Análisis

Un Real Madrid más mandón pero menos letal

Isco conduce la pelota ante Burgui. / David Aguilar (Efe)

Los blancos elevan su porcentaje de posesión respecto a la campaña pasada pero les falta tino arriba mientras sus ex Morata y Mariano se salen con Chelsea y Lyon

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Decía Fabio Capello durante su segunda etapa al frente del Real Madrid que el modelo futbolístico que practicaba el Barça, basado en la posesión de la pelota y el toque, era propio del «fútbol antiguo», preconizando la necesidad de que la escuadra de Chamartín optase por otra vía más directa hacia el gol a partir de la verticalidad. Esa fue, durante años, la hoja de ruta del conjunto blanco. Por muchos entrenadores de distinto pelaje que pasasen por Concha Espina, el cuadro capitalino siempre privilegió el vértigo sobre la pausa, optando por la guerra relámpago para ajusticiar al adversario. Contraposición de estilos que alcanzó su grado máximo durante la era Mourinho, siempre proclive a centrocampistas de poca querencia por la asociación y delanteros purasangre que acudiesen presurosos a la búsqueda de pelotas que muchas veces enviaban los defensas sin previo paso por la medular. Hasta que llegó Zinedine Zidane decidido a subvertir el orden establecido. Desde su aterrizaje en el banquillo, el galo ha inculcado a sus pupilos la necesidad de orquestar el fútbol desde el mediocampo, armando una plantilla rica en orfebres a los que encomienda la misión de adueñarse del esférico como fórmula ideal para desmontar al rival. Todo ha de cocerse en la sala de máquinas, cómo se encargó de recordar en el descanso de la final de Cardiff. Modric, Kroos, Casemiro e Isco regresaron de vestuarios con la lección interiorizada y dieron un recital que sirvió para pulverizar la pétrea defensa de la Juventus. El éxito de la 'duodécima' ha reforzado al francés en su plan, pero el inicio de Liga ha venido a recordarle que el dominio no siempre conduce a la victoria.

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Los seis primeros partidos han mostrado a un Real Madrid mucho más mandón que el pasado curso. El vigente campeón ha manejado la posesión en cinco de las seis jornadas disputadas hasta la fecha. Sólo la Real Sociedad le ha peleado el cuero a un equipo que promedia un 63,8% de posesión, con un pico del 68,4% frente al Levante que no le sirvió para llevarse los tres puntos. La temporada pasada, a estas alturas, registraba un 56,83%.

Para esconder la pelota al contrincante, Zidane no ha dudado en poblar el centro del campo de futbolistas combinativos, alcanzando el culmen de capacidad asociativa en Mendizorroza, donde juntó a Isco, Ceballos, Marco Asensio y Lucas Vázquez, protegiéndoles las espaldas con Casemiro y ubicando a Cristiano Ronaldo como único punta. La ausencia por sanción del luso durante las cinco primeras jornadas, la intermitencia de Bale y la lesión de Benzema le han permitido dibujar esa medular con cuatro e incluso cinco componentes que sus jugadores, bien de forma velada o abiertamente como Kroos, han defendido que favorece al equipo.

Paradoja

Pero el fútbol, siempre pródigo en paradojas, ha deparado la de que el Real Madrid de juego más preciosista no está logrando traducir el mando en goles, penalizado por una falta de tino insólita para artilleros tan certeros como Cristiano Ronaldo. Los blancos acumulan 117 remates a puerta en lo que va de Liga, a razón de 19,5 por choque. Son doce menos que la campaña pasada en las seis jornadas iniciales. Cuentan cuatro goles menos en su casillero, once frente a las quince de entonces. De los 8,6 remates que precisaron en el arranque del curso pasado para marcar han pasado a los 10,6 que necesitan ahora. El resultado son tres puntos menos que, sumados al impecable comienzo del Barça, han generado la sensación de que cualquier tropiezo más puede significar un prematuro adiós al campeonato.

La escasa efectividad tiene como protagonista más notorio a Cristiano Ronaldo, que no ha logrado estrenarse en Liga pese a llevar 20 disparos. Sólo Messi tira más que el portugués, pero el rosarino ha podido disputar los seis partidos en tanto que el luso ha visto constreñida su participación a dos. Benzema y Bale tampoco han estado finos, con dos goles para el galés y ninguno para el francés. Mientras sus figuras andan con la pólvora mojada, a Morata y Mariano, artífices de 24 tantos el pasado curso en el cómputo de todas las competiciones, se les caen los goles con sus nuevos equipos, lo que torna más sangrante la situación. Cinco tantos cuenta el delantero catalán con el Lyon. Seis ha firmado el madrileño en otros tantos partidos de Premier con el Chelsea, los tres últimos endosados al Stoke City el mismo día en que el Real Madrid lograba una esforzada victoria ante el Alavés.

Hizo caja el club presidido por Florentino Pérez con las ventas de Morata (80 millones de euros) y Mariano (8 millones). Para cubrir sus vacantes llegó sólo Borja Mayoral, repescado tras un año cedido al Wolfsburgo en el que únicamente selló dos dianas. Estaba convencido Zidane de que sería capaz de cerrar el boquete que abrían tamañas bajas con la aportación de los que se quedaron y la de los que llegaron. No ha sido así por el momento y, pese a que el fútbol no se ha resentido sí lo están haciendo los goles y, en consecuencia, los resultados, que al fin y al cabo son lo que cuenta. Zizou, pese a ello, se mantiene firme en su apuesta por el balón. «Tengo tantos jugadores extraordinarios que quiero que el equipo juegue bien. Busco la mejor manera de no correr, que es la de tener el balón y tener más posesión que el rival, incluso frente al Barça», dijo antes del choque contra el Levante. Los números no le alteran porque, como defendió tras ganar al Alavés, ahora es cuestión de aguantar ya que «vendrán días mejores».

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