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La envidia ya no mira al sur

Resulta complicado entender cómo ha vivido el fútbol tantos años sin un derbi dificilmente igualable en morbo y expectativas como el Cultural-Real Valladolid

nacho barrio
NACHO BARRIOLeón

Durante la semana, Rodri Ríos tuvo una duda que muchos guardábamos en silencio. El andaluz (que pese a nacer en Soria es puramente sevillano) se preguntaba por cómo sería el derbi entre la Cultural y el Real Valladolid, con ese acento que tan exótico nos parece a los del norte de Despeñaperros.

Las comparaciones, aunque odiosas, le servían a Rodri de referencia. Tocaba ver si lo que iba a vivir el Reino se iba a parecer en algo a un Sevilla-Betis (los suyos por delante, claro). Y es curioso. En esta comunidad, que tan grande es en hectáreas, nos cuesta encontrar puntos para encontrarnos. Sea por esos grandes espacios que nos separan, porque tampoco somos muy de juntarnos aquí o porque lo llevamos en el ADN, lo cierto es que echamos de menos esas citas de referencia en las que sentir que, nos guste más o menos, ocupamos todos la misma franja norte del país, aunque sea eso lo único que nos una. Bueno, y lo de mantener a flote la industria del abrigo año a año, claro.

Pero como sea, lo cierto es que hasta el propio Rodri Ríos vivió en primera persona (fallar un penalti y desquitarse en el mismo partido no se narra frecuentemente) lo que debe ser un derbi que fue a su vez monumento al fútbol y a la vez locura. Una locura que los de por aquí no solemos permitirnos habitualmente pero que cuando la disfrutamos, nadie nos iguala.

Lo del domingo, por ser nuevo, fue otra cosa. Fue el ir por delante, el que te empaten, el que te adelanten y el que acabes igualando. Fue el derbi del que hemos sido huérfanos y en el que incluso los que no son ni pucelanos ni leoneses se vieron involucrados. Créame.

El morbo lo traía la dicotomía. Castilla contra León, centralismo contra periferia, Toni volviendo a la que fue su casa y de la Barrera ante el equipo al que algún día entrenó. Noventa minutos para dar rienda suelta a esa disputa que nos da ‘vidilla’ y que tantas conversaciones de bar nos rellena (porque seamos sinceros, hasta el momento, esto no pasa del corto con tapina).

Por alineación de los planetas o por esas casualidades de la vida, los vecinos del norte también volvían a vivir su derbi entre carballones y gijonudos muchos años después firmando a medias un empate para el recuerdo.

Pero volviendo a la ribera del Bernesga, qué alegría ver el Reino a reventar. Qué alegría esa tensión. Qué alegría que la víspera de mucho fuera día de mucho más. Qué alegría que en esta tierra, tan huérfana de encuentros, nos sentáramos frente al césped para ver algo diferente. Eso sí, que las próximas, si cabe, sean más arriba todavía. Pero firmando la misma épica.

Y ojalá esto muchas veces al año. Que los de Salamanca armen años después algo grande, que los pequeños alguna vez se cuelen por sorpresa y que busquemos excusas en el fútbol para quitarnos mucho lastre.

Que sí, que nosotros somos nosotros y ellos son ellos. Pero qué quiere que le diga. Si lo nuestro no fue mejor que un Sevilla-Betis de los de Rodri, que nos quiten lo bailao.

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