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Las futboleras afganas toman las gradas

Aficionados afganos presencian en el encuentro entre Toofan Harirod y Simorgh Alborz/AFP
Aficionados afganos presencian en el encuentro entre Toofan Harirod y Simorgh Alborz / AFP

Dieciséis años después de que el Ejército estadounidense derrocara a los talibanes, las mujeres pueden animar a sus equipos e incluso jugar al fútbol, a veces, en las grandes ciudades

COLPISA / AFP

Con un discreto pañuelo rosa, sentada en las gradas del estadio de Kabul, Shiba Rahimi silba estridentemente para animar a su equipo, que se deja la piel en el campo, rodeada de decenas de mujeres y niñas que hacen lo mismo.

Mayores y jóvenes, se manifiestan ruidosamente en el sector reservado para ellas, disfrutando de una de las pocas ocasiones en que pueden divertirse en público en su país, cuya sociedad se inclina más bien porque se queden en casa. En el vecino Irán tienen incluso vetada la entrada a los estadios.

"Nadie molesta a las chicas ni las acosa aquí. Es un sitio divertido para las mujeres", indica Shiba Rahimi, una estudiante de 21 años, que ha asistido junto a su familia a un partido de la primera división afgana (APL) entre el Toofan Harirod de Herat (oeste) y el Simorgh Alborz de Mazar-i-Sharif (norte).

Niñas, adolescentes y abuelas, todas levantan los carteles rojos con la palabra "Goaaaaal!" y gritan el nombre de su equipo favorito. Algunas llevan velo integral y solo se ven sus ojos mientras se abren paso entre las filas, bajo la mirada de cientos de hombres, hasta la sección de las mujeres, al lado de la tribuna VIP.

Esto hubiera sido algo impensable bajo el régimen conservador y misógino de los talibanes, que confinaba a las mujeres en casa y les prohibía salir sin ir acompañadas de un varón, y siempre con burka. Fue en un estadio cercano, cuando el fútbol apenas estaba permitido, donde los islamistas, en el poder de 1996 a 2011, aprovechaban los descansos en los partidos para realizar ejecuciones públicas.

Dieciséis años después de que el ejército estadounidense derrocara a los talibanes, las mujeres pueden animar a sus equipos e incluso jugar al fútbol, a veces, en las grandes ciudades.

La práctica del fútbol, interrumpida por el terrorismo

Al principio, solo unas pocas se aventuraban en los estadios pero, poco a poco, el recuerdo de los años grises se fue borrando y en la televisión fueron apareciendo jugadoras, dando lugar a una mayor afluencia femenina en las gradas y en el césped, siempre y cuando sus padres y maridos lo autoricen. Esto representa un verdadero espacio de libertad, en comparación con otros regímenes islámicos como los de Irán o Arabia Saudí.

En las gradas de Kabul, Morsal Sadat es una de las que se han podido beneficiar de la nueva política: con 16 años se le autorizó a jugar y a ir a los partidos de su partido favorito."He venido a mirar y aprender algunos trucos de nuestros jugadores", explica a la AFP. Aunque el público sea mayoritariamente masculino entre los 6.500 asientos del estadio, las mujeres se dejan oír.

Afganistán ha dado varios pasos para promover el fútbol femenino, que cuenta incluso con una selección nacional desde hace tres años y su propio campeonato de primera división. Pero este año, la competición fue suspendida por falta de fondos.

La seguridad es una de las principales preocupaciones de los espectadores, pues las grandes concentraciones de gente suelen ser blanco de ataques.

El mes pasado, un kamikaze se inmoló a unos metros del estadio en el que se estaba jugando un partido de críquet, tras haber sido detectado por las fuerzas de seguridad. Tres personas perdieron la vida. Pero, en un país en el que las fiestas e incluso la vida diaria suelen verse interrumpidas por los atentados, las futboleras se niegan a tener miedo.

"La inseguridad está muy extendida en Afganistán, donde cada día tenemos una o dos explosiones... pero no nos dejamos intimidar, no podemos desechar un deporte que nos encanta", afirma Jatira Ahmadi, de 20 años.

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