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'Rafa, no me jodas'

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Rafa Guerrero, durante su entrevista con leonoticias. / Peio García

  • Dos décadas después, en el aniversario de aquel Zaragoza-Barcelona que cambió su vida personal y profesional, Rafa Guerrero revive en leonoticias el instante que marcó su vida | «Lo volvería a hacer, volvería a equivocarme. No quiero equivocarme, pero me equivoco cada día. Quiero tener el derecho de ser humano»

[29-9-1996. Zaragoza-FC Barcelona (3-5). La Romareda. 34.000 espectadores. En el minuto 66 de partido (3-2) el asistente Rafa Guerrero detiene el partido para advertir al colegiado de un penalti (a favor del Barcelona) y expulsión (del jugador número 6 local). Fue un error].

-Rafa: «¡Penalti y expulsión!».

-Mejuto: «Vaya joder Rafa, me cago en mi madre. ¿Expulsión de quién?».

-Rafa: «Del número seis (Aguado). Le da un golpe en la cabeza por detrás claramente a Couto. Claramente le da un golpe en la cabeza por detrás con la mano».

-Mejuto: «¿Qué número?».

-Rafa: «El número seis. Pregunta a Camblor (otro asistente) por si ha visto algo. Para mí es el seis».

-Mejuto: «¿Es expulsión y penalti?»

–Rafa: «Sí, sí».

A Rafa Guerrero aún le brillan los ojos cuando recuerda aquellos instantes. Dos décadas después de que su vida girara a la misma velocidad con la que levantaba su banderín de árbitro asistente, Rafa admite que su apellido pasó a ser desde aquel día 'No me jodas', la expresión del árbitro principal del encuentro ante la determinación de su auxiliar en reclamar un penalti y una expulsión.

Sólo el propio fútbol y su magia ha compensado los sinsabores de entonces. Aquellas semanas, las posteriores a un error sideral, se vieron acompañadas de lágrimas y desilusiones, de una agobiante sensación de fracaso personal y profesional. Incluso este colegiado leonés de fama internacional llegó a redactar una carta de dimisión no cursada en el último instante.

«Habría sido un error renunciar a todo pero hubo instantes en los que tuve la sensación personal de haber matado a alguien», asegura hoy.

Aquel día a Rafa Guerrero se le fue una parte de su vida y lo hizo con la misma velocidad con la que entraba en un nuevo mundo, más mediático, cargado de focos, pero al mismo tiempo plagado de aprendizajes. «No me arrepiento», sentencia.

Rafa, hijo de un entrenador y de la presidenta de un equipo de fútbol femenino, fue árbitro por casualidad, casi por obsesión. «Quería saber lo que se siente», advierte a leonoticias mientras recuerda lo sucedido en La Romareda. Y ciertamente aprendió en primera persona todo lo que puede sentir un colegiado.

Había expulsado a su padre en un partido y se había prometido a sí mismo que siempre obraría en conciencia. Nunca dejó de cumplir con esa máxima, aunque ello supusiera errar ante más de 34.000 espectadores.

«Siempre habrá un antes y un después de aquel día en La Romareda. Muchos días viene a mi cabeza aquel momento. Marcó tanto en lo profesional y en lo personal que siempre me acompañará», recuerda Rafa Guerrero.

Pisando el césped de Puente Castro, el mismo que le vio debutar como colegiado, Rafa admite que aquel Zaragoza-Barcelona le marcó tanto que incluso le cambió «el apellido. Tuve que jugar con el destino, que tutear con el azar y aceptar que 'Rafa no me jodas' no era algo despectivo sino algo de fútbol, pasé de ser Rafa Guerrero a ser Rafa 'no me jodas'».

El tiempo ha aliviado aquellos días, especialmente los primeros tras el incidente. Todo fue un volcán. La prensa, los aficionados, nada era normal, ni tan siquiera podía ir a su trabajo. Todo lo conocido se vino abajo. «Hubo que construir un mundo nuevo», añade.

Y en ese mundo nuevo conclusiones que se valoran con la distancia: «El paso del tiempo ha supuesto enseñar que la vida tiene unos momentos que tenemos que apreciar y valorar. Lo que en un primer momento fue negro, oscuro, un callejón sin salida, una desesperación absoluta y un pensar yo me marcho, yo aquí no pinto nada porque aquí parece que he matado a alguien, pues pasar de ese extremo a dar gracias porque aprendí del error».

«Cuando has conocido lo que es fracasar por equivocarte y darlo todo de tí pero no servir de nada, a partir de ahí todo ha sido un camino más llevadero, especialmente sabiendo que el error existe y que todos somos humanos. Eso es lo que aprendí en aquella banda», añade.

En apenas cinco minutos su vida pasó del blanco al negro. «Hubo un cambio en lo personal. Fue un cambio muy grande, hasta tal punto de saber que estabas durmiendo con tu enemigo. La vida en ocasiones supera a las películas y realmente quien creías que estaba no estaba y quien creías que te apoyaba en realidad no era así», sentencia.

Salvar la situación fue fruto de un entorno que supo estar a la altura, que jamás le dejó caer al abismo: «Te apoyas mucho en la familia y en los amigos más próximos. Cuando todo era tempestad ellos tenían una palabra de aliento. Redacté una carta para dejarlo todo y marcharme a mi casa. No la envié por toda la gente que estaba a mi lado. No entendía aquello pero por no fallar a la gente seguí adelante».

Y añade: «Me sentí perseguido dentro y fuera del terreno de juego. Conocí muchas horas de habitación porque aprendí a leer. La lectura me aisló de muchas cosas y me enseñó a viajar con mi mente a muchos lugares. Me emociona brindar todos los éxitos deportivos que con el tiempo llegaron a esas personas que confiaron en mí cuando lo más fácil era echarme a los leones».

El nacimiento del nuevo 'Rafa' conllevó una parte mediática. Participó en un anuncio publicitario para Renault, en el que una furgoneta de dicha marca dejaba al colegiado en pleno bosque para que éste “no estropeara las mejores jugadas”. Puede además presumir de que exista una película ('Salir pitando'), cuyo personaje principal está inspirado en su persona. «Fui un producto de la casualidad, creado por el fútbol, no estaba en mis planes ser mediático», matiza el árbitro asistente.

Rafa se reconoce herencia de una realidad que rodea al propio fútbol, la de los medios de comunicación: «Me hicieron mediático, yo nunca lo quise ser. El propio fútbol y los medios me hicieron mediático. Cuando en el 2008 todo se acaba, cuando Raúl se acerca y te dice 'te echaremos de menos', cuando todo eso pasa dices... ha merecido la pena y a partir de ahí tengo que dar las gracias a A3 Media, a Marca y a una persona, a Josep Pedrerol, que me hizo la primera entrevista entonces y siempre ha apostado por mi persona siendo exigente como él es».

Eso sí insiste en que él no es árbitro de nacimiento. «Nadie nace para ser árbitro. Lo que te gusta es el fútbol y el árbitro es una persona incomprendida. En el colegio nadie quiere ser ni portero ni árbitros. Quería conocer lo que se sentía por dentro, por eso me hice árbitro», añade.

Fue árbitro, es árbitro y «lo seguiré siendo hasta que me muera. La vida se ve de otra manera siendo árbitro». ¿Y si volviera a aquel día, a aquel instante, a aquella banda? Rafa no lo duda: «Volvería a hacer lo mismo. Me volvería a equivocar. No quiero equivocarme, pero me equivoco cada día. Quiero tener el derecho de ser humano y de equivocarme. Un ser humano perfecto lo odiaría. Como dijo Gabriel García Márquez 'la vida no es la que uno vivió sino cómo la vivió para contarla'».

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