ANÁLISIS

Sin Cristiano no hay paraíso

Cristiano Ronaldo. / Reuters

Zidane seguirá rotando y está seguro de que el Real Madrid recuperará su pegada con el regreso del portugués ante el Apoel en Champions

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKOMadrid

«No cambiaré. Creo en lo que hago y los jugadores también». Así de rotundo se expresó Zinedine Zidane cuando, tras el gatillazo del Real Madrid frente al Levante, se le cuestionó por su política de rotaciones. Entiende el técnico galo que por dos empates seguidos en casa no es cuestión de modificar el método que empleó con valentía y gran éxito el curso pasado al conquistar Liga y Champions, además del Mundial de Clubes y la Supercopa continental. Con una plantilla tan cualificada a su disposición, el preparador marsellés sostiene que la fórmula del éxito pasa por repartir minutos y responsabilidades para que todos se sientan importantes dentro del colectivo y lleguen frescos al tramo decisivo.

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«Debemos jugar mejor y ser más intensos, pero no hay que volverse locos sino tener paciencia, mejorar nuestra efectividad y pensar en el próximo partido», insistió Zidane, convencido, como casi todo el madridismo, de que el balance goleador «es muy corto», pero que todo cambiará cuando Cristiano Ronaldo cumpla sus cinco partidos de sanción, el próximo fin de semana en Anoeta. El portugués jugará el miércoles en Champions ante el Apoel chipriota y volverá en el torneo de la regularidad el día 20 contra el Betis en el Bernabéu.

Aunque el Real Madrid cosechÓ 13 victorias y un empate en los partidos que disputó sin Cristiano la pasada campaña, que comenzó con la conquista de la Supercopa de Europa ante el Sevilla y acabó con la goleada al Granada sin el luso, falta pegada cuando no está el ‘Balón de Oro’. Hasta 40 veces remataron a puerta los blancos en estos dos empates ligueros y seguramente con Ronaldo hubieran acertado más. Su carácter ganador y ambición sin límites se trasladan al grupo.

Existe una idea generalizada de que esta plantilla es incluso mejor que la pasada, pero en algunos puestos clave se advierten deficiencias. Si las ausencias de Sergio Ramos y Varane ante el Levante hicieron añorar a Pepe, frente al Valencia el madridismo echó de menos a Álvaro Morata tras la lesión de Karim Benzema. Borja Mayoral no estaba ni en el banquillo y habría que preguntarse para qué se ha quedado en el club en lugar de seguir forjándose en la Bundesliga o en otro gran campeonato.

Tras los largos viajes de sus jugadores por los partidos internacionales con sus selecciones, Zidane decidió no convocar a Keylor Navas y a Luka Modric y dar descanso a Casemiro y Gareth Bale, que entró sin calentar al romperse Benzema y fracasó como ariete porque es un jugador que precisa más espacios para explotar su velocidad y sorprender desde la segunda línea; sufre de espaldas al marco rival aunque por arriba lo remate casi todo. Marco Asensio puede ser un recurso en esa zona, pero tampoco una de esas soluciones de las que habló Zidane tras ceder un empate ante los granotas.

Experimento fallido

Erró Zidane en su experimento por la banda izquierda. Decidió juntar a sus dos laterales zurdos y ni Theo Hernández ni Marcelo completaron un buen partido. Sus funciones se solaparon, ya que ambos requieren más metros por delante para ser determinantes. Tanto intercambiar sus posiciones que al final les faltó efectividad y coordinación en sus movimientos. El brasileño acabó expulsado por una patada que le soltó al colombiano Lerma fruto de la impotencia. Si Competición entiende que fue una agresión, ya que el árbitro Hernández Hernández reflejó en el acta que el «balón no estaba a distancia de poder ser jugado», le podrían corresponder cuatro partidos de sanción. Una ausencia que se sumará a la de Benzema, en el dique seco entre un mes y seis semanas por una rotura de fibras.

Este mal inicio de Liga contrasta con las grandes sensaciones que dejó el Real Madrid tras conquistar este verano las Supercopas de Europa y España, competiciones que según el cuerpo técnico no les han pasado factura a los jugadores. Hace un año, el club blanco encadenó tres empates consecutivos en Liga –ante Villarreal y Eibar en casa (1-1 en ambos partidos) y el 2-2 en Las Palmas–. La diferencia es que antes de esos tropiezos el Real Madrid había hecho pleno de victorias frente a la Real Sociedad, Celta, Osasuna y Espanyol.

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