que a todos se les negará la FAN ID, tarjeta de aficionado que sustituye al visado en esta competición.

Agentes rusos, en un simulacro de cara al Mundial.
Agentes rusos, en un simulacro de cara al Mundial. / Reuters

Según Vladímir Chérnikov, responsable del Departamento de Seguridad Regional de Moscú, «467 alborotadores rusos, de ellos 157 moscovitas, no han recibido el FAN ID», medida que les impide no ya entrar en los estadios, sino siquiera acercarse a las zonas habilitadas para aficionados (las conocidas como Fan Zones) ni a ninguno de los eventos de carácter festivo que se organicen en el marco del campeonato. A esa lista negra de rusos se unirán los hooligans ya fichados en otros países.

Expulsión del país

En declaraciones a los medios de comunicación, Alexánder Shprigin, líder de los grupos casi paramilitares de fornidos y avezados en artes marciales hooligans, que sembraron el caos en la pasada Eurocopa, aseguraba arrepentido que está vetado y no podrá ir a ver ningún partido. Según sus palabras, «la Policía no va a pasar por alto ni una sola violación de las normas, no creo que vaya a haber peleas porque intervendrían sin dilación. La Copa del Mundo en Rusia será una de las más seguras de la historia», afirma ahora Shprigin, que fue expulsado de Francia hace ahora justo dos años por su papel en los desórdenes.

Después de aquel escándalo, que salpicó a Putin y sembró serias dudas sobre el Mundial, éste adoptó un paquete de medidas que contemplan multas de hasta 20.000 rublos (unos 280 euros), penas de 15 días de cárcel e imposibilidad de pisar un estadio durante un período que oscila entre un año y siete. Si son extranjeros los infractores, las multas serán las mismas, pero, salvo faltas graves, el castigo de prisión menor será sustituido por el de expulsión inmediata del país.

Los estadios estarán equipadas con cámaras de vigilancia y sistemas de identificación para la detección de ultras nada más iniciarse cualquier incidente y poder neutralizarlos. La dirección de todo el operativo de seguridad correrá a cargo de un Centro de Orden Público y Seguridad Ciudadana, del que forma parte el Ministerio del Interior la Guardia Nacional (Rossgvardia) y los servicios secretos, el FSB o antiguo KGB.

Policías españoles

Según Juan Aguilar, consejero de Interior de la Embajada de España en Moscú, dos policías españoles expertos en seguridad en eventos deportivos formarán parte de ese macrocentro coordinador, igual que otros agentes de los países cuyas selecciones jugarán en el Mundial. Otros tres uniformados españoles integrarán un equipo móvil que viajará a las sedes donde se celebren partidos de La Roja.

El número de agentes que se desplegarán en las 11 sedes del campeonato se calcula que superará los 100.000 efectivos. De ellos, 30.000 solamente en Moscú, asegura Chérnikov, en donde se espera una afluencia de millón y medio de visitantes durante el torneo futbolístico. La capital rusa es la sede en donde más partidos tendrán lugar, en total 12, y es además el nudo de transportes a través del que discurrirá el trasiego hacia las otras 10 sedes.

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