Real Sociedad-Real Madrid

Illarramendi torea a su pasado

Asier Illarramendi pugna con Milos Jojic y Oliver Kirch por un balón / Getty

El centrocampista de Mutriku se mide al club en el que fracasó con el objetivo de ratificar su extraordinario comienzo de temporada

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Obligado a ganar para no seguir cediendo terreno respecto al Barça, el Real Madrid visitará el domingo Anoeta para enfrentarse a una Real Sociedad que viene de igualar el mejor comienzo liguero de su historia. Tres victorias en otros tantos partidos ha conseguido el conjunto de Eusebio, colíder y máximo goleador de lo que va de campeonato. Un pleno que el equipo txuri-urdin no lograba desde la campaña 1981-1982, en la que acabó alzándose con el título por segunda temporada consecutiva. Victorias, como la del jueves al Rosenborg, que han corrido parejas a un juego vistoso y alegre cimentado en su sala de máquinas, donde se han mantenido inamovibles Zurutuza, Xabi Prieto e Illarramendi.

Especialmente notable ha sido la contribución de este último al espectacular inicio de curso donostiarra, en el que ha lucido galones e incluso se ha destapado como goleador. El de Mutriku, que sólo había marcado dos tantos en los 132 partidos previos que había disputado con la Real Sociedad, firmó un doblete ante el Deportivo de La Coruña en Riazor la pasada jornada, el primero de su carrera profesional. Lleva las mismas dianas de Willian José, el ‘9’ de la escuadra, y sólo una menos que Juanmi, el otro puñal del equipo. Illarramendi sonríe como nunca precisamente ahora que se dispone a recibir como anfitrión al club que le reclutó con la esperanza de que se convirtiese en el relevo de Xabi Alonso y del que salió bajo el estigma del fracaso.

Illarramendi acudió a la presentación en Madrid con su cuadrilla de amigos de Mutriku.

Había sido uno de los más destacados de ‘La Rojita’ que se proclamó campeona de Europa en Israel bajo la tutela de Julen Lopetegui. Venía de despuntar también con esa Real Sociedad que acabó cuarta la Liga 2012-2013. Al Real Madrid, que cambiaba al convulso Mourinho por el pacífico Ancelotti, no le importó desembolsar 38,9 millones de euros para hacerse con sus servicios, convirtiéndole en la incorporación más cara protagonizada por un futbolista español en la historia de la entidad de Chamartín, honor que hasta entonces correspondía a Xabi Alonso. La idea era que la promesa cohabitase con el mariscal tolosarra, que éste ejerciese de tutor hasta que el alumno estuviese suficientemente capacitado para tener mando en plaza.

Marcado en Dortmund

Le pudo la responsabilidad. Ingresó en esa larga lista de futbolistas devorados por el Bernabéu. Illarramendi, que había cambiado su reposado pueblo por el vertiginoso ritmo de la capital, sufrió el escarnio del coliseo blanco. El mismo estadio al que había acudido ilusionado el día de su presentación acompañado de 31 amigos –“Están flipando con la dimensión todo esto. Venimos de un pueblo de 5.000 habitantes”, recordó en la sala de prensa-, se revolvía contra él. Se le exigía que fuese como Xabi Alonso, pero él era otra cosa, un tipo sencillo que sufría alejado de los suyos y del mar. Tenía nostalgia del hogar, la saudade que diría un portugués.

Disputó 49 partidos en su primera campaña con el Real Madrid, siendo el decimotercer futbolista en cuanto a número de minutos. Pero su destino como blanco quedó definitivamente sellado el 8 de abril de 2014. Acudió aquel día el conjunto de Ancelotti al Signal Iduna Park con una renta de tres goles conseguida en la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones. El cuadro germano precisaba de una proeza para apear al equipo español de su competición fetiche. Y a punto estuvo de materializarla. Mermada por la ausencia de Cristiano Ronaldo y penalizada por el penalti fallado por Di María al poco de comenzar el choque, la escuadra que un mes después se proclamaría campeona de Europa por décima vez en Lisboa coqueteó con el desastre.

Reus marcó por partida doble en la primera parte, en medio de un asedio que no hizo sino incrementarse con el paso de los minutos. El segundo tanto del teutón vino de una pérdida de balón de Illarramendi en la medular que posibilitó un disparo de Lewandowski rechazado por Casillas que fue a las botas del delantero germano. El de Mutriku estaba como un flan. Viendo que la eliminatoria peligraba, Ancelotti le retiró al inicio del segundo tiempo. La salida de Isco dio cierto aire pero las ocasiones del Dortmund seguían sucediéndose. Mkhitaryan tuvo las dos más claras. Una la detuvo el poste, la otra Casillas. Pero el auténtico salvador en la memoria del madridismo fue Casemiro. El brasileño suplió a Di María en el minuto 73 y contuvo el vendaval que había consumido a Illarramendi.

Regreso feliz

La vida de Casemiro cambió aquel día, como él mismo reconocería en una entrevista en el diario ‘Marca’. También lo hizo la de Illarramendi. Aguantaría aún otra campaña en Concha Espina, siempre en el ojo del huracán. Su presencia sobre el césped disminuyó a 1.718 minutos, el decimoquinto del plantel. El guipuzcoano se resistía a abandonar su sueño de triunfar en el Real Madrid, pese a que el Athletic pujó por él en el mercado invernal. La evidencia de que no contaba le hizo replantearse las cosas en el verano de 2015. Y cuando llegó la llamada de la Real Sociedad, aceptó. Regresaba a casa para reencontrarse con el club de su vida y con esos amigos y familiares a los que tanto había echado de menos en la capital. Allí las cosas se manejaban de otro modo; nada de recochineos por sus fotos toreando una vaquilla vestido de Batman.

De nuevo como txuri-urdin, Illarramendi volvió a ser feliz en el campo. Primero Moyes y luego Eusebio le confiaron el timón de la Real Sociedad. Dos campañas y tres partidos de la actual sirvieron para demostrar que ahí había un futbolista con mayúsculas.

Lopetegui, que ya le vio triunfar con la sub-21, le dio la alternativa en la absoluta, con la que se estrenó en el amistoso frente a Colombia del 7 de junio de este año. Se convirtió en el quinto debutante de la era del técnico vasco tras Asensio, Saúl, Aspas y Ander Herrera. Goza de la confianza del seleccionador y la baja de Busquets por la cartulina que el futbolista del Barça vio ante Liechtenstein le da buenas cartas para estar ante Albania el próximo 6 de octubre. Pero antes habrá de enfrentarse con su pasado.

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