Conmoción en el pelotón

La muerte de Goolaerts pone el foco en el seguimiento médico a los ciclistas

Michael Goolaerts, tendido sobre el asfalto tras sufrir la parada cardíaca. /David Stockman (Afp)
Michael Goolaerts, tendido sobre el asfalto tras sufrir la parada cardíaca. / David Stockman (Afp)

La UCI impone controles anuales con el fin de detectar eventuales anomalías cardíacas, pero los especialistas exigen un cambio en la normativa

COLPISA / AFPPARÍS

Aunque el seguimiento cardiológico no es garantía al 100%, los ciclistas se someten a exámenes regulares, una obligación que sale a la luz tras la muerte del belga Michael Goolaerts, víctima de una parada cardíaca el domingo durante el transcurso de la París-Roubaix, en un hospital de Lille.

En su reglamento, la Unión Ciclista Internacional (UCI) impone controles anuales con el fin de detectar eventuales anomalías cardíacas, pero los especialistas exigen un cambio de esa normativa para que la decisión de declarar «no apto» para competir a un ciclista al que se le detecta un problema la tome una autoridad exterior en lugar del médico del equipo como hasta ahora.

«Existe un reglamento médico UCI actualmente en vigor que impone un seguimiento biológico y cardiológico a los equipos», explica a la AFP el francés Armand Mégret, miembro de la comisión médica de la UCI. «Las obligaciones a respetar a nivel de la UCI son una prueba anual de esfuerzo cardiológico máximo en vistas a obtener el certificado de ausencia de contraindicación y una ecografía cardíaca cada dos años. Para los corredores de alto nivel», precisa Jacky Maillot, médico del equipo Groupama-FDJ.

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Pese a todo, a veces ocurre que ciertas anomalías cardíacas no son detectadas con estas pruebas. «Los exámenes no son nunca seguros al 100%. Incluso al mejor cardiólogo del mundo que mande practicar todos los exámenes a disposición -eco del corazón, electrocardiograma- podría escapársele una patología», estima el doctor Kris Van der Mieren, miembro de la comisión médica de la Federación Belga de Ciclismo, a la AFP. «Lo que es seguro, es que todos tienen un seguimiento muy eficaz», añade.

Precedentes

Los ciclistas belgas han sido particularmente afectados en estos últimos años por varios casos de fallecimientos por crisis cardíacas. Así, dos años antes de Goolaerts, Daan Myngheer, que no había cumplido aún los 23 años, sufrió un infarto en carrera, durante el Critérium Internacional.

En 2009, Frederiek Nolf, de 21 años, fue hallado muerto en su habitación de hotel durante la Vuelta a Catar. El suceso recordaba al del joven francés Fabrice Salanson, que también fue encontrado sin vida tras sufrir una crisis cardíaca mientras dormía coincidiendo con la Vuelta a Alemania de 2003.

En caso de detectarse una anomalía cardíaca, el reglamento médico de la UCI estipula que «cualquier decisión de contraindicación se hace a través del médico del equipo», explica Mégret.

A comienzos de 2016, al belga Johan Vansummeren, de 35 años, le apartan de la práctica deportiva tras detectársele unos problemas cardíacos en el equipo AG2R-La Mondiale, en el que había corrido dos años tras fichar del Garmin. El vencedor de la París-Roubaix de 2011 tiene que poner fin a su carrera unas semanas después.

«Tal como ocurre en la medicina laboral, tiene que ser una autoridad exterior al equipo quien determine los exámenes a hacerse y quien aplique las decisiones tomadas por expertos cuando se detecten anomalías», pide el doctor Mégret. «Nuestro deseo es detectar los posibles riesgos, los exámenes a realizar para descubrirlos y una vez detectada la anomalía, qué medidas de prevención y de protección se toman y como podemos integrarlo en el reglamento para que sea aplicado rápidamente», añade.

Desde 2004, en Francia es un médico exterior al equipo el que declara 'inapto' para correr a un ciclista al que se le detecta un problema cardíaco. Esa decisión puede ser temporal, por un periodo de seis meses a un año, o definitiva.

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