Fútbol

Primera División

Jornada 1

Correa y Oblak evitan el ridículo atlético

Correa marcó un gol y fue decisivo. /Afp
Correa marcó un gol y fue decisivo. / Afp

El argentino hizo creer a su equipo cuando perdía 2-0 y jugaba con diez -por la expulsión de Griezmann- y marcó un gol y provocó una falta que dio origen al segundo (2-2)

Javier Varela
JAVIER VARELAMadrid

El Atlético saltó a Montilivi ante el Girona, un recién ascendido, con la misma alineación que terminó la pasada campaña. Los mismos nombres en el césped y la misma dirección desde el banquillo, pero resultó ser una mala copia de los rojiblancos que vimos el año pasado. Esta vez no hubo ni intensidad, ni solidaridad, ni presión, ni seguridad defensiva, ni Griezmann, ni Saúl, ni Torres. Todos los ingredientes que suele aportar el equipo de Diego Simeone en los partidos los puso el Girona de Pablo Machín, que saltó al césped dispuesto a disfrutar y a hacer disfrutar de su debut en Primera.

La primera parte fue un ordeno y mando del Girona que marcó dos goles, rozó el tercero y tuvo maniatado al Atlético con su misma medicina, pero con mayor juego. El Girona, fiel a su estilo, buscaba la portería contraria con presión en la salida del balón rival, con su tradicional defensa de tres centrales y con las señas de identidad que le hicieron subir a Primera. Enfrente tenía a un rival que debió pensar que el Girona se iba a dejar ganar y que no puso nada. Ni juego, ni intensidad, ni movimientos con balón, ni, en algunos jugadores, actitud. Este Atlético nunca puede creerse mejor que el rival porque le acaban pintando la cara. Y así pasó.

Griezmann fue expulsado tras ver doble amarilla, una por simular un penalti y otra -presuntamente- por insultar al colegiado

Un centro lateral de Alex Granell lo cabeceó Stuani pegado al palo de Oblak para adelantar al Girona, entrar en la historia del equipo catalán y hacer justicia a los que se estaba viendo en el campo. Caras de circunstancias entre los atléticos y de alegría entre los gerundenses. Sin tiempo de reacción, los mismos protagonistas pusieron en evidencia a la defensa madrileña. Otra vez una pelota de Alex Granell y otro remate de cabeza de Stuani para poner el 2-0. El Girona, con el marcador a favor empezó a gustarse, empujado por una grada de Montolivi que se frotaba los ojos con lo que estaba sucediendo en el césped. La intención del Atlético con balón era nula. Mostraba una y otra vez falta de movilidad con balón y sin balón. En intensidad, el Girona era el Atlético y Jan Oblak -con una mano prodigiosa- evitó el tercero al borde del descanso.

Reacción tras el descanso

Algo tenía que cambiar en el Atlético si quería llevarse algo positivo de Montilivi. Una chilena de Antoine Griezmann heló la respiración de la afición del Girona, pero sólo fue un susto. Simeone movió ficha y cambió el sistema para cerrar con tres centrales y buscar más presencia en el centro del campo. La intención de disponer del balón e irse hacia adelante buscando la remontada. Griezmann echó por tierra el plan. El francés cayó en el área ante la salida de Iraizoz y el colegiado señaló penalti. Pero un segundo después, el árbitro rectificó para mostrar amarilla al galo e inmediatamente después ver la roja por, un más que probable, insulto. Mal el francés, que deberá reflexionar.

Ahí pareció morir el partido, pero Ángel Correa se resistió a perder, él puso todo para intentar la remontada. Un golazo del argentino echaba pimienta a un partido que parecía enterrado con la expulsión. El Atlético tocó a rebato y se jugó el todo por el todo. Mientras el Girona se quedaba sin pulmones. Vietto tuvo el empate, pero demostró que necesita tener muchas ocasiones para acertar con una. El que no falló en la primera que tuvo fue Josema Giménez. El central aprovechó una falta -que había provocado el propio Correa- botada por Koke para poner el empate. Así es el fútbol. Cuando los de Simeone recuperaron sus señas de identidad y metieron presión, intensidad, solidaridad y a Correa en el campo el partido mutó. Rozaron llevarse los tres puntos si bien Oblak tuvo tiempo de sacar otra mano salvadora en el descuento para hacer bueno un empate que bien podía haber acabado en ridículo.

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