Jornada 11ª

Valverde encuentra soluciones a los problemas

Paco Alcácer dedica a su mujer, embarazada, uno de sus goles ante el Sevilla. /Reuters
Paco Alcácer dedica a su mujer, embarazada, uno de sus goles ante el Sevilla. / Reuters

Alcácer, el héroe inesperado del Barça ante el Sevilla, se suma a Deulofeu, Denis y Paulinho, otros recursos para compensar la falta de gol de Luis Suárez y la lesión de Dembélé

P. RÍOSBarcelona

Suelen decir los entrenadores y los directores deportivos que en una plantilla todos los jugadores son importantes y necesarios para conseguir los objetivos. El éxito de un equipo puede depender de la cantidad de jugadores implicados que puedan ayudar en momentos puntuales con un rendimiento y un estado de ánimo óptimos. Pero esas evidencias futbolísticas en ocasiones se convierten en tópicos.

En el Barça del tridente formado por Messi, Luis Suárez y Neymar el fondo de armario fue perdiendo valor en parte por la mala planificación deportiva, pero también porque con tres jugadores de tanta calidad para resolver cualquier partido el acompañamiento era más secundario que nunca. Y más de uno se acomodó bajo el paraguas de sus goles.

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Ocurre ahora, sin embargo, que el brasileño ya no está, que el uruguayo compite mermado por unas molestias en la rodilla derecha y que Dembélé, fichaje estrella, se lesionó antes de saber si iba a ser importante. Messi no puede solo con todo y necesita otros apoyos. Deulofeu ya ha echado una mano en varios partidos, al igual que Paulinho e incluso Denis Suárez en Getafe. Y el último en sumarse a la causa ha sido Paco Alcácer.

El delantero valenciano, que tras jugar de titular ante el Betis en la primera jornada por lesión de Luis Suárez vivió varios partidos desde la grada por decisión técnica, fue la sorpresa en el once ante el Sevilla, el partido más complicado de los que ha jugado el Barça en esta Liga en el Camp Nou. Paco Alcácer, compartiendo la posición de ariete con Luis Suárez, a veces entrando por las bandas pese a que nunca lo ha hecho en su carrera, fue el inesperado héroe azulgrana con un doblete que dio los tres puntos (2-1). Ya había marcado esta temporada en Murcia en la ida de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey, pero esa diana no era suficiente para su autoestima y en los últimos días su nombre había aparecido en la agenda de varios clubs europeos de cara al mercado de invierno. Ahora lo verá todo de otro color.

Con la titularidad de Alcácer quedó claro que Valverde tiene abierta la mente a correcciones de sus planes iniciales. En el ostracismo del ex delantero del Valencia se adivinó un doble motivo. Al técnico le gustaría colocar a Messi de ‘falso 9’, más cerca de gol, con dos extremos abiertos a las bandas en busca de movilidad y velocidad. Pero, lógicamente, teniendo a Luis Suárez en la plantilla no va a desperdiciar su espíritu combativo como ariete, aunque la puntería le haya abandonado.

Alcácer, por lo tanto, aunque acabó la pasada temporada mucho mejor que cómo la comenzó, marcando en la final de Copa ante el Alavés para un total de ocho goles oficiales desde diciembre de 2016, era la tercera opción. Y saber eso desanima a cualquiera porque Suárez y Messi son de los que no se quieren perder ni un minuto. Pero Alcácer no se ha rendido, ha seguido trabajando en los entrenamientos y ha hecho el esfuerzo de adaptarse tácticamente a una posición poco frecuente para un ariete puro. Cuando nadie lo esperaba, irrumpió en la alineación de un partido de lujo y lo decidió con dos goles de oportunismo muy celebrados por Messi, quien sabe que necesita más socios para el gol por su bien y por el del Barça.

El acierto del goleador de Torrent tapó las carencias de un Barça que comenzó el partido a un gran nivel, pero que luego, tras el 1-0, incluso se dejó dominar por el Sevilla, algo impensable en un equipo tan controlador, por lo menos en la era reciente, como el azulgrana. El 1-1 parecía el castigo por el paso atrás, pero el 2-1 definitivo evidenció que a los de Valverde les falta brillo en el juego, pero tienen consistencia y carácter.

De momento, al técnico azulgrana no se le presiona demasiado por lo que parece una ofensa al ADN culé y a su filosofía de toque y posesión. Hasta los más románticos han entendido que no es el momento de criticar las victorias. «No vamos a pedir perdón por ganar», dijo Valverde. Se ha implantado un resultadismo realista desde el ‘schok’ que supuso el adiós de Neymar. Mientras el Barça siga ganando, se permitirá. Pero bien haría el ex entrenador del Athletic en no fiarse demasiado del entorno agazapado.

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