Semifinales | Vuelta

Cuatro minutos de Coutinho valen más que André Gomes

Messi y Coutinho, tras el 0-1/EFE
Messi y Coutinho, tras el 0-1 / EFE

El brasileño apareció desde el banquillo para marcar su primer gol como azulgrana y sellar el pase a una nueva final copera del Barça, quinta consecutiva

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

«Suerte, suerte», decía Gerard Piqué en el pasamanos previo al pitido inicial a todos y cada uno de sus rivales. Forzó el central azulgrana, que en algunos acciones muy elásticas mostró su dolor, y tuvo que escuchar por parte de unos pocos los lamentables cánticos que se ha acostumbrado, por desgracia, a soportar en Cornellà. El recibimiento tampoco fue agradable para Jordi Alba, que escuchó pitidos desde el noveno segundo, momento en el que recibió la primera falta del partido.

El Valencia compareció agresivo pero de un modo inesperado, ya que Marcelino modificó su inamovible 1-4-4-2. Tiró de un plan que ya utilizó con el Villarreal y entonces ya hizo sufrir al Barça. Dejó tres en el centro del campo (Parejo pivote, Coquelin interior derecho y Kondogbia interior izquierdo), Rodrigo Moreno de mediapunta sobre Sergio Busquets con Simone Zaza junto a Luciano Vietto arriba.

Un sistema que concede las bandas pero busca evitar que le creen peligro por dentro. Se tuvo que sacrificar Rodrigo, pero fue el mejor en el arranque. Mucha movilidad, trabajo defensivo (una amarilla a destiempo por una patada a Messi) e incluso buenos remates, ya que tras anticiparse a Piqué, se topó con el larguero en un gran cabezazo.

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«Si se puede», entonó Mestalla, casi a modo de réplica al miedo que transmitía un Leo Messi enchufado. El argentino, que sólo modifica el ritmo en los instantes necesarios, transmitía que todo puede pasar cuando tocaba el balón. Messi se llevó un golpe de Jaume y segundos después Garay, en su intento por frenarle, le quitó la camiseta por arriba ante un Undiano Mallenco que no se enteró por estar mirando hacia otro lado. No daba crédito el argentino, en constante búsqueda de socios para disfrutar con la pelota.

Apenas queda rastro de aquel André Gomes que brilló como valencianista hace dos años y sus compañeros evitan darle la pelota

Entre ellos obvió a Andre Gomes, el que más corría de los 22 pero sin ningún criterio. Hizo un pase en horizontal directo al rival que desesperó al banquillo visitante. «¿Con quién juega?», se preguntaban algunos en Mestalla. Valverde, como antes Luis Enrique, debe de ver cosas distintas a todos, incluso a unos jugadores que evitan pasarle la bola a su compañero. El luso se justifica diciendo que no tiene confianza, aunque es el futbolista del banquillo culé que más oportunidades ha tenido. Apenas queda rastro de aquel jugador que brilló como valencianista hace dos años.

Messi, sin camiseta y un gran Busquets

Suerte para él fue tener a su lado a Busquets, que ofreció otro recital de cómo recuperar balones en campo contrario con esa presión tras pérdida tan habitual en él. En el descanso seguro que Jon Aspiazu, le contó a Valverde lo desastroso que estaba siendo el portugués y que el equipo, a pesar de dominar, estaba recibiendo llegadas con facilidad. Salió Coutinho y en tres minutos sentenció la eliminatoria. Se fue por potencia de Garay con dos balones (dentro-fuera) y puso la bola al segundo palo donde lanzándose de modo acrobático.

Rodrigo, lesionado y único que había obligado a Jasper Cillessen, se fue lesionado junto a un gris Coquelin. Entró Guedes junto a Carlos Soler, lo que aportó un arreón de casta el Valencia. Eso sí, el 0-2 parecía más probable. Primero con un posible penalti por mano de Montoya a disparo de Jordi Alba y más tarde con dos disparos consecutivos demasiado desviados de Rakitic. Al final, el croata acertó en un contragolpe que partió de una recuperación de Suárez ante Paulista.

Mestalla ovacionó a Iniesta, que dejó paso a Paulinho, antes de que Garay se fuera en camilla por una rotura fibrilar por Vezo. Valverde charló con Piqué para saber si podía seguir o hacía debutar a Yerry Mina. No parecía mal día para estrenarse. Antes, Jasper Cillessen dejó la parada de la noche al detener con un mano durísima sobre la línea un pelotazo a bocajarro de Soler. El holandés ha dado la talla en esta Copa y se merecerá disputar la final, como en el Vicente Calderón ante el Alavés.

21 de abril... en Madrid

Será la segunda final del holandés y la quinta consecutiva para el equipo culé. Ahora faltará por resolver el estadio de la cita del 21 de abril, aunque todo apunta a que está más que encarrilada la elección del Wanda Metropolitano (desvelada de modo informal por Koke) pese a lo dicho por la directiva del Sevilla. «Queremos la final en el Olímpico o en el Pizjuán. El Barça ya jugó una en el Camp Nou, por qué no nosotros», apuntó Pepe Castro con más ilusión que convencimiento.

Lo más previsible es que se juegue en el Wanda Metropolitano el sábado 21 de abril, que el Atlético se mida al Betis el 23 de abril lunes y los partidos de la jornada 34 (Sevilla-Real Madrid y FC Barcelona-Villarreal) serían el 9 de mayo

El presidente interino de la Federación Española, Juan Luis Larrea, dijo que «aún hay nada decidido» ya que una comisión se reunirá «el lunes (16 horas) porque el viernes me parece muy precipitado. Este año la final es antes pero tienen que reunirse para temas de entradas, seguridad. Seguro que se ponen de acuerdo», zanjó antes de negar que el estadio del Atlético se convierta en «sede fija» de la cita copera, que este año se disputará un sábado cuando se disputa la 34 jornada de Liga.

En principio, lo más normal es que se retrasen los partidos (Sevilla-Real Madrid y FC Barcelona-Villarreal) al 9 de mayo, un miércoles entre la jornada 36 y la 37, y que el Atlético-Betis se dispute el lunes 48 horas después que la final.

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