Fútbol

Buenos días papá, que diga, míster

Adrián González, durante su presentación como nuevo jugador del Málaga.
Adrián González, durante su presentación como nuevo jugador del Málaga. / Daniel Pérez (Efe)

Míchel dirigirá por tercera vez a su hijo Adrián en el Málaga, como ya hicieran otros ilustres de los banquillos

ÓSCAR BELLOTMadrid

Tras cuajar un curso pasado lleno de altibajos con dos técnicos destituidos y encontrar finalmente el rumbo de la mano de Míchel, el Málaga inició este miércoles la pretemporada de la campaña 2017-2018 con ilusiones renovadas y tres caras nuevas: el central Baysse, el delantero Borja Bastón y el centrocampista Adrián González. Este último, reclutado tras convertirse en uno de los puntales del sorprendente Eibar de José Luis Mendilíbar, vuelve a ponerse a las órdenes de su padre por tercera ocasión en su carrera como futbolista profesional, tras hacerlo primero en el filial del Real Madrid -coincidieron en la temporada 2006-2007, siendo uno de los más utilizados de un plantel en el que figuraban Granero, De la Red o Mata, entre otros, lo que ya provocó un runrún que no ayudaban a mitigar las bromas de su progenitor sobre la presión ejercida por la madre del joven para que le pusiera- y posteriormente en el Getafe.

Una experiencia, esta última, que no fue tan feliz como a ambos les hubiese gustado, al verse colocado el futbolista en la diana de una afición que acusaba al técnico de nepotismo. Míchel, que se había hecho cargo del banquillo azulón a finales de abril de 2009, se encontró ya en la plantilla con su hijo, al que el club madrileño había reclutado en verano de 2008. La coincidencia no sentó bien a la parroquia del Getafe, un sector de la cual convirtió al canterano del Real Madrid en objeto de silbidos que precipitaron su adiós. Completado el curso 2009-2010, Adrián ponía rumbo al Racing de Santander tras una agria polémica entre su padre y el presidente del Getafe, Ángel Torres. «Adrián fue despedido por ser mi hijo», reprochó el técnico, a lo que el mandatario replicó que él no respondía «a padres». «Él quiere ser futbolista pero tendrá que serlo en otro sitio», acabó asumiendo Míchel.

Tras su paso por el conjunto cántabro, el centrocampista militaría sin demasiado brillo en el Rayo Vallecano y el Elche, aterrizando en el Eibar en la temporada 2015-2016. Ahí sí sobresalió, especialmente en la última campaña, donde marcó siete goles en 26 partidos. Su desempeño convenció al Málaga que le reclutó a coste cero y le extendió un contrato por tres años. Su reto ahora será quitarse el sambenito de 'hijo de.' que ya persiguió a otros deportistas que tuvieron como entrenadores a sus padres en uno u otro momento de sus trayectorias.

Así sucedió, entre los casos más recientes, con Enzo Zidane, a quien su padre hizo debutar en el Castilla en el curso 2014-2015. Zinedine le dirigió en el filial del Real Madrid hasta que se hizo cargo del primer equipo en enero de 2016. Con su padre se estrenó también el centrocampista con los 'mayores' del conjunto blanco, en un partido de Copa del Rey ante la Cultural Leonesa en el que el primogénito del héroe de Glasgow tuvo el debut soñado al hacer una ruleta marca de la casa y firmar un gol tras suplir a Isco en la segunda parte. El técnico evitó personalizar. «Si me quito el traje de entrenador estaría contento como padre, pero aquí tengo que hablar como entrenador», puntualizó 'Zizou'. Ese deseo de que Enzo sea juzgado por méritos propio pesó en su reciente traspaso al Alavés, donde jugará las tras próximas campañas, aunque el Madrid cuenta con una opción de recompra.

Zinedine Zidane habla con su hijo Enzo antes del debut de este último con el Real Madrid. / JuanJo Martín (Efe)

Viajando hacia atrás en el tiempo aparecen otros preparadores que han debido compaginar su condición de padre con la de entrenador de su hijo. Así sucedió con Johan y Jordi Cruyff. La llegada del holandés al banquillo del Barcelona en 1988 se vio acompañada por la entrada de su retoño en la cantera azulgrana. Seis años después, Jordi debutaba con el primer equipo del Barça. Permaneció allí dos temporadas, siempre a la sombra de su ilustre progenitor. No logró quitarse la etiqueta de 'enchufado' y, tras la marcha del 'holandés volador', él también optó por salir del cuadro culé para fichar por el Manchester United.

Una losa que puede no ser tan pesada

Pertenecer a un linaje tan noble puede ser una auténtica losa para un joven futbolista, pero hay quien logra sobreponerse. Fue el caso de Paolo Maldini, hijo del mítico Cesare que jugó doce campañas en un Milan del que fue capitán y puntal y al que su hijo llegó dos décadas después de su retirada para superar con creces su enorme legado. A Paolo le hizo debutar Cesare con la selección italiana sub-21, lo que motivó las críticas. Volvieron a cruzarse en 2001, cuando Cesare se hizo cargo del banquillo de la escuadra rossonera.

Destacado fue el caso de los Clough. Brian, el padre, fue una leyenda de los banquillos en Inglaterra, conquistando dos Copas de Europa con el Nottingham Forest. Con ese equipo hizo debutar a su hijo en 1984, que marcaría 102 goles en 324 partidos con dicho equipo.

También entrenaron a sus hijos Henrik Larsson, antiguo delantero del Barça que tuteló a Jordan Larsson en el Helsinborg sueco; Bob Bradley, que convocó a su vástago Michael cuando éste tenía 17 años para su primer partido como seleccionador estadounidense; Meho Kodro, que encaminó a Kenan en la Real Sociedad B; o Danny Blind, que dirigió a Daley durante seis meses en el Ajax.

La complicada relación paterno-filial no alcanza sólo al fútbol, sino que toca también a otros deportes como el baloncesto, donde Glen 'Doc' Rivers dirige a Austin en Los Angeles Clippers.

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